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[Hong Tong, Laos] [Fuera del alcance de la ley. En la imagen, guardabosques de fauna silvestre custodiando un cargamento de colmillos de elefantes y cuernos de rinocerontes interceptada en el aeropuerto de Nairobi en 2009.]

[Thomas Fuller] En un oscuro camino de tierra lleno de baches no muy lejos de la ribera del río Mekong, la residencia de Vixay Keosavang destaca por sus portones de hierro y murallas de concreto coronadas con alambre de púa, en contraste con las desvencijadas casas de madera construidas sobre pilotes a la sombra de gomeros que la rodean.
Entrevistas con funcionarios de gobierno de cinco países ofrecen indesmentibles evidencias de que Vixay Keosavang, un laosiano, es el eje de las actividades de contrabando en fauna silvestre.
Un guardia de seguridad que abrió hace poco el portón dijo que tigres, osos, lagartos y muchos osos hormigueros amenazados llamados pangolinos estaban dentro. Llamó a su patrón y le pasó el celular a un periodista que pidió permiso para entrar a la propiedad.
Vixay, de tono amable y hablando una mezcla de tailandés con laosiano, negó que hubiera animales dentro o que él estuviera en el negocio de la fauna silvestre.
“No hay nada aquí”, dijo Vixay sobre la propiedad, que está a ocho kilómetros de la carretera pavimentada más cercana. “¿Quién se lo dijo?”
Vixay es conocido entre detectives y funcionarios de gobierno de varios países que están tratando de desmantelar los sindicatos que controlan el próspero negocio en animales amenazados que abarca varios continentes y ha provocado la matanza de elefantes en África, la caza ilegal de rinocerontes y el exterminio de otras especies que viven en las selvas de Asia.
Vixay, dice un investigador, es el “Pablo Escobar del tráfico de fauna silvestre”.
Entrevistas con funcionarios de gobierno de cinco países y una revisión de cientos de páginas de documentos oficiales y judiciales compilados por una organización anti-tráfico ofrecen convincentes evidencias de que Vixay, un laosiano, es el eje de las operaciones de contrabando en animales silvestres.
Las autoridades sudafricanas que persiguen un caso de contrabando de cuernos de rinoceronte, dicen que una de las empresas de Vixay, la Xaysavang Trading, cometió “una de las más grandes estafas en la historia del crimen medioambiental”, eludiendo la ley mediante la contratación de personas que posaban como cazadores, a los que se les permitió matar un número limitado de rinocerontes como trofeos. En un caso separado, funcionarios keniatas vincularon a la compañía con el contrabando de colmillos de elefante para el comercio de marfil.
Pero el grueso de las operaciones comerciales en fauna silvestre de Vixay, dicen los investigadores, es el “blanqueo” de los animales.
La treta, sugieren los documentos y dicen los investigadores, implica el contrabando de animales de otros países hacia Laos y luego su exportación –con el papeleo del gobierno laosiano- con la explicación de que fueron criados en cautiverio y por eso, en muchos casos, pueden ser vendidos legalmente.
El caso es especialmente frustrante para los que no viven en Laos, que dicen que Vixay es intocable en su país, donde, dicen, los funcionarios se han negado a hacer una investigación exhaustiva pese a las resmas de evidencias presentadas. Y sin pararlo, dicen investigadores y funcionarios de la fauna silvestre, existen pocas esperanzas de desbaratar un imperio comercial que dicen que conecta la sabana africana con las selvas asiáticas y finalmente con los clientes de marfil y las medicinas tradicionales en Vietnam y China.
“Es el más grande traficante de animales silvestres de Asia”, dijo Steven Galster, director ejecutivo de Freeland, una organización que combate el tráfico en animales que ha estado siguiendo a Vixay durante ocho años. “Dirige una empresa agresiva, consiguiendo animales silvestres rentables y partes de cuerpo en países donde se pueden obtener fácilmente. Todo país con animales silvestres comercialmente valiosos deberían precaverse”.
Freeland ha sido determinante en la preparación de la acusación contra Vixay, y fue la fuente de la enorme mayoría de documentos revisados para este artículo, incluyendo contratos comerciales y documentos de la aduana laosiana que atestigua la escala de sus operaciones. Fundada en Bangkok hace más de diez años, el personal de Freeland lo componen actuales y ex funcionarios policiales de Gran Bretaña, Estados Unidos, Tailandia y varios otros países asiáticos, y es financiada en parte por el gobierno de Estados Unidos.
La organización sin fines de lucro, que trabaja estrechamente con funcionarios de gobierno en África, Asia y Estados Unidos, también proporcionó acceso del New York Times a algunos de esos funcionarios. El Times entrevistó a autoridades de Tailandia, China, Sudáfrica, Laos y Vietnam.
El próspero comercio en fauna silvestre exótica ha sido alimentado por la creciente riqueza en China y Vietnam y la demanda allá de cosas como escamas de pangolín, que servirían a las madres lactantes, una creencia que no ha sido verificada.
