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[Sorgues, Francia] [Madre francesa a juicio por camiseta fundamentalista de su hijo. En la imagen, la abogado Gaelle Genoun, derecha, sale del edificio del tribunal de Avignon el 19 de diciembre de 2012, con su defendida, la madre de un niño de tres años llamado Yihad, que nació un 11 de septiembre. La mujer será juzgada por enviarlo a la escuela con una camiseta que decía “Soy una bomba”.]

[Edward Cody] Una camiseta de manga corta llevada por un niño de tres años –Yihad- a su guardería, ha provocado un juicio inusual y políticamente cargado que pone en jaque los límites de la libertad de expresión –y del sentido común- en una Francia cada vez más incómoda con su creciente población musulmana.
“Soy una bomba”, se lee en la parte delantera de la camiseta. Por detrás, dice: “Yihad, Nacido el 11 de Septiembre”.
La fiscalía y la defensa han pronosticado ambos que es probable que el resultado se convierta en un precedente jurídico en momentos en que el poder judicial y el gobierno abordan las recurrentes fricciones entre la población musulmana de Francia (una minoría del ocho por ciento) y la mayoría que componen los 65 millones de habitantes que reconocen sus raíces en una antigua tradición cristiana.
Las tensiones se hacen cada vez más visibles ahora que soldados franceses luchan contra las guerrillas islámicas en Mali, en el noroeste de África, y las unidades antiterroristas de la policía peinan los suburbios pobres del país a la búsqueda de jóvenes musulmanes atraídos por el llamado a la guerra santa o por deseos de venganza.
Una célula islámica desbaratada en la cercana Marignane este mes, por ejemplo, se estaba preparando para hacer bombas y montar ataques terroristas en ciudades francesas, declararon las autoridades. En otro indicio de tensión, el tribunal supremo francés, la Corte de Casación, revocó la semana pasada un fallo de un tribunal de menor cuantía que endorsó el despido de una maestra de una guardería que se negó a quitarse el velo islámico que cubría su cabello.
El caso en Sorgues, una pequeña ciudad justo al norte de Avignon, donde Pablo Picasso y Georges Braque practicaban su arte cubista, empezó el 25 de septiembre en el lugar menos pensado: la guardería municipal Ramieres de Sorgues. Mientras vestía a los niños después de la pausa de almuerzo, una maestra se alarmó cuando vio la camiseta de Yihad.
Aunque el pequeño Yihad nació el 11 de septiembre, la maestra vio una escandalosa referencia a la guerra islámica y a los atentados de al Qaeda en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, que causaron la muerte de cerca de tres mil personas.
Preocupada, habló con el director, que estaba igualmente escandalizado y llamaron a la madre de Yihad: Bouchra Bagour, 35, francesa nacida en Marruecos.
Informada sobre la indignación que había causado la camiseta de Yihad, la madre soltera, que trabaja como secretaria, pidió perdón por causar molestias y dijo que no había tenido la intención de transmitir un mensaje político utilizando a su hijo. Prometió que Yihad no volvería a usar la camiseta.
Pero el problema no terminó ahí. El director escribió un informe a las autoridades escolares del distrito. Una copia del informe llegó a manos del alcalde Thierry Lagneau. El alcalde, del conservador partido Unión por un Movimiento Popular (UMP), dijo en una entrevista que consideraba que la camiseta era una “provocación” y se puso en acción de inmediato.
“Me dije a mí mismo, esto no lo podemos dejar pasar”, explicó Lagneau. “No sabía quién estaba detrás de esto, pero no podíamos desentendernos. Tenemos que fijar límites”.
El 29 de septiembre Lagneau escribió una carta al fiscal regional, Bernard Marchal, pidiendo una investigación por una posible causa criminal así como una investigación “exhaustiva” de las autoridades de bienestar infantil para determinar si Bagour era una madre apropiada. Si Yihad volvía a aparecer con la camiseta, amenazó el alcalde, el director tenía órdenes de no dejarlo entrar, “dada la actitud de sus padres, que no pueden negar, si son decentes, el dramático impacto que tienen sus actos”.

