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[Washington, Estados Unidos] [En cursos de capacitación médica, deberán ser remplazados por simuladores. Efectivas campañas de activistas logran importante decisión. Médicos militares deberán discontinuar progresivamente la práctica.]

[Ernesto Londoño] La guerra entre activistas animalistas y el Pentágono se viene librando desde hace décadas. Se podría decir que el conflicto ha provocado una buena cantidad de daños colaterales: miles de cabras y cerdos mutilados, aunque los militares argumentan que los animales no han muerto en vano.
Así que no es una sorpresa que el campo de los derechos animales esté salivando sobre el golpe que está a punto de infligir al enemigo. Esta semana, por orden del Congreso, el Pentágono debe presentar a los legisladores un plan escrito para terminar progresivamente con la “capacitación en tejidos vivos”, que los militares defienden diciendo que es necesario sacrificar animales para instruir a los médicos de combate en el tratamiento de miembros cercenados y heridas de bala.
La demanda, introducida en la Ley de Adjudicación de la Defensa Nacional de 2013, es la primera vez que el Congreso ordena al Pentágono que elabore un plan detallado para empezar a depender menos de animales y más de simuladores. Los militares también deben especificar si el retiro de los animales de las sesiones de capacitación podría provocar una “disminución en la capacidad del personal médico de guerra”, de acuerdo al proyecto de ley.
“El Congreso reconoce ahora que está mal causar lesiones a los animales en crudos ejercicios de formación médica cuando hay alternativas modernas y superiores”, dijo Justin Goodman, director del laboratorio de investigación de la organización People for the Ethical Treatment of Animals, o PETA, que ha estado protestando por el uso de animales en sesiones de capacitación de médicos de guerra desde principio de los años ochenta. “Si en los militares [la práctica] está demasiado arraigada como para hacer los cambios por cuenta propia, el Congreso los va a presionar para que introduzcan esos cambios”.
El uso por parte de las fuerzas armadas de animales para la capacitación médica se remonta a la Guerra de Vietnam, pero no llamó mucho la atención hasta el verano de 1983, cuando un grupo de activistas se enteró de un ejercicio de formación planeado en un recinto en Bethesda. El plan de disparar contra decenas de perros anestesiados colgados de mallas de nylon en un recinto insonorizado indignó a activistas animalistas y a algunos legisladores.
Los amantes de los perros protestaron frente a Servicios Uniformados de la Universidad de Ciencias de la Salud, con un perro con correa llevando una camiseta con un blanco de tiro. Trasladaron su indignación a la casa del entonces secretario de Defensa, Caspar Weinberger, exigiendo saber cómo podía defender ese uso de animales y ser al mismo tiempo dueño de un adorable pastor escocés llamado Kilty.
Weinberger actuó rápidamente, emitiendo una declaración de una frase diciendo que él había ordenado “que ningún perro fuera herido para usarlo en sesiones de capacitación o experimento médico”. Pero para consternación de los activistas animalistas, Weinberger no hizo nada para salvar a las cabras.
Los militares no eran los únicos en utilizar animales para formar médicos especializados en traumatismos. Thomas Poulton, un anestesista de Texas que sirvió en el Cuerpo Médico de la Armada de Estados Unidos, dijo que muchos cursos civiles de capacitación en traumatología usaban perros cuando él era un joven médico hace treinta años. Pensaba que herir a animales durante los cursos era crispante, pero no particularmente educativo.
“En términos de aprendizaje real, la coordinación mano-ojo, o de aprender intelectualmente, realmente no agregaba nada a lo que estábamos aprendiendo”, dijo Poulton.
En los últimos años, los cursos civiles de traumatología en gran parte han abandonado el uso de animales, principalmente porque los simuladores humanos han mejorado mucho y ahora llegan a chorrear un líquido parecido a la sangre y reaccionan en gran parte como el cuerpo humano cuando está herido. Poulton dice que las escuelas civiles han abandonado la instrucción en tejidos vivos en parte por consideraciones éticas.
