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[Puzhai, China] [La demanda china de marfil crece pese a evidencias de que muchos colmillos son obtenidos ilegalmente. Pese a declaraciones del gobierno y de las autoridades policiales chinas, se calcula que el noventa por ciento del marfil procesado en el país es de origen ilegal.]

[Dan Levin] Los inversionistas chinos lo han bautizado como el “oro blanco”. Talladores y coleccionistas prefieren el término “gema orgánica”. Los contrabandistas, sin embargo, usan un nombre espantosamente directo para los colmillos de elefantes africanos recientemente cosechados que encuentran la ruta hacia este remoto puesto comercial en la frontera vietnamita.
“Los llamamos dientes sangrientos”, dijo Xing, un ebanista y traficante de marfil que es parte del oscuro negocio que ha reactivado los llamados a la prohibición internacional total de la venta de marfil.
Para indignación de organizaciones conservacionistas tratando de parar la matanza de elefantes africanos y el bochorno de las autoridades policiales chinas, el próspero negocio de marfil de Xing es apenas una gota en el reguero de sangre que se extiende por aire, mar y tierra desde África hasta las salas de exposición chinas y coleccionistas privados.
“Los chinos tienen la llave del futuro de los elefantes”, dijo Iain Douglas-Hamilton, fundador de Save the Elephants. “Si las cosas siguen de esta manera, muchos países podrían perder completamente sus poblaciones de elefantes”.
Los críticos dicen que el gobierno chino no está haciendo lo suficiente para frenar el comercio ilegal en marfil, que ha subido de manera explosiva en los últimos cinco años desde que conservacionistas y gobiernos acordaron implementar un programa de ventas limitadas de marfil con la intención de reprimir la caza furtiva y revivir artesanías de siglos de antigüedad. Desde inicios de 2012, más de 32 mil elefantes han sido matados ilegalmente, de acuerdo a la fundación Born Free, una organización dedicada a la vida silvestre, y los conservacionistas dicen que la mayoría del marfil vendido en China, que se vende a más de mil trescientos dólares la libra en el mercado negro, es de origen dudoso.
Las ventas legales de marfil han sido una bendición para talladores y comerciantes, que han contribuido a alimentar la demanda de cantidades aun mayores. Pero los que investigan el comercio en China dicen que las disparadas ventas -y el incentivo de la caza furtiva- puede deberse a la combinación de incompetencia de la policía y a la corrupción oficial, especialmente de los militares.
El único modo de salvar al elefante africano, dicen los conservacionistas, es prohibir completamente la venta de marfil.
Aunque la naturaleza clandestina del contrabando de marfil hace difícil controlarlo, los expertos dicen que los elefantes de África están siendo masacrados a un ritmo desconocido hace dos décadas, en gran parte para satisfacer la desorbitada demanda entre las prósperas clases medias chinas. “China está claramente impulsando el comercio ilegal en marfil más que cualquier otro país del planeta”, dijo Tom Milliken, experto en elefantes de la red de seguimiento del comercio en fauna silvestre, Traffic.
Se suponía que las cosas debían ser diferentes. En 1989, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), reconocida por Naciones Unidas, prohibió la venta de marfil en un intento por parar lo que los conservacionistas dicen que es el “holocausto” de los elefantes.
Pero a medida que las manadas se recuperaban, funcionarios de Cites accedieron en 2008 a una polémica y única subasta de marfil africano almacenado en Japón y China, provisto que el dinero fuera destinado a la conservación de la fauna silvestre. Como parte del arreglo, el gobierno chino introdujo un complejo sistema de documentación para trazar cada baratija y tallado producido con las 68 toneladas de marfil subastadas que cosechó. Los partidarios esperaban que la avalancha de marfil regulado barato desbaratara el comercio ilegal, salvando más elefantes.
Sin embargo, la venta fue un colosal fracaso. Como la canopia de la selva que impide que los cazadores furtivos sean detectados, el comercio regulado en marfil ha proporcionado a talladores y coleccionistas chinos un camuflaje legal ideal para comprar y vender colmillos ilegales.
Las cosas salieron mal desde el principio, y las organizaciones dedicadas a la fauna silvestre dicen que el gobierno chino es en parte responsable.
Después de conseguir el marfil subastado a precios artificialmente bajos, las empresas estatales chinas empezaron a vender cantidades limitadas a fábricas de tallados hasta por ocho veces la oferta ganadora. En lugar de sofocar la venta illegal de marfil, el aumento de los precios hizo que la caza furtiva fuera todavía más atractiva.
