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[Libia / Washington, Estados Unidos] [El año pasado el gobierno de Obama autorizó en secreto la entrega de armas, desde Qatar, a los rebeldes libios, aunque más tarde funcionarios estadounidenses dieron la voz de alarma cuando reunieron evidencias de que Qatar estaba entregando parte del armamento a militantes fundamentalistas, de acuerdo a funcionarios de Estados Unidos y diplomáticos extranjeros.]

[James Risen, Mark Mazzetti y Michael S. Schmidt] No hay evidencias que vinculen las armas proporcionadas por los qataríes durante la rebelión contra el gobierno del coronel Moamar al-Gadafi con el ataque que terminó con la vida de cuatro estadounidenses en la residencia diplomática de Estados Unidos en Bengasi, Libia, en septiembre de este año.
Pero en los meses previos, el gobierno de Obama ha estado claramente preocupado de su mano oculta en la ayuda prestada a los paramilitares libios, preocupaciones que no habían sido comunicadas previamente. Las armas y el dinero desde Qatar fortalecieron a las organizaciones fundamentalistas en Libia, permitiendo que se convirtiera en una fuerza desestabilizadora desde la caída del gobierno de Gadafi.
La experiencia en Libia ha adquirido mayor urgencia ahora que el gobierno considera la posibilidad de jugar un papel más directo para armar a los rebeldes en Siria, donde las armas para la oposición armada fluyen desde Qatar y otros países.
De acuerdo a actuales y pasados funcionarios de gobierno, aunque no lo alentó, inicialmente el gobierno de Obama no puso objeciones cuando Qatar empezó a enviar armas a los grupos de oposición en Siria. Pero dijeron que Estados Unidos estaba crecientemente preocupado de que, como en Libia, los qataríes estuvieran armando a las milicias equivocadas.
Estados Unidos, que sólo tenía un pequeño número de agentes de la CIA en Libia durante la rebelión, no controló la entrega de armas. Pero semanas después de que respaldara el plan de Qatar para armar a los rebeldes en la primavera de 2011, la Casa Blanca empezó a recibir informes de que las armas las estaban recibiendo organizaciones militantes islámicas que eran “más antidemocráticas, más extremistas, más cercanas a la versión más fanática del islam” que la principal alianza rebelde en Libia, dijo un ex funcionario del Ministerio de Defensa.
La ayuda de Qatar a los combatientes considerados hostiles por Estados Unidos demuestra los persistentes problemas del gobierno de Obama en su relación con las rebeliones de la Primavera Árabe, en momentos en que trata de apoyar los movimientos de protesta popular y evitar embrollos militares de Estados Unidos. La utilización de sus aliados permite que Estados Unidos se mantenga alejado de las operaciones, pero también implica que estas se puedan desarrollar de modos que contradicen los intereses estadounidenses.
“Para hacerlo bien, debes contar agentes en el terreno, y debes tener experiencia”, dijo Vali Nasr, ex asesor del Departamento de Estado que ahora es decano de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados Paul H. Nitze, de la Universidad John Hopkins. “Si dependes de un país que carece de esas cosas, realmente estás volando a ciegas. Cuando dependes de intermediarios, pierdes el control”.
Dijo que Qatar no habría organizado el envío de armas si Estados Unidos se hubiese opuesto, pero actuales y pasados funcionarios de gobierno dijeron que Washington a veces tenía poca influencia en los funcionarios qataríes. “Marchan a su propio ritmo”, dijo un ex alto funcionario del Departamento de Estado. La Casa Blanca y el Departamento de Estado se negaron a hacer comentarios.
Durante los primeros y frenéticos meses de la rebelión libia, varios participantes motivados políticamente o intereses económicos –entre ellos un traficante de armas estadounidense que propuso ventas de armas en contactos por email con un emisario de Estados Unidos asesinado más tarde en Bengasi- trataron de ayudar a los que estaban tratando de derrocar al coronel Gadafi.
