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[Claudio Lísperguer] [Pieza publicada en la revista Pasaje (Ámsterdam, Países Bajos), número 49, verano de 1997].

Personajes:
ÁNGEL, MAGO MERLÍN, MINISTRO DE HISTORIA, PRISIONERA INGLESA, LOS CUATRO NINJAS, EMPERADOR PIPITOKO, NOVIO I, NOVIO II, FANTASMAS I-XI,
COMISARIO, GUARDIAS, SOLDADOS JAPONESES, CANGREJOS, ORCAS

ACTO I
Toda la acción del primer acto se desarrolla en una isla desconocida en el océano Atlántico. La isla tiene palmeras, playa y otra parafernalia costera. A ella llega el ÁNGEL, que es un náufrago del Titanic. En esta primera escena debe verse el transatlántico mismo y una toma en primer plano de la cubierta y del casco del buque: hombres y mujeres elegantemente vestidos como para una velada nocturna, algunos sentados, conversando o mirando el horizonte, camareros que pasan con bandejas. En el casco, y colgando del ancla, se sujeta un hombre. Arriba, apoyado contra la barandilla y sosteniendo un vaso de champaña en la mano, un ÁNGEL, acompañado por un CORO, canta ‘Adiós Argentina’, de Fernán Silva Valdés.

‘ADIÓS, ARGENTINA’
Tierra generosa
en mi despedida
te dejo la vida
temblando en mi adiós.
Me voy para siempre
como un emigrante
buscando otras tierras,
buscando otro sol.
Es hondo y es triste
y es cosa que mata
dejar en la planta
marchita la flor.
Pamperos sucios
ajaron mi china.
Adiós, Argentina,
te dejo mi amor.

Mi alma
prendida estaba a la de ella
por lazos
que mi cariño puro trenzó,
y el gaucho,
que es varón y es altanero,
de un tirón los reventó.
¿Para qué quiero una flor
que en manos de otro hombre
su perfume ya dejó?

Llevo la guitarra
hembra como ella;
como ella tiene
cintas de color,
y al pasar mis manos
rozando sus curvas
cerraré los ojos
pensando en mi amor.
Adiós, viejo rancho,
que nos cobijaste
cuando por las tardes
a verla iba yo.
Ya nada queda
de tanta alegría.
Adiós, Argentina,
vencido me voy.

La escena mostrará luego el hundimiento del barco y la huida del ÁNGEL. Al caminar abatido por la playa se encuentra con el MAGO MERLÍN, cuya figura semeja la de un brécol gigante.