En 2011, por ejemplo, el marfil subastado reportó cerca de 94 millones de dólares, el doble del total del año anterior, de acuerdo a la Asociación China de Subastadores. “Los compradores ni siquiera se llevan a casa los tallados que han comprado para volver a ofrecerlos en la subasta”, dijo un empleado de una importante casa de subastas de Pekín, que pidió permanecer en el anonimato debido a lo sensible del tema.
Pese a que en 2011 el gobierno chino prohibió que las casas de subasta vendieran marfil, las ventas continúan –como también continúa la carnicería.

El Mercado Chino
Inaugurada en 1898, la Old Phoenix Auspicious Jade and Ivory Carving Company, en Shanghai, es el santuario tradicional de la reciente prosperidad de China. Sus estanterías están repletas de esculturas de jade en forma de col y broches de coral, aunque los clientes vienen en su mayor parte por el abanico deslumbrantemente blanco de marcadores de libros, palillos chinos e ídolos de marfil. En un rincón, los focos iluminan un enorme colmillo tallado con un retablo en 360 grados de pagodas, palmeras y sabios togados. El precio: cerca de 205 mil dólares.
Arriba, más de una docena de talladores en uniforme azul se inclinan en silencio sobre sus mesas de trabajo mientras reducen las piezas de colmillos pulidos. La mayoría de ellos fueron contratados al salir de la escuela de arte después de la venta de las reservas de 2008. La escena satisface profundamente a Zhou Bai, 58, un maestro tallador que aprendió a tallar marfil a los diecisiete.
“Cuando se aprobó la prohibición en 89, me entristeció pensar que este arte iba a morir conmigo”, dijo Zhou, que se ajetreaba convirtiendo un colmillo de un metro en un elaborado templo rodeado de nubes. “Pero ahora tenemos la oportunidad de mantenerlo en vida”.
Cada tallado viene con un certificado emitido por el gobierno que incluye un número de serie; los artículos por sobre los cincuenta gramos deben llevar una identificación fotográfica. Pero los conservacionistas dicen que el sistema está viciado.
Tomemos, por ejemplo, las raspaduras de marfil blanco que se apilan debajo del grabado pupitre de Zhou. Cuando se le preguntó qué pasaba con el altamente valorado polvo, Zhou dijo que era normalmente recogido por los empleados del departamento de silvicultura local, que lo vendían para ser usado como elixir tradicional chino que se cree que combate el cáncer. La Administración Forestal Estatal, sin embargo, negó que sus empleados tuvieran algo que ver con el polvo.
Yan Zhong, el gerente general de la empresa, apuntó hacia una placa dorada en la pared como prueba de que todo su marfil proviene del estado. El permiso, dijo, también tranquiliza a sus clientes. “Todo nuestro marfil proviene de elefantes que murieron de muerte natural, así que es ético”, dijo. “Si se permitiera que los colmillos se pudrieran, sería un despilfarro”.
Sin embargo, de acuerdo a una investigación de 2011 del Fondo Internacional para el Bienestar Animal, los certificados de inscripción se han convertido en sí mismos en valiosas mercaderías en el negocio del lavado del marfil. Los vendedores han sido sorprendidos reutilizando los certificados de identificación o vendiéndolos a comerciantes ilegales. El propietario de una ex fárbica ilegal de tallados dijo a los investigadores que había pagado cerca de 321 mil dólares por un permiso, que oficialmente es gratuito.
La Administración Forestal Estatal, que supervisa el comercio legal en marfil, dice que expulsa a unos tres vendedores al año por violar las reglas. Ya que la prohibición del marfil fue rescindida, el número de negocios autorizados ha subido a 37 fábricas de tallados y 145 tiendas.
También han subido los precios. En la subasta de 2008, las empresas estatales pagaron 71 dólares la libra, e inmediatamente desvió su primera cuota de compras de marfil a talleres por 530 dólares la libra. Hoy, el marfil bruto cuesta más de mil trescientos dólares la libra. Cuánto marfil ilegal se ha introducido en el país es un tema en discusión, pero organizaciones de la fauna silvestre dicen que no hay un suministro legal suficiente que se corresponda con la cantidad vendida oficialmente en toda China. “Si miras el volumen del mercado, es un absurdo”, dijo Mary Rice, directora ejecutiva de la independiente Agencia de Investigación Medioambiental, que calcula que hasta el noventa por ciento del marfil presente en China es ilegal.