Pero después de que la Casa Blanca decidiera alentar a Qatar –y en menor medida a los Emiratos Árabes Unidos- a enviar armas a los libios, en abril de 2012 el presidente Obama se quejó ante el emir de Qatar de que su país no estaba coordinando sus actividades en Libia con Estados Unidos, dijeron funcionarios estadounidenses. “El presidente enfatizó al emir que necesitábamos transparencia sobre lo que estaba haciendo Qatar en Libia”, dijo un ex alto funcionario de gobierno que fue informado sobre el asunto.
Casi al mismo tiempo, Mahmoud Jibril, entonces primer ministro del gobierno de transición libio, expresó frustración ante funcionarios de gobierno por el hecho de que Estados Unidos estaba permitiendo que Qatar armara a grupos extremistas que se oponían al nuevo gobierno, de acuerdo a varios funcionarios estadounidenses. Ellos, como casi una docena de actuales y pasados funcionarios de la Casa Blanca y funcionarios diplomáticos, de la inteligencia y militares y funcionarios extranjeros, sólo hablaron para este artículo a condición de que se conservara su anonimato.
El gobierno no ha logrado determinar dónde fueron a parar las armas, que fueron pagadas por Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, en Libia, dijeron los funcionarios. Se cree que Qatar envió por aire y mar armas pequeñas, incluyendo ametralladoras, rifles automáticos y municiones, por las que ha exigido que el nuevo gobierno libio las pague. Desde entonces algunas de las armas han pasado de Libia a manos de militantes con vínculos con al Qaeda en Mali, donde facciones fundamentalistas radicales han impuesto la ley sharia en el norte del país, explicó el ex funcionario del Ministerio de Defensa. Otras han sido enviadas a Siria, según varios funcionarios estadounidenses y extranjeros y traficantes de armas.
Aunque la OTAN proporcionó apoyo aéreo que demostró ser crucial para los paramilitares libios, el gobierno de Obama quiso evitar su participación en una guerra terrestre, que los funcionarios temían que pudiera empujar a Estados Unidos a implicarse en otro atolladero en Oriente Medio.
Como resultado, la Casa Blanca ha descansado en gran parte en Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, dos pequeños países del Golfo Pérsico y frecuentes aliados de Estados Unidos. Qatar, un diminuto país cuyas reservas de gas natural lo convirtieron en enormemente rico, ha estado tratando durante años de expandir su influencia en el mundo árabe. Desde 2011, cuando se inició el sitio de varias dictaduras en Oriente Medio y el norte de África, Qatar ha entregado armas y fondos a varios grupos de oposición y extremistas, principalmente organizaciones islámicas suníes, con la esperanza de consolidar alianzas con los nuevos gobiernos. Funcionarios de Qatar y los emiratos no quisieron hacer comentarios.
Después de tratar el asunto entre miembros del Consejo Nacional de Seguridad, el gobierno de Obama respaldó las entregas de armas de ambos países, de acuerdo a dos ex funcionarios de gobierno al tanto de las negociaciones.
Funcionarios estadounidenses dicen que los Emiratos Árabes Unidos aproximaron primero al gobierno de Obama durante los primeros meses de la rebelión libia, pidiendo permiso para enviar armas fabricadas en Estados Unidos que habían sido vendidas a los emiratos. El gobierno rechazó esa petición, y en lugar de eso instó a los emiratos a enviar armas a Libia que no pudiesen ser vinculadas con Estados Unidos.
“Los Emiratos Árabes Unidos están pidiendo autorización para enviar armas”, explicó un ex funcionario. “Les dijimos que autorizaríamos que enviaran otras armas”.
Por su parte, Qatar entregó armas hechas fuera de Estados Unidos, incluyendo armas rusas y francesas, de acuerdo a personas familiarizadas con los envíos.