“Para muchas personas, también es repugnante”, dijo. “Estos eran perros sanos provenientes de perreras y animales de granja igualmente sanos”.
Michael Bailey, ex médico de combate del ejército que sirvió dos periodos en Iraq, disiente. Él fue primero a Iraq después de seguir cursos básicos que no incluyeron el tratamiento de animales heridos. Sabía la teoría. Pero cuando Bailey trató por primera vez a un herido en Kirkuk, una ciudad al norte del país, después de un ataque de artillería, se paralizó.
“Este tipo frente a mí había perdido una pierna”, dijo Bailey, que lleva un blog llamado Madness of the Combat Medic. “Me paralicé. Alguien me preguntó qué hacer… Solo entonces salí de mi estupor”.
Más tarde siguió un curso avanzado en el que él y otros médicos trataron a una cabra sedada que sangraba de una arteria femoral después de que el instructor la apuñalara sin previo aviso. Bailey dijo que los maniquíes usados en ese curso de adiestramiento fueron extraordinariamente efectivos. Pero el ejercicio con la cabra le enseñó a actuar en situaciones de urgencia que solo una herida en la vida real puede proporcionar.
“Ese sentimiento no lo tienes con un maniquí”, dijo. “No tienes el sentimiento de que el maniquí va a morir. Cuando estamos hablando de mantener vivo a alguien y cuando la física y el enemigo hacen lo posible para hacer lo contrario, es un tipo de formación que quieres tener en tu currículum”.
Funcionarios del Pentágono han argumentado eso mismo durante décadas, enfatizando que los médicos de combate necesitan una instrucción única y especializada.
“El uso de animales vivos en la formación médica enseña a los médicos a salvar vidas en el campo de batalla”, dijo en una declaración la portavoz del Pentágono, Jennifer D. Elzea. “La formación médica de combate comprehensiva es de vital importancia porque el médico es la primera respuesta que proporciona tratamiento a un militar o civil herido”.
PETA tuvo dos victorias tácticas el año pasado. Después de sondear a todos los países de la OTAN, Goodman y otros investigadores determinaron que solo seis de los veintiocho miembros de la alianza usan animales en la capacitación médica de combate. Gran Bretaña es uno de los que usan animales, pero sus estudiantes son enviados a Dinamarca debido a que el uso de animales vivos para la formación médica no es permitido en el país.
Más sorprendentemente, la organización de protección animal recibió un video filtrado de un ejercicio de formación médica de combate de la Guardia Costera que mostraba a un instructor silbando mientras cercenaba las patas de una cabra con una sierra eléctrica. La revelación desencadenó una investigación federal de las acusaciones de que los animales no habían sido anestesiados propiamente. Miembros del Congreso enviaron una carta al Pentágono expresando su inquietud. Elzea dijo que el Pentágono había revisado los módulos de capacitación del año para “ofrecer más control”. La compañía fue notificada por violaciones a la ley federal de bienestar animal.
El mandato parlamentario no obliga a las fuerzas armadas a abandonar completamente el uso de animales en la formación médica. Y está claro que las fuerzas armadas no tienen ninguna gana. Hace poco el ejército anunció una licitación de cinco millones de dólares para cabras para ser usadas en instalaciones de formación médica de combate en todo el país durante los próximos cinco años. La licitación desconcertó a PETA porque los contratistas deben empezar a trabajar el 1 de marzo, el mismo día en que el Pentágono debe entregar su informe al Congreso.
“Este es un ejemplo de cómo colisionan el mundo real y el político”, dijo Bailey, 29, el ex médico del ejército. Debido a que los militares están a punto de entrar en un periodo de paz, predijo, “el mundo real va a salir perdiendo”.
3 de marzo de 2013
24 de febrero de 2013
©washington post
cc traducción @lisperguer

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