MAGO MERLÍN.- Bienvenido. [Indicando el mar]. ¿Venía usted en el bote?
ÁNGEL.- Sí, en el transatlántico que iba con destino a París.
MAGO MERLÍN.- ¿Cómo logró cruzar hasta acá? Estamos bastante alejados.
ÁNGEL.- Nadando.
MAGO MERLÍN.- [Examinando sus plumas, sin creerle]. Ya lo veo.
ÁNGEL.- [Exhibiéndolas]. Nací con plumas.
MAGO MERLÍN.- [Intentando sacárselas, primero con suavidad]. ¿Conque nació con plumas, eh? [Le saca una].
ÁNGEL.- ¡Ay! ¿Qué hace?
MAGO MERLÍN.- Quería cerciorarme. Es la primera vez que veo a un ángel.
ÁNGEL.- Pero…, yo no soy un ángel.
MAGO MERLÍN.- ¿Conque pasó nadando, ah?
ÁNGEL.- Bueno, la verdad es que también usé mis plumas, a ratos.
MAGO MERLÍN.- Ya lo intuía.
ÁNGEL.- No las puedo usar por mucho tiempo… Están pegadas. Al embarcar en La Plata, caí del puente y me las mojé. El río está lleno de petróleo, ¿sabe usted?
MAGO MERLÍN.- Claro.
ÁNGEL.- Pero puedo volar un poco, solamente un poco. En realidad, mi vuelo actual parece más un brinco que otra cosa. [Intenta demostrarlo].
MAGO MERLÍN.- No tiene que convencerme. No es por eso que se lo decía.
ÁNGEL.- ¿Cómo?
MAGO MERLÍN.- No es por eso que… [Dejándolo de lado]. Nadie ha llegado antes aquí.
ÁNGEL.- Me parece, sin embargo, estar cerca de una ruta marítima.
MAGO MERLÍN.- Así es…, pero nuestra isla se encuentra rodeada de orcas caníbales.
ÁNGEL.- ¿Orcas… caníbales?
MAGO MERLÍN.- Quiero decir, carnívoras. Devoran todo lo que encuentran a su paso…, y viven rodeando la isla.
ÁNGEL.- [Mirando las aletas de orcas que se ven en el mar]. No me había dado cuenta… El último trayecto lo hice volando.
MAGO MERLÍN.- Eso lo explica todo. El territorio de las orcas termina a los cien metros. Desde ahí, por cincuenta metros más, hay dragones marinos que impiden que las orcas escapen. Se ven obligadas a alimentarse de lo que encuentran junto a tierra.
ÁNGEL.- ¿Dragones marinos? Nunca había oído hablar de ellos.
MAGO MERLÍN.- [Gesticulando]. Son inmensos, gigantescos y arrojan por el hocico un fuego pestilente.
ÁNGEL.- ¡Ag!
MAGO MERLÍN.- Pero tienen el seso de un canario. Según mis conocimientos es posible cruzar la franja ocupada por ellos, pero evitar a las orcas ha resultado imposible.
ÁNGEL.- Me imagino.
MAGO MERLÍN.- Más allá de los dragones la isla está rodeada de pirañas de mar, igualmente gigantescas y con varias dentaduras a lo largo del cuerpo.
ÁNGEL.- ¡Qué horror!
MAGO MERLÍN.- Además de una detrás de la oreja.
ÁNGEL.- ¡No me diga!
MAGO MERLÍN.- Ah, si yo le contara.
ÁNGEL.- La isla está rodeada de peligros.
MAGO MERLÍN.- Así es. [Se oye el trino del dragón]. Ah, ahí tiene a uno.
ÁNGEL.- ¿Es un dragón lo que canta?
MAGO MERLÍN.- Así canta cuando acaba de alimentarse.
ÁNGEL.- Ah.
MAGO MERLÍN.- Con el naufragio tan cerca de aquí lo oiremos por varios días.
ÁNGEL.- Qué espanto.
MAGO MERLÍN.- Más allá del círculo de las pirañas de mar se encuentran los tiburones alados, igualmente carnívoros y temibles.
ÁNGEL.- Qué barbaridad.
MAGO MERLÍN.- Sin embargo, son tan enamoradizos que, en teoría, sería posible cruzar su franja de mar sin que nos advirtieran.
ÁNGEL.- Es realmente increíble todo lo que me cuenta.
MAGO MERLÍN.- Así es. Es muy curioso que haya podido usted llegar a la isla sin sufrir… daños.
ÁNGEL.- Ya se lo dije: el último trayecto lo hice volando. O brincando, si quiere. No puedo volar bien. No me di cuenta de que había orcas caníbales en el mar.
MAGO MERLÍN.- ¿Usted no es un ángel?
ÁNGEL.- Le juro que no.
MAGO MERLÍN.- ¿El bote iba a París, dice usted?
ÁNGEL.- No lo digo yo: iba a París.
MAGO MERLÍN.- Y, ¿qué hacía usted en él?
ÁNGEL.- ¿Qué hacía? Evidentemente, era uno de los pasajeros.
MAGO MERLÍN.- Ya lo creo, pero le pregunto por qué iba usted a París.
ÁNGEL.- Se lo explicaré. [Se aleja unos pasos y comienza a cantar ‘Tristeza marina’, de Horacio Sanguinetti].

TRISTEZA MARINA
“Tú quieres más el mar”,
me dijo con dolor,
y el cristal de su voz se quebró.
Recuerdo su mirar
con luz de anochecer,
y esta frase como una obsesión:
“Tienes que elegir entre tu mar y mi amor”.
Yo le dije: “No”,
y ella dijo: “Adiós”.
Su nombre era Margó.
Llevaba boina azul
y en su pecho colgaba una cruz.

Mar…
Mar, hermano mío…
Mar…,
en tu inmensidad
hundo con mi barco carbonero
mi destino prisionero
y mi triste soledad.
Mar…
Yo no tengo a nadie…
Mar…
Ya ni tengo amor…
Sé que cuando al puerto llegue un día
esperando no estará Margó.

