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[Elkhart, Iowa, Estados Unidos] [A medida que desaparecen los faisanes, también desaparecen los cazadores. El clima extremadamente húmedo y animales depredadores han provocado una reducción en la cantidad de faisanes en Iowa.]

[John Eligon] Con sus gafas de marco plateado, Mike Wilson miró desalentado a través de la niebla hacia el empapado campo de alta y densa vegetación, ladeando el cañón de su escopeta calibre 12 hacia las grises nubes.
Los cazadores de Iowa mataron más de un millón de faisanes en 2003, pero menos de 109 mil en 2011. El futuro del deporte está en un “momento crítico”, dijo uno de sus defensores.
”Todo lo que quiero”, dijo, “es ver un ave”.
Más de dos horas en esta cacería de faisanes, el colorido gallo que uno de los amigos de Wilson había cazado esa mañana era ahora un recuerdo distante. Desde entonces, sólo otro faisán había agraciado el cielo, y había estado demasiado lejos como para intentar bajarlo.
El faisán, en el pasado el rey de la industria de la caza de casi quinientos mil millones de dólares en Iowa, está desapareciendo del estado. Los sondeos muestran que en 2012 la población estuvo en su segundo nivel histórico más bajo, un 81 por ciento por debajo del promedio de las últimas cuatro décadas.
La pérdida, dicen los cazadores de faisanes, es tanto económica como cultural. Se deriva de varios años de condiciones meteorológicas excesivamente húmedas y de animales depredadores. Pero el factor que más incita la emoción es la pérdida de hábitat de la fauna silvestre a medida que los propietarios talan cada vez más sus terrenos para dedicarlos a la agricultura y aprovechar las ventajas del elevado precio de los productos agrícolas y de las tierras agrícolas.
En las últimas dos décadas, Iowa perdió más de 647 mil hectáreas de hábitat adecuado para faisanes y otros animales pequeños, el equivalente de un tramo de tierra de catorce kilómetros que se estira prácticamente de lado a lado del estado. Y estas reducciones han estado ocurriendo en todo el país.
La cantidad total de tierras incluida en el Programa de Conservación de la Reserva de Tierras Públicas del Ministerio de Agricultura ha descendido a once millones 938 mil hectáreas después de alcanzar un máximo de catorce millones 851 hectáreas en 2007. Bajo el programa, el gobierno paga a los propietarios cierta cantidad para plantar hierba y otro tipo de vegetación en algunas zonas de sus propiedades para crear un hábitat adecuado para la vida silvestre. Las propiedades en el programa son muy convenientes para faisanes y otros animales de tierras altas, y los propietarios a menudo disponen de ellas para cacerías. Pero a medida que el precio del maíz y otros cultivos aumenta, también ha aumentado el valor de las propiedades, y las tasas pagadas por el gobierno en el marco del programa no han logrado mantener el ritmo del alza.
Cada uno de los siete estados de caza del faisán más importantes han presenciado considerables reducciones en la cantidad de faisanes matados y la cantidad de cazadores de faisanes en los últimos cinco años, de acuerdo a datos proporcionados por Pheasants Forever, una organización dedicada a la expansión del hábitat de los animales silvestres y tierra para la caza pública. El año pasado, hubo en todo el país más de 1.4 millones de cazadores de faisanes, una reducción de cerca de 800 mil en dos décadas.
“Hemos llegado a un momento crítico, y tenemos que decidir qué importancia tiene mantener vivas las tradiciones de la caza de aves y en el futuro”, dijo David E. Nomsen, vicepresidente de asuntos de gobierno de Pheasants Forever.
Funcionarios federales de la vida silvestre dicen que el dinero que los cazadores recreativos pompean en las comunidades locales es vital. Más de 33.7 billones de dólares se gastaron en la caza en 2011, incluyendo 2.5 billones en la caza menor, la que incluye a los faisanes.
“En estos tiempos de recortes fiscales, cuando los presupuestos son reducidos dramáticamente, tenemos que hacer todo lo que podamos para asegurarnos de que la caza y la pesca sigan siendo pasatiempos viables”, dijo en un email Daniel M. Ashe, director del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.