Investigadores de la organización conservacionista dicen que los talleres autorizados a menudo complementan las compras oficiales con marfil de contrabando, a veces agregando piezas ilegales a los tallados legítimos. El dueño de una fábrica reconoció en privado que las 330 libras de marfil legal que adquiere al año le duran apenas un mes. El resto, dijo, lo compra en el mercado negro.
Para los conservacionistas, la venta abierta de marfil de contrabando es igual de irritante. En el mercado de antigüedades de Chengtian en Pekín, ocho puestos vendían tallados de marfil ilegal. Mostrando un colgante de Buda de color crema que vendía por cerca de ochocientos dólares, el vendedor explicó cómo ocultarlo de las autoridades. “Simplemente llévelo en el cuello”, dijo. “No necesita un certificado”.
Cuando se les preguntó si tenían miedo de ser arrestados, los vendedores dijeron que, como los vendedores de DVDes y libros pirateados, les avisan antes de cualquier represión policial. “Mientras nos atrevamos a vender, comprar es seguro”, dijo una mujer.

Una Tradición Cultural
El marfil está enraizado profundamente en la identidsd china. Las tradiciones populares cuentan de emperadores que creían que los palillos de marfil cambiaban de color al contacto con la comida envenenada. En la medicina china, se dice que el polvo de marfil purga las toxinas del cuerpo y procura una complexión luminosa. Como parte de su proyecto de relaciones públicas para legitimar el comercio, en 2006 el gobierno agregó el tallado de marfil a su registro oficial del Patrimonio Cultural Intangible, junto con la ópera tradicional, kung fu y la acupuntura.
“El amor por el marfil lo llevamos en la sangre”, dijo Wu Shaohua, presidente de la Asociación de Coleccionistas de Shanghai. En una sociedad donde los Rolex y las carteras Louis Vuitton se compran a veces por docenas, muchos chinos creen que dar una baratija tallada en colmillo de elefante confiere más prestigio. “Dice que esta relación es tan preciosa como el marfil”, dijo.
Wu dijo que piensa que el prestigio y el arte del marfil podrían hacer olvidar, entre los entusiastas, cualquier preocupación potencial sobre su proveniencia.
Organizaciones conservacionistas internacionales y el gobierno chino han tratado de crear conciencia. En África, hogar de al menos un millón de chinos, las embajadas chinas envían mensajes de texto recomendando no comprar marfil, de acuerdo a un informe del gobierno. En Pekín y otras ciudades, las campañas en servicios públicos, incluyendo la que contó con la estrella del baloncesto Yao Ming, vinculan la caza furtiva con el contrabando de marfil. Los medios chinos informan frecuentemente sobre la detención de contrabandistas chinos.
Pero el mensaje anti-marfil del gobierno es confuso. En 2011, Pekín empezó a permitir que viajeros chinos de Zimbabue portaran hasta diez kilos en productos de marfil grabado como “recuerdos” en su equipaje, una política que confunde a los potenciales coleccionistas, dicen las organizaciones conservacionistas.
Luego está el énfasis en los tallados de marfil como una tradición consagrada. Un documental en la televisión china sobre los intentos de la Fábrica de Tallados de Marfil de Pekín de revivir el antiguo arte nunca se expandió sobre el tema de la caza ilegal ni explicó que el “diente de elefante”, como se llama al marfil en mandarín, no se cae solo [del cuerpo de los elefantes].
Una cliente, una funcionaria de gobierno que había visto el documental, parecía indiferente con el destino de las manadas de África mientras echaba un vistazo a la sala de exposición de la Fábrica de Tallados de Marfil de Pekín en enero. “Mientras la calidad del marfil sea buena, a quién le importa qué le pasó al elefante”, dijo.
El gobierno chino dice que hace todo lo posible para terminar con el contrabando de marfil. Los funcionarios dicen que al año se realizan unos novecientos decomisos en China, y cerca del noventa por ciento de estas implican a viajeros chinos que esconden el marfil en sus maletas.
Algunos no pueden resistir convertir su pasatiempo en ingresos. En 2012, una mujer fue condenada a ocho años de prisión por vender online ocho kilos de marfil. Funcionarios de gobierno dijeron que 32 contrabandistas fueron condenados a reclusión perpetua.