Mi pena es tempestad
que agota el corazón
con el viento feroz del dolor.
Jamás la olvidaré
y siempre escucharé
sus palabras como una obsesión:
“Tienes que elegir entre tu mar y mi amor”.
Triste dije: “No”.
Su nombre era Margó.
Llevaba boina azul
y en su pecho colgaba una cruz.

A medida que canta, los GUARDIAS y otros personajes se van acercando a la playa, rodeándolos y mirando con curiosidad.

MAGO MERLÍN.- ¿Se subió al barco por una pena de amor? Para olvidar a Margó, seguramente.
ÁNGEL.- Sí. Esta canción la canto a menudo. Quiero decir, me pasa a menudo.
MAGO MERLÍN.- Ya lo veo.
ÁNGEL.- Quiero decir…, estoy obligado a viajar por los mares del mundo… No puedo establecerme en ningún lugar. Soy un pájaro errante.
MAGO MERLÍN.- ¿Es usted migratorio?
ÁNGEL.- Así es. Vuelo…, viajo de puerto en puerto a la búsqueda de…
MAGO MERLÍN.- ¡De otra Margó!
ÁNGEL.- No. No sé si usted comprendería…
MINISTRO.- [Acercándose]. Inténtelo.
MAGO MERLÍN.- [Presentándoles]. El cosmólogo, consejero y ministro de Historia. [Volviéndose al ÁNGEL].
ÁNGEL.- Eh…, encantado. Angelino, para servirle. ¿Es usted… ministro de qué?
MINISTRO.- Encantado.
MAGO MERLÍN.- De Historia.
ÁNGEL.- ¿Ministro de Historia? Nunca había oído hablar de…
MINISTRO.- Ya lo entenderá. La naturaleza de nuestros soberanos nos obliga a modificar constantemente el pasado.
MAGO MERLÍN.- Pero, prosiga. Viaja usted por el mundo a la búsqueda de…
ÁNGEL.- ¡Del asesino de mi padre!
MAGO MERLÍN.- ¿Del asesino de su padre?
MINISTRO.- ¿Su padre fue asesinado?
ÁNGEL.- Sí. Su cadáver fue encontrado en los muelles de Buenos Aires cuando tenía yo apenas cinco años. Mi madre se casó al poco tiempo…, a la semana en realidad, con mi tío, el hermano de mi padre. Cuando tenía nueve años se me apareció por primera vez…
MINISTRO.- ¡Una historia de aparecidos!
ÁNGEL.- No, en absoluto.
MAGO MERLÍN.- Deje que termine con su historia.
ÁNGEL.- Se trata del fantasma de mi padre. Se me aparece de vez en cuando diciéndome que su hermano lo mató para casarse con mi madre.
TODOS.- ¡Ah!
ÁNGEL.- Mi padre estaba en cama con gripe. Me dice el fantasma que lo ahogó en una sopera mientras pretendía servirle una sopa de pollo, que, había dicho, le repondría.
TODOS.- ¡Crueldad infinita!
ÁNGEL.- Y era su mejor amigo.
MINISTRO.- Suele ocurrir…, también aquí hay que cuidarse de los mejores amigos.
ÁNGEL.- Y que le tengo que vengar. Que tengo que matarlo. Eso explica todo.
MINISTRO.- Explica todo…, ¿qué?
ÁNGEL.- Porque debo viajar por el mundo.
MAGO MERLÍN.- No le entiendo.
ÁNGEL.- Es que mi tío es marino y viaja por el mundo. Habiéndome enterado de que se marchaba a París, me subí al mismo barco.
MINISTRO.- Habrá muerto, sin duda.
MAGO MERLÍN.- A esta altura debe reposar en el estómago de algún dragón.
TODOS.- O en el de alguna piraña.
