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[Guatemala] [En la foto, un soldado de guardia en Mixco, una municipalidad cercana a la capital, Ciudad de Guatemala.]

[Elisabeth Rosenthal] Tras la secuela de la trágica balacera en la Escuela Primaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut, el mes pasado, la Asociación Nacional del Rifle (NRA) propuso que la mejor manera de proteger a los escolares era colocar un guardia –“un tipo bueno con un arma”- en todas las escuelas, como parte del llamado Programa Nacional Escolar de Protección, Emergencia y Respuesta.
En realidad, la solución de la NRA a la expansión de la violencia por arma de fuego en Estados Unidos ha sido en general abogar por el despliegue y porte más generalizado de armas.
Visité recientemente algunos países latinoamericanos que encajan con la visión de la tierra prometida de la NRA, donde guardias armados agracian cada vestíbulo de edificios de oficina, tiendas, cajeros automáticos, restaurantes y gasolineras. Eso no ha convertido a esos países ni en más seguros ni más sanos.
Pese a la ubicua presencia de “tipos buenos” con armas, países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia y Venezuela tienen algunas de las tasas de homicidio más altas del mundo.
“Una sociedad que depende de tipos armados para frenar la violencia es un signo de una sociedad donde las instituciones han dejado de funcionar”, dijo Rebecca Peters, ex directora de la Red Internacional de Acción contra las Armas Ligeras. “Es escandaloso oír a personas en Estados Unidos que están considerando una solución que pondría al país al mismo nivel que Colombia”.
Mientras las armas proliferan, legal e ilegalmente, las personas inocentes parecen a menudo más aterrorizadas que protegidas.
En Guatemala, subir a un autobús del transporte público es un asunto arriesgado. Desde 2007, más de quinientos conductores de buses han sido asesinados en atracos, lo que llevó a InSight Crime, que estudia el crimen organizado en las Américas, a llamarla “la profesión más peligrosa del planeta”. Y cuando las balas empiezan a silbar, todo el mundo es vulnerable: en 2010 las bajas a bordo incluyeron a 155 conductores, 54 auxiliares, 71 pasajeros y 14 presuntos delincuentes. Algunos fueron asesinados por las balas de los asaltantes, y algunos por las de pasajeros que portaban armas.
Estudios científicos han constatado consistentemente que lugares con más armas tienen más muertes violentas, tanto homicidios como suicidios. Es más probable que mujeres y niños mueran si hay un arma en la casa. Mientras más armas en la zona, más altas las tasas de homicidio locales. “Generalmente, si vives en la sociedad civilizada, más armas significa más muertes”, dijo David Hemenway, director del Centro de Prevención de Lesiones de Harvard. “No hay evidencias de que tener más armas reduzca la delincuencia. Ninguna en absoluto”.
Después de que una espeluznante masacre en 1996 provocara la indignación pública, Australia aprobó leyes de control de armas más estrictas, incluyendo un periodo de espera de 28 días antes de una compra y la prohibición de las armas semiautomáticas. Antes de eso, Australia tenía un promedio de una masacre al año. Desde entonces, las tasas de homicidio y suicidio han disminuido en un cincuenta por ciento, y no han habido masacres, dijo Peters, que presionó para que se legislara.
Factores distintivos contribuyen a tasas altas de delitos violentos en América Latina. Muchos países en la región tuvieron guerras civiles en tiempos recientes, lo que ha resultado en una gran cantidad de armas en circulación. La violencia relacionada con las drogas y las pandillas es generalizada. “Es peligroso establecer un vínculo muy estrecho entre la disponibilidad de armas y las tasas de homicidio”, dijo Jeremy McDermott, co-director de InSight Crime, con sede en Medellín, Colombia. “Hay un montón de otras variables”.
Sin embargo, dijo que el reciente y fuerte aumento de los homicidios en Venezuela podría ser explicado en parte por la abundancia de armas en el país. Aunque la primavera pasada el gobierno impuso una prohibición de un año a la importación de armas, hubo previamente un abundante flujo de armas desde Rusia. En el país hay incluso una planta de Kalashnikov.
En 2011, de acuerdo a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Honduras encabeza los homicidios en el mundo, con 91.6 por cada cien mil personas. Pero las tasas de homicidio fueron también alarmante altas en El Salvador (69.1), Jamaica (40.9), Colombia (3.4) y Guatemala (38.5). Venezuela tuvo una tasa de 45.1 en 2010, pero se espera que se acerque a 80 este año. En Estados Unidos, la tasa es de cerca de 5.
Aunque muchos de esos países tienen restricciones sobre la tenencia de armas, la implementación es nada estricta. De acuerdo a una investigación de Flacso, la Academia de Ciencias Sociales de Guatemala, las armas ilegales superan de lejos las armas legales en América Central.
Todo eso ha engendrado una próspera industria de la seguridad –los tipos buenos con armas que agracian cada esquina-, aunque los expertos dicen que a menudo no está claro si su presencia está reduciendo o empeorando la delincuencia. En muchos países, los guardias armados sólo tienen seis semanas de adiestramiento.
Guatemala, con cerca de veinte mil agentes de policía, tiene 41 mil guardias de seguridad privados certificados y cerca de ochenta mil que trabajan sin autorización. “Poner gente con armas de fuego que no son responsables ni han recibido adiestramiento en lugares donde hay montones de gente inocente es simplemente peligroso”, dijo Peters, observando que se usa fuerza letal incluso para disuadir delitos menores como el hurto en tiendas.
En realidad, pese a que algunos estadounidenses proponen expandir nuestra cultura de las armas a las escuelas primarias, algunas ciudades latinoamericanas están tratando de refrenar las suyas. El nuevo alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, ha prohibido que los habitantes porten armas en la calle, en coches o en espacios públicos desde febrero pasado, y la tasa de homicidio ha descendido en un cincuenta por ciento, la reducción más pronunciada en 27 años. Dijo: “Las armas no son una defensa, son un riesgo”.
William Godnick, coordinador del Programa Regional de Naciones Unidas para la Seguridad Pública en América Central concluyó que era mucho más probable que las personas que usaron armas para defenderse contra asalto a mano armada, resultaran heridas o asesinadas que si no hubiesen tenido armas.
Después de Sandy Hook, las organizaciones que fomentan el uso de armas en Estados Unidos están ofreciendo a los maestros adiestramiento en el uso de armas de fuego. ¿Pero realmente quiero que los maestros de mis niños porten un arma?
“Si estás viviendo en el mundo de ‘Mad Max’, donde los criminales tienen carta blanca y no hay un gobierno que les haga frente, entonces me gustaría armarse”, dijo Hemenway, de Harvard. “Pero no estamos en esa situación. Somos un país desarrollado y estable”.
[Elisabeth Rosenthal es médico y periodista científica para el New York Times].
26 de febrero de 2013
6 de enero de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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