Legal versus Ilegal
Pero críticos dicen que la mayor parte de los intentos del gobierno para enfrentar a los sindicatos responsables de transportar enormes cantidades de marfil ilegal a China. Después de que las autoridades empezaran a interceptar envíos desde algunos países africanos, las organizaciones de contrabandistas empezaron a enviar el marfil haciendo uso de puertos intermedios de modo que parece que viene de otro lugar. Los funcionarios dicen que apenas son capaces de controlar menos del uno por ciento de los contenedores que llegan a los puertos chinos todos los años.
Cuando encuentran un alijo, hacen noticia. En enero, funcionarios de aduanas en Hong Kong, una región administrativa especial en China, confiscaron cerca de mil 360 kilos de marfil, por un valor de 1.4 millones de dólares, ocultas debajo de piedras en un contenedor marítimo que provenía de Kenia a través de Malasia –la tercera confiscación más grande en tres meses.
En 2010, las autoridades de Macao encontraron 997 kilos de marfil, incluyendo colmillos de dos metros, flotando en sacos de nylon en la costa, cerca de una cancha de golf.
Aquí en Puzhai, los habitantes todavía hablan del allanamiento de abril de 2011, cuando una inspección de rutina dio con lo que sería uno de los decomisos más grandes en la historia de China: 707 colmillos, 32 brazaletes de marfil y un cuerno de rinoceronte, todos ocultos en cajas en el compartimento de carga de un camión.
Para los conservacionistas, esas confiscaciones gigantescas son prueba de que el experimento con el marfil legal es un fracaso. “Los decomisos no son un indicio de éxito”, dijo Grace Ge Gabriel, directora en Asia del Fondo Internacional para el Bienestar Animal. “Esto es solamente la punta del iceberg”.
Xing, el traficante, considera las confiscaciones como el resultado de una mala planificación.
“Nunca uses tu propio coche”, dijo, mientras sus trabajadores posaban despreocupadamente para ser fotografiados con dos enormes colmillos que acababa de sacar de un armario. Xing confesó que a menudo paga a personas para que transporten los colmillos a través de exuberantes montañas en la notoriamente porosa frontera vietnamita. Cuando eso no funciona, sus conexiones con guardias fronterizos en el turno nocturno demuestran ser indispensables.
Una vez que los colmillos llegan a China, Xing usa lo que llama su “canal especial”: vehículos que pertenecen al Ejército Popular de Liberación, una táctica que garantiza que nadie se acerca a husmear. Un conspirador en Shanghai que dirige una fábrica se encarga del tallado. El transporte de un par de colmillos, dijo, cuesta cerca de ochocientos dólares, y toma cinco días llegar a Pekín.
Funcionarios chinos niegan que la corrupción juegue un papel en el comercio ilegal de marfil. Más bien, dicen, la extensión del país y la gigantesca población hacen imposible erradicar el tráfico. “Siempre hay peces que pasan por la red”, dijo Meng Xianlin, director ejecutivo general de la autoridad del comercio en especies en peligro de China.
El gobierno chino no ha tomado bien las críticas. En una reunión de Cites hace dos años, China obligó a todas las organizaciones no-gubernamentales a salir de la reunión cuando circuló el rumor de que dos organizaciones estaban planeando publicar informes comentando los fracasos de Pekín.
Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores dijo el mes pasado que la policía china había “frenado efectivamente” el contrabando de marfil.
El domingo, las delegaciones de Cites se reunirán en Bangkok para lo que pudiera ser un congreso particularmente polémico. Aunque tanto China como Tailandia son los más grandes mercados para el marfil ilegal, sólo Tailandia, que no tiene un sistema legal para el comercio del marfil, está bajo presión para reprimir la venta de marfil.
De hecho, el gobierno chino está presionando para aliviar las restricciones al comercio de marfil. Pese a la continuada anquilación del elefante africano, Meng, el funcionario del comercio en fauna silvestre, ha insistido en que las manadas podrían tolerar un robusto comercio internacional del marfil. Escribió el año pasado al secretariado de Cites diciendo que debería permitirse que China confiscara los colmillos de elefantes cazados furtivamente, además de los que obtiene legalmente. La demanda asiática, escribió, necesita cerca de 220 toneladas de marfil bruto -las vidas de unos veinte mil elefantes- al año.
[Shi Da y Mia Li contribuyeron a la investigación.]
9 de marzo de 2013
2 de marzo de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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