ÁNGEL.- Pero no tengo ninguna certeza. Si no encuentro sus restos, deberé seguir viajando por el resto de mi vida.
TODOS.- Su cadáver no aparecerá.
MINISTRO.- Debe de ser terrible vivir con semejante fantasma de padre.
ÁNGEL.- Siempre he tenido dudas, ¿sabe? Yo era muy pequeño entonces… Según mi madre, mi padre era un tipo repugnante. Tenía pelos encima de la nariz… que se negaba a sacarse.
TODOS.- ¡Es un asco!
MINISTRO.- Y, ¿no viaja su madre con usted?
ÁNGEL.- Ha vuelto a casarse. Ahora, hace un par de horas, se me ha aparecido el fantasma de mi tío pidiéndome que vengue su muerte.
MAGO MERLÍN.- ¡A manos de su otro tío!
ÁNGEL.- Luego de amarrarlo, el hermano le puso la cabeza en el microondas.
TODOS.- ¡Ah, bellaco!
ÁNGEL.- Así es. Murió a manos de su propio hermano, o sea, de mi otro tío.
MAGO MERLÍN.- Pero, ¿no viajaba su tío en el Titanic?
ÁNGEL.- Así es. El fantasma me dijo que el nuevo amante de mi madre había puesto una bomba debajo del casco…
MAGO MERLÍN.-… ¡Para matarlo!
ÁNGEL.- Así es.
MINISTR0.- Así que también tiene que matar al nuevo marido de su madre.
ÁNGEL.- Sí, a su nuevo marido, que resulta ser, como le digo, mi segundo tío… En otras palabras, el hermano gemelo de mi primer tío.
MAGO MERLÍN.- Es complicada su historia, monsieur Angelino.
MINISTRO.- Me hace recordar un famoso caso danés…, de hace un par de siglos.
ÁNGEL.- Ojalá fuera eso.
MAGO MERLÍN.- ¿Hay más?
ÁNGEL.- Mi abuelo, que acaba de morir en el hospicio, se me ha aparecido diciéndome que lo del crimen de mi padre son inventos.
MINISTRO.- ¡Me lo sospechaba!
MAGO MERLÍN.- ¡Inventos de su padre!
ÁNGEL.- Sí. Me dijo, en realidad, que mi padre murió de espanto una noche que paseaba por el muelle.
MAGO MERLÍN.- ¿De espanto?
ÁNGEL.- Sí. Cuando paseaba por el malecón se le apareció el fantasma de su tío, pidiéndole que vengara su muerte a manos del amante de su esposa.
TODOS.- ¡Pero, es increíble!
ÁNGEL.- Al ver al fantasma se asustó y cayó al mar.
TODOS.- ¡No puede ser!
ÁNGEL.- Y fue devorado por un pejerrey gigante que pasaba la noche en el lugar.
TODOS.- ¡Oh!
ÁNGEL.- Ah, es que en mi país es una historia conocida. Vea usted, el presidente de la república es un descendiente del general San Martín.
MAGO MERLÍN.- ¡No me diga!
ÁNGEL.- Sí. Pues bien, se le aparece el fantasma de San Martín y le pide que vengue su muerte a manos ¡Bernardo O’Higgins, el chileno!
TODOS.- ¡Oh!
ÁNGEL.- Que lo mató, dice, asándolo al palo, con abundante perejil, en un paso fronterizo.
TODOS.- ¡Ah!
ÁNGEL.- Y el fantasma de O’Higgins, a su vez, se le apareció al general Perón diciéndole que vengara su muerte a manos del inca Tupac Cacac Tictac.
MAGO MERLÍN.- Que, a su vez…
ÁNGEL.- ¡Exactamente!
MINISTRO.- ¿Y su madre, dónde está?
ÁNGEL.- No lo sé. Después de todos esos crímenes y apariciones no sé dónde ha quedado. [Se aparta un poco y canta ‘¡Por qué la quise tanto!’, de Rodolfo Taboada].