Vixay, que está en la cincuentena, ha satisfecho esta creciente demanda de animales como serpientes, lagartos y tortugas desde su base en el empobrecido campo de Laos, un país escasamente poblado con fronteras con Vietnam y China y conocido por su corrupción generalizada.
Durante años, las operaciones internas de su sindicato permanecieron opacas para los detectives tailandeses que lo investigaban. Pero en 2011, por primera vez, una parte de las operaciones de Vixay quedaron expuestas tras la detención y juicio de un tailandés que dice que era su delegado, Chumlong Lemtongthai, a miles de kilómetros en Sudáfrica después de una investigación de una operación de contrabando de cuernos de rinoceronte.
Uno de los datos que usaron las autoridades fue la decisión de Chumlong de contratar cazadores falsos: menudas mujeres tailandesas que resultaron ser prostitutas. Funcionarios tailandeses que interceptaron algunos de los cuernos de rinoceronte de Sudáfrica no podían creer que las mujeres efectivamente hubieran cazado a los animales.
“Es un arma muy, muy grande”, dijo un oficial cuando interrogaba a Chumlong, de acuerdo a una grabación en vídeo de un representante de Freeland que estaba en la entrevista.
Interrogado por funcionarios laosianos después de una consulta de las autoridades sudafricanas, Vixay dijo que “no sabía nada sobre los sospechosos detenidos en Sudáfrica”. Pero los detectives tailandeses descubrieron una foto en el ordenador de Chumlong que lo mostraba posando con Vixay, y un certificado en la oficina de Chumlong en las afueras de Bangkok que decía que había sido nombrado representante de la empresa de Vixay.
Evidencias en el juicio, que incluían cuentas de aerolíneas que mostraban que algunos cuernos de rinoceronte habían sido enviados a una de las direcciones de Vixay en Laos, crearon la esperanza entre los investigadores de que su negocio se vería severamente interrumpido, sino desmantelado.
Pero más de un año y medio después de la detención de Chumlong, que fue luego condenado a cuarenta años de prisión en Sudáfrica, Vixay sigue libre.
Un operativo en la operación de contrabando arrestado en Sudáfrica, Puntitpak Chunchom, sugirió una posible razón, diciendo a los detectives que Laos era la base perfecta para Vixay porque era intocable en el país.
“Están tan bien protegido que nadie lo puede detener en Laos”, dijo Puntitpak, de acuerdo a una transcripción de una entrevista de las autoridades tailandesas.
Freeland ha conseguido documentos laosianos oficiales que muestran que la compañía de Vixay está autorizada para criar animales amenazados y exóticos y venderlos dentro de Laos y en el extranjero.
Pero los documentos sugieren que también está vendiendo animales amenazados o partes animales de otros países, lo que para algunas especies está siempre prohibido por la Convención Internacional sobre el Comercio en Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (Cites). En otros casos, el tratado de Naciones Unidas permite algún tipo de comercio, pero si los animales son criados. (Laos firmó el tratado en 2004).
Un contrato de venta único de 2009 obtenido por Freeland sugiere el gran volumen del contrato. Xaysavang Trading, la compañía de Vixay, accedió vender setenta mil serpientes, veinte mil tortugas y veinte mil lagartos monitor a una empresa vietnamita por un valor de 860 mil dólares.
Expertos dicen que el mero volumen de la venta es evidencia de blanqueo. La crianza de veinte mil tortugas de las que vende habitualmente la compañía de Vixay –la tortuga de cabeza amarilla – podría tomar diez años, de acuerdo a Doug Hendrie, asesor de Education for Nature, una organización vietnamita que realiza investigaciones de delitos contra la fauna silvestre.
En los últimos años, las autoridades tailandesas han interceptado varios camiones que transportaban tortugas, cachorros de tigre, cadáveres de tigres, pangolinos y serpientes, hacia negocios de Vixay al otro lado del río Mekong, de acuerdo a Freeland.
Además, 280 kilos de marfil confiscados por la policía de vida silvestre de Kenia habían sido enviados a la empresa de Vixay.
Un artículo sobre el decomiso en la página web del Servicio de Vida Silvestre de Kenia termina con esta súplica: “El clamor de Kenia es terminar totalmente con el sangriento comercio en elefantes”.
Las autoridades laosianas admiten que el contrabando animal es un problema, pero dice que las pruebas contra Vixay no son suficientes para justificar una investigación.
“Allá no encontramos nada”, dijo Bouaxam Inthalangsi, alto funcionario laosiano del departamento forestal.
Pero cuando se le presionó sobre las voluminosas pruebas contra Vixay, Bouaxam sugirió que había obstáculos. Implementar la ley era “difícil”, dijo.
“Tiene que ver con influencias”, dijo. “Los sindicatos de traficantes tienen vínculos con gente influyente, ese es el principal problema”.
9 de marzo de 2013
4 de marzo de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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