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[Estados Unidos] [Masacres y homicidios múltiples cometidos por jóvenes trastornados han convertido la tenencia de armas de fuego en manos de enfermos mentales en un importante tema en el debate sobre el control de armas. Editorial NYT.]

Dada la enormidad de estos crímenes, es comprensible. De hecho, una ley federal prohíbe que personas con alguna enfermedad mental puedan poseer armas de fuego si han sido consideradas peligrosas por un juez o si han sido internadas involuntariamente en un hospital psiquiátrico. El presidente Obama también ha firmado órdenes presidenciales para asegurarse de que los controles de antecedentes federales incluyan informaciones completas sobre personas excluidas de la posesión de armas de fuego por razones de salud mental y aclarar que la ley federal permite a los profesionales de la salud reportar a las autoridades amenazas creíbles de agresión.
Pero el énfasis en las masacres, aunque crítico, no hace justicia al problema más amplio de la violencia por arma de fuego, incluyendo los cientos de homicidios de una sola víctima, suicidios, tiroteos no fatales y otros delitos con armas de fuego que ocurren diariamente en Estados Unidos. Y concentrarse en los enfermos mentales, la mayoría de los cuales no son violentos, omite a las personas que representan demostrablemente un riesgo mayor de cometer delitos violentos pero que no han sido excluidas por la ley federal de la compra y tenencia de armas de fuego.
Entre estas personas se incluirían las que han sido condenadas por delitos violentos, incluyendo agresiones, y personas que abusan del alcohol. A menos que las armas sean también mantenidas lejos de estas personas de alto riesgo, las agresiones con arma de fuego prevenibles continuarán.

Delitos Violentos
La ley federal prohíbe a los convictos comprar o poseer armas de fuego; también lo prohíbe a personas condenadas por un delito de violencia intrafamiliar. Pero permite que personas condenadas por delitos violentos, definidos de diferentes maneras en leyes estaduales, incluyendo el asalto con agresión, blandir un arma o hacer amenazas abiertas y verosímiles de violencia, puedan comprar y poseer armas de fuego. Muchas personas condenadas por delitos violentos fueron acusadas originalmente por delitos graves, pero sentenciadas más tarde por cargos más ligeros debido a los acuerdos de culpabilidad. Y las investigaciones demuestran que es más probable que personas que han sido condenadas por algún delito y que luego compran legalmente un arma de fuego, cometan delitos después de comprar ese arma, que los compradores que no han sido condenados nunca.
California es un caso práctico. Cambió su ley en 1991 para prohibir que individuos condenados por delitos violentos pudieran comprar armas hasta diez años después de su condena. Antes de eso, un estudio concluyó que era cinco veces más probable que los compradores de armas con incluso una sola condena previa fueran detenidos por delitos violentos o delitos relacionados con el uso de armas de fuego, que personas sin antecedentes penales. Después de aprobada la ley, una significativa reducción de las detenciones se atribuyó a que las personas con antecedentes penales no pudieron comprar armas.

Abuso del Alcohol
Las leyes federales prohíben la compra y la tenencia de armas de fuego a cualquiera que sea “un usuario ilegal de substancias controladas o un adicto”. Pero no menciona o ignora el abuso del alcohol. Eso también es un error. La evidencia que asocia el abuso del alcohol con la violencia relacionada con el uso de armas de fuego está bien establecida. Un estudio concluyó que las personas que han tenido alguna vez problemas en el trabajo debido al abuso del alcohol o que fueron hospitalizados por alcoholismo, corrían un riesgo mayor de cometer un homicidio o de suicidarse.
Otros estudios también sugieren que el abuso del alcohol es un factor en la asociación entre la tenencia de armas y el sistema de justicia penal. La dificultad para controlar el abuso del alcohol para propósitos de control de armas es que no existe una definición precisa de abuso. Pensilvania, sin embargo, ofrece un útil ejemplo. Prohíbe la compra de armas a cualquiera que haya sido condenado por tres o más delitos de conducción en un periodo de cinco años. Ese criterio identifica a los bebedores con demostradas tendencias hacia la imprudencia y las conductas delictivas.
El presidente Obama ha instruido al Ministerio de Justicia a que revise las prohibiciones federales sobre la tenencia de armas y haga recomendaciones legislativas y ejecutivas “para asegurar que personas peligrosas no se estén colando por los resquicios”. Las respuestas ya se conocen.
28 de febrero de 2013
24 de febrero de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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