‘¡POR QUÉ LA QUISE TANTO!’
Remotos bandoneones
despliegan en la noche
sus pájaros de brumas
y un coro de fantasmas,
que gritan en las sombras,
preguntan y preguntan,
preguntan por qué lloro,
preguntan por qué canto,
por qué no la maldigo,
por qué la quise tanto…, tanto…

Yo sé que fue el remanso de mi vida gris,
que en el calvario de mis días fue una tibia luz,
que bendigo esta negra cruz,
que está aquí y está ausente
y sangra en mis labios desesperadamente.

Las sombras implacables
jugando con mi angustia
me acosan y preguntan,
preguntan por qué en vano
la espero todavía,
por qué vivo soñando
que alguna vez fue mía…, mía…

MAGO MERLÍN y MINISTRO.- ¡Su madre se escapó con los fantasmas!
ÁNGEL.- ¡Ojalá se hubiese escapado con ellos! La verdad es que después de todas estas historias de culo no sé a quién matar.
MAGO MERLÍN.- Aquí, con nosotros, no tendrá que matar a nadie.
ÁNGEL.- Con ustedes…
MINISTR0.- Con nosotros… ¡Usted nos ha caído del cielo!
MAGO MERLÍN.- No porque sea un ángel, ¿entiende usted?
ÁNGEL.- Pero, ¡yo no soy un ángel!
MINISTRO.- Qué más da…
MAGO MERLÍN.- Hace un año que nos encontramos sin rey…
ÁNGEL.- ¿Sin rey? Pero, ¿dónde estoy, exactamente?
MAGO MERLÍN.- Es, igualmente, una historia complicada, pero usted entenderá. [Hacia el MINISTRO]. Señor ministro…
MINISTR0.- Eh, verá usted… ¿Habrá observado, ciertamente, que tenemos un ligero aire vegetal?
ÁNGEL.- [Titubeando]. Sí… Ya que usted lo menciona, me libera de la imprudencia de preguntárselo.
MINISTRO.- Yo mismo tengo un terrible aspecto de melón, ¿no le parece?
ÁNGEL.- Sí, justamente, de melón.
MINISTR0.- Observe bien. [Mostrándole a los otros]. El mago tiene aspecto de brécol. [Otro]. El secretario, de mazorca de maíz. [Otro]. El juez, de zanahoria. [Otro]. De patata…, de espárrago…, de lechuga turca… [Observándole]. ¿Qué le parece a usted?
ÁNGEL.- ¿Qué me parece qué? Todos ustedes tienen un cierto aire vegetal, como dice usted.
MINISTRO.- Sí, sí, pero ¿cómo llegamos a esto? ¿Cómo se lo explica? ¿Somos vegetales o humanos?
ÁNGEL.- Y usted, ¿qué cree que soy yo?
MINISTRO.- Conteste mi pregunta.
ÁNGEL.- No sabría decirle. En mi país tenían a veces problemas en clasificarme como humano o como pájaro.
MINISTRO.- Ya, verá usted: tampoco nosotros lo sabemos. Nuestra isla yace abandonada en el Océano Atlántico y no tenemos contacto con el mundo exterior.
ÁNGEL.- Ya lo creo. Con las orcas caníbales…
MINISTRO.- Justamente.
ÁNGEL.- Los dragones y las pirañas… Los tiburones…
MAGO MERLÍN.- Y esas dos cosas, dice el señor ministro, están relacionadas.
ÁNGEL.- ¿Relacionadas? ¿Las orcas con… qué?
MINISTRO.- Con nuestra condición de semivegetales.
ÁNGEL.- No me diga usted.
MINISTRO.- Se lo digo. Escuche usted: esta isla está protegida, por decirlo así, por el cerco de orcas, dragones, pirañas y tiburones. Nadie puede llegar, nadie puede salir.
ÁNGEL.- Y, ¿entonces?
MINISTRO.- Hemos comenzado a evolucionar… Vea usted, para escapar al destino de comida de orcas, en el curso de los últimos milenios nos hemos ido transformado… en vegetales.
ÁNGEL.- ¿Las orcas no comen vegetales?
MINISTR0.- [Gesticulando con las manos]. Hmm, sí. Pero, en verdad, son carnívoras… No le he dicho todo.