Pero el apoyo estadounidense al envío de armas desde Qatar y los emiratos no pudo ocultarse completamente. Fuerzas aéreas y marítimas de la OTAN en los alrededores de Libia tenían que ser advertidas para que no interceptaran a los aviones de carga y cargueros con armas que llevaban armas a Libia desde Qatar y los emiratos, dijeron funcionarios estadounidenses.
Pronto Washington empezó a preocuparse por las organizaciones que estaba apoyando Qatar, dijeron los funcionarios. Un debate sobre qué hacer con los envíos de armas dominó al menos una reunión del llamado Comité de Subdirectores, la comisión formada por los subdirectores de varias de las principales agencias de la seguridad nacional. “Existía el temor de que las armas de Qatar terminaran en manos de grupos islámicos terroristas”, recordó un funcionario.
Los qataríes proporcionaron armas, dinero y entrenamiento a varias organizaciones rebeldes en Libia. Una milicia que recibió ayuda estaba controlada por Adel Hakim Belhaj, entonces líder del Grupo de Combate Islámico Libio, que fue detenido por la CIA en 2004 y ahora es considerado como un político moderado en Libia. No se sabe cuáles otros militantes recibieron ayuda.
“Nadie sabe exactamente quiénes eran”, dijo el ex funcionario del Ministerio de Defensa. Los qataríes, agregó el funcionario, son “supuestamente buenos aliados, pero los islámicos a los que apoyan no forman parte de nuestros intereses”.
No existen evidencias de que las armas llegaran a manos de Ansar al-Sharia, un grupo terrorista al que se responsabiliza del ataque en Bengasi.
El caso de Marc Turi, el traficante de armas norteamericano que trató de vender armas en Libia, explica otros retos para Estados Unidos en Libia. Un traficante que vive en Arizona y en Abu Dhabi en los Emiratos Árabes Unidos, Turi vende armas pequeñas a compradores en Oriente Medio y África, ofreciendo principalmente armas de diseño ruso en Europa del Este.
En marzo de 2011, cuando la guerra civil en Libia se intensificaba, Turi se dio cuenta de que Libia también podía ser un mercado lucrativo y pidió permiso al Departamento de Estado para vender armas a los paramilitares de ese país, de acuerdo a emails y otros documentos proporcionados por él. (Los ciudadanos estadounidenses deben contar con la aprobación de Estados Unidos para vender armas en el mercado internacional).
También escribió a J. Christopher Stevens, entonces enviado especial ante la coalición paramilitar libia. El diplomático dijo que “compartiría” la propuesta de Turi con sus colegas en Washington, de acuerdo a emails proporcionados por Turi. Stevens, que se convirtió en embajador de Estados Unidos en Libia, fue uno de los cuatro estadounidenses que murieron en el ataque del 11 de septiembre de 2012 en Bengasi.
La solicitud de Turi fue rechazada a fines de marzo de 2011. Impertérrito, volvió a solicitar, diciendo esta vez solo que pensaba enviar armas por un valor de más de doscientos millones de dólares a Qatar. En mayo de 2011, su solicitud fue aprobada. Turi, en una entrevista, dijo que su intención era enviar armas a Qatar y que “lo que los gobiernos de Estados Unidos y Qatar decidieran qué hacer con las armas” era algo entre ellos.
Dos meses después, sin embargo, su casa cerca de Phoenix, fue allanada por agentes del Ministerio de Seguridad Interior. Funcionarios de gobierno dicen que sigue bajo investigación en relación con las armas que vende. El Ministerio de Justicia declinó hacer comentarios.
Turi dijo que creía que los funcionarios de Estados Unidos habían anulado su permiso para vender armas porque se había convertido en un obstáculo para las relaciones entre el gobierno de Obama y Qatar. Se quejó de que los qataríes no controlaran quiénes recibían las armas. “Las repartían como si fueran caramelos”, dijo.
[David D. Kirkpatrick y Kareem Fahim contribuyeron al reportaje desde el Cairo.]
15 de diciembre de 2012
6 de diciembre de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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