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[Periodista. Infatigable defensor de las libertades civiles, ganó dos veces el Premio Pulitzer.]

[Emily Langer] Murió en su casa en Cambridge, Massachusetts, Anthony Lewis, infatigable defensor de las libertades civiles que se hizo conocido durante su carrera de medio siglo en el New York Times como uno de los más incisivos periodistas de tribunales de su generación y ganó dos veces el Premio Pulitzer. Falleció dos días antes de cumplir 86 años.
Su muerte se atribuyó a complicaciones de una insuficiencia renal y cardíaca, informó su hija Mia Lewis.
Para cuando se jubiló en 2001, Lewis era ampliamente reconocido como el decano de los columnistas liberales estadounidenses y había escrito un libro que es considerado como la versión seminal del histórico caso de la Corte Suprema de Estados Unidos, Gideon contra Wainwright.
Como columnista del Times durante treinta y dos años, escribió su libro más famoso sobre los derechos de la Primera Enmienda y el poder judicial estadounidense. En un hacinado campo de columnistas, muchos de los cuales son a veces seducidos por la grandilocuencia, Lewis se destaca por la consistente lucidez de su estilo literario y por su enfoque descriptivo.
Recibió su primer Premio Pulitzer por sus reportaje sobre temas nacionales en 1955, a los veintiocho años, cuando trabajaba para el desaparecido Washington Daily News.
El premio reconocía una serie de artículos que limpió a un empleado del Departamento de la Armada que había sido despedido por presuntos riesgos de seguridad durante la Amenaza Roja invocada por el entonces senador Joseph McCarthy (republicano de Wisconsin).
“Lewis recibió todo el apoyo de su diario en la defensa de un ciudadano estadounidense… contra un acto injusto de un departamento del gobierno”, se lee en el texto de Pulitzer. “Esto se corresponde con la mejor tradición del periodismo estadounidense”.
En 1963, cuando Lewis trabajaba como periodista para el Times, recibió su segundo Pulitzer, también por sus reportajes nacionales. La distinción elogiaba su cobertura de la Corte Suprema de Estados Unidos, y en particular del caso Baker contra Carr, la histórica decisión que está detrás de la doctrina “una persona, un voto” de la reforma electoral.
Considerados juntos, los dos Pulitzer reflejan los dos temas más sobresalientes de la carrera de Lewis: una auto-profesada afinidad con los marginales y un aparentemente infalible dominio de la ley, pese a su limitada formación formal en el campo. “Probablemente nací para ser abogado”, dijo una vez. “Pero las cosas no se dieron de ese modo”.
Lewis cubrió la Corte Suprema para el Times durante la mayor parte de los años de Warren en la corte, de 1953 a 1969, y al que atribuyeron haber fallado en algunos de los casos más influyentes del siglo veinte. Lewis llenaba páginas con análisis de los fallos días u horas antes de que emergieran de las salas de las cortes.
Una de esas decisiones fue la de Gideon, el caso de 1963 en el que el tribunal superior estableció el derecho de los acusados en un juicio penal que fueran indigentes, a su asesoría jurídica. Además del reportaje en la prensa, Lewis escribió un libro sobre el caso, ‘Gideon’s Trumpet’ (1964), que sigue siendo un puntal en la malla curricular de las facultades de derecho. En una película de 1980 basada en el libro [´La trompeta de Gedeon’], Henry Fonda representó a Clarence Earl Gideon.
Era un “jugador, vagabundo y un ex convicto”, escribió Lewis en una importante columna sobre la muerte de Gideon en 1972.
“Gideon debe haber parecido el más oscuro de los pacientes: un personaje demacrado, dejado de lado por la vida, sin dinero ni influencias”, continuó.
Comprensiblemente, fue una muerte que ocurrió casi imperceptiblemente. Pero Clarence Earl Gideon no era realmente tan oscuro ni insignificante. En su vida había, por decirlo así, cambiado la Constitución de Estados Unidos”.
Lewis cubrió el caso New York Times Co. contra Sullivan, la decisión de 1964 que limitaba las circunstancias en las que los funcionarios públicos podían demandar por injurias y calumnias. Lewis escribió más tarde el libro ‘Make No Law: The Sullivan Case and the First Amendment’. Este libro también encontró un lugar en las bibliografías de las escuelas de derecho.
Lewis empezó a escribir su columna, titulada ‘At Home Abroad’ o ‘Abroad at Home’, en 1969. En esta trataba temas relacionados con la libertad de expresión, libertad de prensa, derechos de los inmigrantes, el apartheid en Sudáfrica y el conflicto palestino-israelí. Algunos de sus últimos comentarios examinaron los dilemas jurídicos presentados por los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, y la Primera Enmienda en cuanto se relaciona con los periodistas y sus fuentes.