En Iowa, el tema en lo esencial ha opuesto los intereses de la industria recreativa del estado contra su motor económico más importante: la agricultura.
Entre los granjeros, “la actividad se transmite de generación en generación. ¿Cuánto le puedes sacar a la tierra?”, dijo Wilson, 49, el cazador de faisanes, un ex oficial de la Armada que caza unas tres veces a la semana. “Sí, tenemos que cuidarla –blablablá-, pero ¿cuánto puedes sacar de esta tierra para sostener a tu familia? El pequeño Billy ya no va a ser cazador. Eso terminó”.
Bruce Rohwer, presidente de la Asociación de Productores de Maíz de Iowa, dijo que creía que los granjeros estaban preocupados de tener que ser siempre buenos administradores de la tierra y permitir los hábitats naturales en lugares donde podrían prevenir la erosión del suelo y la contaminación del agua. Pero los granjeros también tienen que hacer frente a realidades económicas, dijo.
“Tan importante como las ideas románticas que tienen algunas personas de que la agricultura es simplemente algo que ocurre”, dijo, “es el modo en que nos ganamos la vida, así que tienes que considerar todos los factores”.
En 2011, hubo menos de 46 mil cazadores de faisanes en el estado, cerca de un quinto de hace veinticinco años. El estado atraía en promedio cincuenta mil cazadores de faisanes de fuera del estado al año, pero esa cantidad descendió a 8.800 en 2010. Los cazadores de Iowa mataron en 2011 108.905 faisanes, en comparación con más de un millón en 2003.
El beneficio económico de la caza de faisanes en Iowa cayó a 135 millones de dólares en 2006 –la cifra disponible más reciente- de 200 millones en 1996, y es probable que siga decayendo. Este impacto se destacó fuertemente una mañana reciente en un restaurante en Ankeny. Entre varias mesas vacías, Jared F. Wiklund, representante regional de Pheasants Forever, explicó que el restaurante acostumbraba a estar repleto durante la temporada del faisán. Una camarera oyó la conversación y contó que solo tuvo una reserva durante el fin de semana de apertura de la temporada en octubre. La temporada en Iowa terminó el 10 de enero.
Uno de los problemas en Iowa, dicen los activistas animalistas, es que menos del 1.5 por ciento de la tierra del estado es pública (donde la gente puede cazar sin pagar), ubicándose entre los últimos lugares del país. Aunque los propietarios privados normalmente no cobran a la gente por cazar en Iowa, existen temores de que eso podría cambiar a medida que más terratenientes arriendan parcelas para la caza del ciervo y otros animales.
La tierra se ha vuelto tan escasa en Iowa que algunos lugareños se han atrevido a aventurarse fuera del estado para cazar faisanes.
“Es una decisión difícil”, dijo Kent Rupiper, 49, propietario de 68 hectáreas de tierra de caza en Iowa, que ha debido cazar fuera del estado. “Preferiría apoyar la economía local, si pudiera”.
Pero las cosas han cambiado desde su infancia, dijo, cuando “podíamos salir a cualquier parte y gastar nuestra cuota de aves”.
El secretario de Agricultura, Tom Vilsack, ex gobernador de Iowa, viajó al estado en octubre para anunciar la asignación de 161 mil hectáreas en todo el país –incluyendo más de 37 mil en Iowa- específicamente para crear hábitats para especies como los faisanes y las codornices. Pero los propietarios pueden no empezar a inscribir nuevas propiedades en el programa hasta que el Congreso llegue a un acuerdo sobre la paralizada ley agrícola, y la incertidumbre es el principal obstáculo para los programas de conservación, dijo Vilsack.
Cazador él mismo, Vilsack dijo que el deporte ocupaba un lugar de crucial importancia en el mundo rural de Estados Unidos.
“Tradicionalmente lo que pasa en una cacería es que la gente se cuenta historias, se relaja, ven a sus padres o abuelos o a sus hijos o hijas bajo una luz diferente”, dijo. “Realmente esto gira sobre valores culturales”.
11 de febrero de 2013
1 de enero de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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