ÁNGEL.- Soy todo oídos.
MINISTRO.- En nuestro reino sólo los extranjeros pueden ser reyes.
ÁNGEL.- No sé si debo sorprenderme. Los reyes son habitualmente extranjeros en todas partes…
MAGO MERLÍN.- Nuestra Carta Fundamental establece que nuestro rey debe ser un hombre…, y nosotros somos prácticamente vegetales.
MINISTRO.- De tal modo que nuestros soberanos deben ser, por necesidad, extranjeros.
ÁNGEL.- Y eso me hace un rey.
MINISTRO.- Exactamente. Nuestro último rey murió el año pasado; desde entonces nos encontramos sin soberano.
MAGO MERLÍN.- Era insoportable, un árabe que había trabajado de figurante en una película de Hollywood.
ÁNGEL.- No me diga.
MINISTRO.- Lo descubrimos tejiendo un tapete. Según decía él, el tapete podía volar.
ÁNGEL.- Qué ingenioso… [Receloso]. ¿Y el tapete?
TODOS.- ¡Nous l’avons mangé!
MAGO MERLÍN.- ¿Le interesan los aparatos voladores?
ÁNGEL.- No, en absoluto… Y el rey, ¿cómo murió?
MAGO MERLÏN.- ¡Ah, tuvo una muerte atroz!
MINISTRO.- Nuestra Señora Orca lo agarró por la cabeza y le dio una sola dentellada.
MAGO MERLÍN.- De los terribles dientes de Nuestra Señora Orca se veían apenas sus patitas.
ÁNGEL.- ¿Nuestra Señora Orca? ¿Me toma usted el pelo?
MINISTRO.- Ya temía yo que usted no entendiera.
ÁNGEL.- Pero, ¿quién va a creer una historia así? [Hacia el público]. ¡Caí en un manicomio de católicos franceses!
MINISTRO.- Pues, vea usted: Nuestra Señora Orca es la diosa que domina todos estos mares y a quien prestamos culto y tributo.
TODOS.- ¡Amén! ¡Alabada sea Nuestra Señora Orca!
ÁNGEL.- ¡Faltaba más!
MINISTRO.- No le he dicho todo: es ella quien ha impuesto la costumbre de tener sólo reyes extranjeros.
ÁNGEL.- [Impaciente]. Ya, ya. [Mirando hacia el cielo]. Sólo reyes extranjeros…
MINISTRO.- La principal función de los reyes extranjeros es la de suministrar a Nuestra Señora Orca vírgenes cada año, con ocasión del solsticio de verano.
ÁNGEL.- [Inquieto]. El solsticio de verano…
MINISTRO.- Y cuando el rey fracasa en obtener vírgenes…
TODOS.- ¡Nuestra Señora Orca lo devora vivo!
ÁNGEL.- No me diga más. Es por eso que han decidido transformarse en vegetales: así eluden la obligación del sacrificio.
MAGO MERLÍN.- Así es. [Indicando]. Allá, detrás de esas colinas, viven unas tribus enemigas. Nos hacemos guerra para obtener prisioneras vírgenes.
ÁNGEL.- Y en las guerras se obtienen prisioneros para los sacrificios.
MINISTRO.- Sí, ¿cómo lo sabe?
ÁNGEL.- Intuición.
MINISTRO.- Y las vírgenes se ofrecen a Nuestra Señora Orca.
TODOS.- ¡Que alabada sea!
ÁNGEL.- Y la señora orca, ¿quién será?
MAGO MERLÍN.- Nuestra Señora Orca, la que domina nuestros mares.
ÁNGEL.- ¿Una especie de virgen?
MINISTRO.- Justamente, una especie de virgen.
ÁNGEL.- ¿Madre de Dios, acaso?
MAGO MERLÍN.- No, en absoluto. Es una diosa… virgen.
ÁNGEL.- Ya entiendo. Y hace milagros.
MINISTRO.- Muy de vez en cuando.
ÁNGEL.- [Distraídamente]. ¿A qué hora pasa el ferry?
TODOS.- ¿El ferry?
ÁNGEL.- Sí, el ferry. Ya estoy harto de esta historia. Quiero volver a Buenos Aires.
TODOS.- ¿A Buenos Aires?
ÁNGEL.- Sí, a Buenos Aires. [Se aparta un poco y canta ‘Buenos Aires’, de Manuel Romero].