Lewis dijo que sacaba dos conclusiones de sus décadas de trabajo.
“Una es que la certeza es enemiga de la decencia y la humanidad en la gente que está segura de que tiene la razón”, dijo al Times cuando se jubiló. “Y la segunda es que, al menos para este país, dado el tipo de país turbulento, populoso y diversos que somos, la ley es absolutamente esencial. Y cuando los gobiernos toman atajos con la ley, es extremadamente peligroso”.

Joseph Anthony Lewis nació el 27 de marzo de 1927 en Nueva York y fue llamado Anthony desde el principio. Su padre era un ejecutivo en una industria textil; su madre, dijo, coqueteaba con el teatro.
Lewis estudió en la escuela particular Horace Mann de Nueva York, donde llegó a ser el editor del diario de la escuela y donde uno de sus compañeros fue Ray Cohn, el futuro asesor de las investigaciones anticomunistas de McCarthy.
Otro amigo de su juventud fue el futuro periodista y escritor Stanley Karnow, que murió en enero. Viajaron juntos a Europa durante una interrupción de su educación en la Universidad de Harvard, en la que Lewis era editor del Crimson y donde se licenció en inglés en 1948.
Lewis se describía a sí mismo como “un joven conservador”. Dijo al Times que se había interesado en las garantías de la Primera Enmienda debido a su profesión.
“Como periodista”, dijo en 2007, “vi una y otra vez lo mucho que necesitamos la libertad de criticar al gobierno para mantenerlo honesto”.
Se incorporó al personal del Times inmediatamente después de la universidad –había empezado en la universidad como el chico de los recados de la redacción- pero fue despedido al cuarto año. Fue un despido “amistoso”, dijo una vez al Boston Globe, y se marchó a la búsqueda de nuevas experiencias.
Trabajó para el Comité Nacional Demócrata y en la frustrada campaña presidencial de Adlai Stevenson en 1952 antes de ser contratado ese año por el Washington Daily News como periodista de asignación general. Estaba en una entrevista para una posición en el Times cuando alguien le informó que había recibido el Premio Pulitzer.
Pasó un año en Harvard como receptor de la prestigiosa beca Nieman para periodistas, preparándose académicamente para cubrir tribunales para el Times.
“No hay otra persona en tribunales que pueda llegar al punto esencial de un fallo con tanta precisión y en tan pocas palabras”, dijo una vez el juez Felix Frankfurter sobre la cobertura judicial del periodista.
El Globe informó que en 1964 Lewis fue dejado de lado para una posición como jefe de la agencia en Washington debido en parte a su estrecha relación con el entonces fiscal general Robert F. Kennedy. El trabajo se lo dieron a Tom Wicker, que murió en noviembre pasado.
Lewis fue nombrado jefe de la agencia en Londres. Allá escribió, entre otros artículos, el obituario de Winston Churchill en 1965. “Sir Winston Churchill ha muerto”, empezaba. “La gran figura que personificaba la resistencia contra la tiranía pasó a la historia esta mañana”.
Lewis también informó desde Vietnam durante ese tiempo y continuó escribiendo sobre la guerra como columnista. En un artículo de 1972 sobre los bombardeos norteamericanos de Vietnam, definió a Estados Unidos como “la potencia más peligrosa y destructiva del planeta”.
Henry Kissinger, secretario de estado y asesor de seguridad nacional del presidente Richard M. Nixon, dijo que Lewis “está siempre equivocado”.
“Probablemente debido a que escribí de un modo muy poco elogioso sobre él”, respondió Lewis en una entrevista de 2007 con el Times. “Hizo cosas que causaron mucho daño a otros humanos”.
Lewis enseñó durante muchos años en las universidades de Columbia y Harvard. Entre sus libros se encuentran ‘Portrait of a Decade’ (1964), sobre el movimiento por los derechos civiles, y ‘Freedom for the Thought That We Hate: A Biography of the First Amendment’ (2007).
Su primer matrimonio con la ex Linda Rannells, terminó en divorcio. Entre sus sobrevivientes se encuentran la que fue su esposa durante veintiocho años, Margaret H. Marshall, de Cambridge, ex presidente de la Corte Suprema de Massachusetts; tres hijos de su primer matrimonio -Eliza Lewis, de Newton Centre, Massachusetts; David Lewis, de Atlanta; y Mia Lewis, de Columbus, Ohio; y siete nietos.
En su última entrevista con el Times, Lewis observó que, después de presenciar las atrocidades del siglo veinte, había “perdido la fe en la idea del progreso”. Pero, agregó, no estaba dispuesto a “renunciar a la racionalidad”.
“Mira, ¿por qué he seguido escribiendo columnas en lugar de saltar desde el Puente George Washington?”, dijo. “Creo que vale la pena apelar a la razón”.
28 de marzo de 2013
25 de marzo de 2013
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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