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[Salt Lake City, Utah, Estados Unidos] [Cazadores de Utah critican aproximación mercantil a los permisos y la conservación. Este año se otorgarán a rancheros 3.209 permisos para cazar venados, antes, alces o antílopes americanos, cerca del dos por ciento de los 142 mil permisos disponibles para todo tipo de gamo. Privatizan cada vez más lo que consideran el derecho a matar.]

[Felicity Barringer] Todd Huntington, dentista de una pequeña ciudad en el centro de Utah, se considera a sí mismo con suerte. Después de dos años de fracasos a la hora de conseguir un permiso de caza a través del sorteo aleatorio del estado, obtuvo finalmente, por 35 dólares, un permiso del estado para cazar un venado macho.
Una vez que estuvo en los bosques de abetos y álamos en la meseta de Wasath este otoño, se topó con un venado, apuntó con su rifle y jaló el gatillo. No pasó nada. Cuando el venado huía, el doctor Huntington miró su arma y se preguntó si volvería a tener otra oportunidad como esa. “Cuando era adolescente, cualquiera podía comprar un permiso en la ferretería como si nada”, dijo. “Ahora tienes que ser versado en fauna silvestre para superar todos reglamentos y poder finalmente solicitar un permiso”.
Lo que le fastidia especialmente –a él y a otros cazadores- es que los que tienen medios pueden comprar permisos públicos a través de canales privados, pagando miles de dólares para avanzar hacia el primer puesto de la cola. Más que en cualquier otro estado en el Oeste, Utah ha ampliado las oportunidades de caza para gente con dinero y empezado a reducirlas para los que solicitan los permisos directamente al estado.
Los administradores de la fauna silvestre del estado están conscientes de la situación, pero dicen que sus motivos se basan en el bienestar animal, si no social. Utah ha adoptado un modelo de libre mercado como un modo de recaudar dinero para la conservación.
Así es como trabaja: el estado ha seducido a los rancheros con un reparto de vales para conseguir lucrativos permisos de caza que pueden vender por miles de dólares como parte de actividades de cacerías privadas en sus propiedades. Muchos se quejaron amargamente ante funcionarios del estado de que el ante y otros animales se estaban comiendo el forraje que estaba destinado al ganado.
Los vales para conseguir permisos de caza, que se están repartiendo desde hace diez años, les dan un amplio incentivo económico para alimentar al gamo mayor en sus propiedades y no frustrarse con la ganadería y vender sus tierras a agentes de bienes raíces.
Otro programa, más pequeño en alcance pero mucho más polémico, permite que organizaciones privadas sin fines de lucro subasten algunos cientos de permisos al mejor postor o gestionen sus propios permisos a cambio de apoyo para sus proyectos de conservación. Administradores de la vida silvestre del estado dicen que con especies como el ante, el sistema está produciendo más presas de caza para todos.
“Queremos tener toda la fauna silvestre que podamos”, dijo Greg Sheehan, director de la División de Recursos de Fauna Silvestre del estado. “La cuestión es cómo hacerlo”.
Este nuevo enfoque, dicen algunos, viola una centenaria ética estadounidense formulada por Thedore Roosevelt, él mismo un ávido cazador, de que la fauna silvestre nos pertenece a todos, y no solamente a los que tienen tierras o son ricos.
“Definitivamente el dinero se ha infiltrado en nuestro sistema de caza”, dijo David Allen, presidente de la Fundación del Alce de las Montañas Rocosas [Rocky Mountain Elk Foundation], con sede en Montana. “Parte del sistema es totalmente ético y legal e intachable. ¿Pero es todo el sistema bueno? Quizá, quizá no”.
Por más profundamente que se haya enraizado el nuevo sistema en Utah, los intentos de darlo en concesión en el Oeste han flaqueado. Estados como Alaska, Arizona e Idaho han rechazado las grandes subastas.
Randy Newberg, de Bozeman, Montana, cuyo programa sobre la caza en la televisión por cable, ‘On Your Own Adventures’, es distribuido por el Sportsman Channel, rechazó como injusto el enfoque de Utah. “Una persona puede comprar su posición para llegar a la cabeza de la cola cuando hay otras que llevan diez o veinte años esperando por un permiso y miles más esperando en la cola”, dijo. “Se está desviando de lo que era el modelo de fauna silvestre más exitoso del mundo”.