Preguntas Escandalosas
Poco después, Bagour y su hermano, Zeyad Bagour, 29, fueron llamados por separado por la policía nacional para ser interrogados sobre sus preferencias religiosas y políticas. La madre fue interrogada durante una hora, y fue dejada en libertad. El tío, que había comprado la camiseta en la cercana Avignon para regalársela a Yihad, dijo que estuvo retenido durante cuatro horas, más dos horas que estuvo en un calabozo.
“Las preguntas eran escandalosas”, dijo Soliman Makouh, abogado de Zeyad Bagour.
Zeyad Bagour, que nació en Francia y trabaja en el turno nocturno de un restaurante de comida rápida, dijo en una entrevista que le habían preguntado si acaso practicaba ardientemente su fe musulmana, si estaba interesado en el terrorismo islámico y si había viajado a Afganistán o países similares para contactarse con organizaciones yihadistas. Su único viaje reciente había sido a Ibiza, para unas vacaciones en la playa, dijo que contestó.
La pregunta más inquietante que hizo la policía, contó Makouh, se la hicieron a la madre y al tío: ¿Indujo Bagour el parto hace tres años para que Yihad naciera el 11 de septiembre? Ambos respondieron no.
Después de la investigación policial, no se les acusó de nada relacionado con el terrorismo. Pero el fiscal decidió imputar a Bagour y su hermano por “apología del delito”, una ley francesa promulgada en 1981 que incluye penas de prisión de hasta cinco años y una multa de 58 mil dólares.
“Nuestra sociedad no puede tolerar opiniones extremistas o equivalentes”, dijo Lagneau en una rueda de prensa después de la imputación de cargos. “Estoy convencido de que las personas en posiciones de autoridad deben actuar, denunciar, mostrar la mayor firmeza. Es nuestro deber. De otro modo, corremos el riesgo de banalizar hechos que son graves y reconocidos como tal por la fiscalía”.
Zeyad Bagour, un soltero que vive con su hermana y otros dos hermanos, dijo que tenía problemas en entender de qué se trataba todo el barullo. Compró la camiseta sin pensar en ningún mensaje político, dijo. La parte delantera llevaba las palabras “Soy una bomba”, pero la entendió como una expresión equivalente a “soy realmente guapo”. En cuanto a la parte de atrás, dijo, sólo quería poner el nombre de su sobrino y la fecha de nacimiento.
“Lo hice por atolondramiento”, dijo, disculpándose por la alarma que puede haber causado. “Ni siquiera era una broma”.

“No Hay Ambigüedad Posible”
Para Lagneau, sin embargo, la camiseta era más que una broma, incluso una mala broma: era un llamado deliberado a la guerra santa violenta. Contrató a un abogado y se unió a la acusación, convirtiendo el ayuntamiento en lo que la ley francesa se conoce como la “parte civil”, reclamando haber sufrido por el presunto delito.
“Sabían muy bien lo que estaban haciendo”, dijo. “No hay ambigüedad posible”.
El 6 de marzo, en un juicio de cuatro horas, el fiscal asistente Olivier Couvignou también retrató la camiseta como un mensaje político deliberado. “No hay nada inocente en estas palabras”, dijo, de acuerdo a partes periodísticos del juicio. Pidió a los jueces imponer una multa de cuatro mil dólares al tío y mil trescientos dólares a la madre.
Claude Avril, abogado de Lagneau, pidió casi la misma cantidad de dinero, pero desde entonces ha modificado su petición a un solo simbólico euro, de acuerdo al alcalde. De cualquier modo, el principal castigo, en caso de que se dicte condena, sería la hoja de antecedentes penales, lo que les haría difícil encontrar empleo y Bouchra y Zeyad Bagour terminarían probablemente en listas de personas peligrosas en aeropuertos de todo el mundo, dijo Soliman.
Soliman y Gaelle Genoun, el abogado de Bouchra, alegaron que ninguno de los acusados era militante ni tenían la intención de transmitir un mensaje político. La camiseta era un asunto privado, señalaron, lo que quiere decir que al hecho no se le puede definir como “apología del delito”.
Después de oír los alegatos, la corte tomó el caso en consideración y prometió su veredicto para el 10 de abril.
Makouh dijo que Lagneau estaba actuando por interés político, adulando a los votantes anti-inmigrantes para las próximas elecciones municipales el año que viene. Aunque conservador, Lagneau ha sido retado por el Frente Nacional, de extrema derecha. El frente es fuerte entre los 18.500 habitantes de Sorgues, y su estrella en alza, Marion Marechal-Le Pen, podría ser la candidata a la alcaldía, explicó Makouh.
“Esta zona es como Mississippi en Estados Unidos durante la lucha por los derechos civiles”, dijo.
6 de abril de 2013
22 de marzo de 2013
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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