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[Chile] [Pablo Neruda sobre la Junta Militar: “Son peores que los nazis, asesinan a sus propios compatriotas”. Exclusiva: Documentos inéditos del embajador Harald Edelstam. Conversación del poeta con dos diplomáticos suecos la víspera de su muerte.]

[Mario Amorós, autor de ‘Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda’, Ediciones B) y Fernando Camacho Padilla (autor de ‘Suecia por Chile. Una historia visual del exilio y la solidaridad, 1970-1990’, LOM Ediciones).]
En el transcurso del sábado 22 de septiembre de 1973, Pablo Neruda recibió varias visitas en la pieza 406 de la Clínica Santa María de Santiago, donde estaba ingresado desde hacía tres días. Por la mañana el embajador mexicano, Gonzalo Martínez Corbalá, llegó con la intención de recoger a Neruda y a su esposa, Matilde Urrutia, para viajar hacia su país, tal y como habían acordado. El avión DC-8, desviado de una ruta comercial de Aeroméxico, con la valiosa colección de pinturas Carrillo Gil cargada, aguardaba en la pista de Pudahuel. Pero, por razones jamás explicitadas, Neruda no emprendió aquel día por segunda vez en su vida el camino del exilio, ya que solicitó al diplomático permanecer en su país hasta el lunes siguiente.
También llegaron a visitarle sus amigas Aída Figueroa, Delia Vergara, Maruja Vargas, el pintor Nemesio Antúnez o los dirigentes del Partido Demócrata Cristiano Radomiro Tomic y Máximo Pacheco. Después del almuerzo, aparecieron las últimas visitas del día: el embajador de Suecia, Harald Edelstam, y un diplomático de este país, Ulf Hjertonsson (amigo del poeta desde 1969), quien el día anterior había concertado la cita con Matilde Urrutia por teléfono.
Conocemos el contenido de aquella conversación por el testimonio de Ulf Hjertonsson (incluido en ‘Sombras sobre Isla Negra’) y sobre todo por dos documentos hasta ahora inéditos que se conservan en el Archivo Nacional de Suecia, en Estocolmo: el telegrama que el embajador Edelstam envió a su Cancillería aquella noche y el oficio de tres páginas fechado el 8 de octubre de 1973 que remitió igualmente a su Ministerio de Relaciones Exteriores.
En su cable del 22 de septiembre de 1973, Edelstam (declarado persona non grata por la junta militar en diciembre de aquel año y forzado a abandonar el país por su valentía y solidaridad con centenares de refugiados) explicó escuetamente que Hjertonsson y él habían visitado a Neruda a primera hora de la tarde y que el poeta se encontraba “muy enfermo” en la clínica, pero que, pese a ello, deseaba viajar a México el lunes 24.
En el oficio que envió a su Cancillería el 8 de octubre de 1973 encontramos más información sobre el estado del Premio Nobel de Literatura y el detalle de la conversación que mantuvieron: “A pesar de su grave enfermedad, Neruda habló sobre los acontecimientos en Chile y sobre el destino de muchos de sus amigos. Aunque el golpe militar no parecía haberle sorprendido, estaba indignado por la brutalidad de los militares. ‘¿Era realmente necesaria?’, se interrogó”. Y la respuesta a su propia pregunta fue, según indicó Edelstam: “Son peores que los nazis, asesinan a sus propios compatriotas”.
Este oficio es muy relevante porque es también un testimonio coetáneo sobre la situación de salud del poeta en los últimos días de su vida. Edelstam (fallecido en 1989) dejó constancia escrita de cómo le había encontrado la víspera de su muerte: “En su último periodo, él no estaba al tanto o no se daba cuenta de que sufría una enfermedad terminal. Neruda nos dijo que era el reumatismo lo que le imposibilitaba mover sus extremidades. Cuando lo visitamos, se estaba preparando de la mejor manera posible ya que en dos días iba a viajar (…) rumbo a México. Allí pensaba hacer una declaración expresando públicamente su condena al régimen militar”.
Y en la parte final de su informe, señaló: “Nuestra conversación tuvo lugar, sin embargo, tan solo un par de horas antes de que se quedase dormido en el coma del que nunca despertó. Murió a la noche siguiente, el 23 de septiembre”.
El lunes 24 de septiembre Harald Edelstam se dirigió a La Chascona, en las faldas del cerro San Cristóbal, para expresar sus condolencias a Matilde Urrutia. Allí declaró a un reportero de la televisión pública francesa: “Es una tragedia que haya muerto ahora. Él quería partir a México para hacer una declaración sobre los hechos trágicos que han sucedido aquí en Chile. Puede ver usted mismo cómo esta casa ha sido destruida por los militares. Es una cosa terrible”.
En su oficio del 8 de octubre de 1973 el embajador sueco se refirió también a la destrucción de La Chascona y al impresionante y conmovedor funeral de Neruda, en el que participó y del que resaltó que los asistentes tuvieron el coraje de cantar La Internacional.
El 26 de septiembre, el primer ministro Olof Palme, en su discurso en el Congreso de los trabajadores de la madera de Suecia, hizo suyo el dolor de la humanidad por la muerte del poeta de Isla Negra y expresó su enérgico rechazo a la actuación de la junta militar: “Estamos consternados e indignados ante los sucesos de Chile”.
19 de marzo de 2013
©la nación

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