La organización de Utah, Sportsmen for Wildlife, es la más se ha beneficiado de la subasta de los llamados “permisos de conservación”, que se venden por decenas de miles de dólares. La organización sin fines de lucro Fundación del Ciervo Mulo [Mule Deer Foundation] trabaja con este grupo en la gestión del sorteo anual de los “permisos de conservación”.
Miles Moretti, presidente de la fundación, dijo que la subasta “no viola el modelo norteamericano. Es sólo que usan los permisos de modo diferente para conservar el gamo. ¿Puede un tipo comprar una licencia todos los años por doscientos mil dólares? Sí. ¿No es justo? Bueno, la vida no es justa. Este es un modo de recaudar dinero para la fauna silvestre”.
Para vecinos de Utah como Huntington, que consigue permisos en un sorteo ciego directamente del estado, el coste de un permiso para cazar un venado es modesto: 35 dólares; el mismo permiso para no residentes en el sorteo es de 263 dólares. Los permisos para residentes para cazar un ante macho cuestan 280 dólares, y 795 dólares para cazadores de fuera del estado. Los cazadores que los obtienen de rancheros privados pueden pagar diez mil dólares y más por un permiso para cazar un ante macho en tierras privadas.
El sorteo realizado en el congreso de caza anual de dos organizaciones sin fines de lucro otorga un alto perfil al encuentro; los asistentes contribuyen con cinco o más millones de dólares a la economía de Salt Lake City. Este congreso es popular; las entradas de cinco dólares recaudan hasta un millón de dólares.
Los críticos de la subasta y el sorteo, como Tye Boulter, presidente de la United Wildlife Cooperative, dijo que gran parte del dinero recaudado por la Fundación del Ciervo Mulo y Sportsmen for Wildlife se destinaba a la promoción de las propias organizaciones y al financiamiento de sus causas políticas.
Pero Moretti dijo: “Creemos que hemos cumplido con nuestras obligaciones” en cuanto a recaudar fondos y apoyar proyectos relacionados con la fauna silvestre.
Provocada por las quejas de Boulter, en agosto se realizó una auditoría del millón de dólares recaudado en el sorteo anual. Mostró que cerca de 250 mil dólares terminaban en el cabildeo para conseguir que se aumentara la cuota de lobos que pueden ser cazados, especie que en la época estaba clasificada como en peligro de extinción en las Montañas Rocosas del norte. “Ofrecen servicios a la industria: guías, proveedores, terratenientes, cosas como esas”, argumentó Boulter, diciendo que las organizaciones que apoyan la caza del lobo no son necesariamente conservacionistas.
Boulter también objeta la creciente privatización de las oportunidades de caza controladas por el estado. “La fauna silvestre no es una mercadería”, dijo. “Es una responsabilidad pública”.
Cerca de 113 ranchos privados tienen acceso a permisos de caza mayor para cacerías organizadas en sus propiedades. Como parte del acuerdo, Utah les exige abrir sus propiedades a cazadores que participan en el sorteo público.
El elemento más importante del sistema es lograr que los rancheros piensen de otro modo sobre la fauna silvestre, dijo Kevin Bunnell, de la División de Recursos de la Fauna Silvestre del estado. “Convirtió en defensores de políticas de protección de la fauna silvestre a personas que antes de oponían a ellas”, dijo.
Este año se otorgaron a rancheros 3.209 permisos para la caza del venado, ante, alce y antílope: cerca del dos por ciento de los 142 mil permisos disponibles para todo tipo de gamo.
Esta distribución trabaja de manera diferente con los trofeos de caza. La mayoría de los permisos para cazar los codiciados animales astados en propiedades privadas se reserva a cazadores privados adinerados: el sesenta por ciento de los permisos para la caza de antílopes machos, más del ochenta por ciento de los alces machos y casi el noventa por ciento de venados machos.
Boulter entiende los beneficios para la conservación del programa con los rancheros y cree firmemente en los derechos de caza en propiedades privadas. Sin embargo, la situación le inquieta. “Mercantilizar la fauna silvestre no es poca cosa”, dijo, agregando que el sistema estaba haciendo retroceder, no avanzar, la administración de la fauna silvestre en Norteamérica. “Poco a poco los aristócratas se quedan con todas las oportunidades”.
18 de diciembre de 2012
2 de diciembre de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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