‘BUENOS AIRES’
Buenos Aires, la reina del Plata,
Buenos Aires, mi tierra querida,
escuchá
mi canción,
que con ella va mi vida.
En mis horas de fiebre y orgía,
harto ya de placer y locura,
yo pienso en ti, patria mía,
para calmar mi amargura.

Noches porteñas,
bajo tu manto
risas y llantos
muy juntos van.
Risas y besos,
farra corrida,
todo se olvida
con el champán.
Y a la salida
de la milonga,
llora una nena
pidiendo pan…
¡Por algo es que en el gotán
siempre solloza una pena!…

Al compas rezongón de los fuelles
un bacán a su mina la embrolla
y el llorar
del violín
va pintando el alma criolla.
Buenos Aires, cual a una querida,
si estás lejos, mejor hay que amarte
y decir toda la vida
antes morir que olvidarte.

MAGO MERLÍN.- Puede decir todo lo que quiera sobre Buenos Aires, pero aquí no hay ferry.
ÁNGEL.- Alguien tendrá que venir de vez en cuando, ¿no? ¿Quién los suministra a ustedes?
MINISTRO.- Suministro de nada, Angelino. Le hemos contado la verdad.
ÁNGEL.- ¿Qué? ¿Debo creer que ofrendan ustedes vírgenes a una diosa marina?
MAGO MERLÍN.- No lo decimos así, pero efectivamente. Nosotros la suministramos de vírgenes y Nuestra Señora Orca permite que pesquemos en el mar.
ÁNGEL.- Ya lo decía yo: lo de las orcas caníbales era un cuento.
MINISTRO.- No, es simplemente que Nuestra Señora Orca…
TODOS.- ¡Que alabada sea!
MAGO MERL N.- nos protege de las orcas cuando salimos a pescar.
ÁNGEL.- Pero, ¿no es ella una orca?
MAGO MERLÍN.- Pero, ¿nada sabe usted de la historia de las religiones? [Apresurado].
TODOS.- ¿No son todas más que metáforas?
MAGO MERLÍN.- Hay dioses de todas las formas: toros, hienas, serpientes, viejos travestis, extraterrestres… Vea usted, ¿no dicen algunos cristianos que su dios proviene de una estrella de otra galaxia?
ÁNGEL.- Será como usted dice.
MINISTRO.- Sin embargo, no le engañamos.
ÁNGEL.- [Al público]. Debo escapar de aquí. [A los personajes]. Ha sido un placer… este encuentro. [Camina por la playa hasta el momento en que, junto a él, un CANGREJO, que es una boca de cangrejo gigantesca llena de dientes y pelos, emerge de la arena y, de un mordiscón, le arranca un brazo al MAGO MERLÍN]. ¡Agg!
MAGO MERLÍN.- [Mientras salta hacia atrás y se toca el muñón]. ¡Ay
MINISTRO.- ¡Le arrancó un brazo!
TODOS.- ¡Nuestro Santo Patrono el Cangrejo Subterráneo!
ÁNGEL.- Pero, ¿qué es esto?
MAGO MERLÍN.- [Pasándoselo]. Mi brazo.
ÁNGEL.- [Retrocediendo y arrojando el brazo, que, al caer, es devorado por otro CANGREJO]. ¡Agg!
MAGO MERLÍN.- No se preocupe por mi brazo. Como somos vegetales, nuestros miembros mutilados vuelven a crecer con gran rapidez.
ÁNGEL.- Quiero decir, ¿qué era eso?
MAGO MERLÍN.- Un santo.
ÁNGEL.- ¿Un santo?
MINISTRO.- Nuestra Señora Orca tiene una corte compuesta de Nuestros Santos Patronos los Cangrejos Subterráneos.
MAGO MERLÍN.- Responsables de las lluvias y de los cultivos, como intuirá.
ÁNGEL.- Pero, ¡están más locos que cuando llegué!
MINISTRO.- La isla está poblada de…
ÁNGEL.- … cangrejos gigantes, ya me enteré.
MAGO MERLÍN.- Y no todo el mundo sabe dónde viven, ¿me entiende? Emergen de repente y atacan.
MINISTRO.- Yo, a veces, presiento su emergencia.
MAGO MERLÍN.- Yo también. Esta vez no.
ÁNGEL.- Pero, ¡es algo salvaje!
MINISTRO.- Como dice mi madre: ¡Si caminas sin tuición, morirás de un mordiscón!
TODOS.- ¡De un mordiscón!
ÁNGEL.- ¡Insólito!
MAGO MERLÍN.- Toda la isla está poblada de Santos Patronos. Huir es imposible.
ÁNGEL.- [Que, al intentar dar otro paso, ve un CANGREJO emerger de la arena dando dentelladas]. ¡Dios me libre!
MINISTRO.- Sólo yo, o el mago Merlín pueden llevarle seguro a la ciudadela.
MAGO MERLÍN.- De otro modo, perdería todos sus miembros antes de llegar siquiera al malecón.
ÁNGEL.- [Que, al intentar dar otro paso, ve un CANGREJO emerger de la arena dando dentelladas]. ¡Agg! [Intenta huir hacia el mar, donde aparecen ORCAS dando dentelladas]. ¡Estoy perdido!
MINISTRO.- Al fin comprende, Angelino. [Acercándose a él, pero dirigiéndose al MAGO MERLÍN]. ¡La corona!
MAGO MERLÍN.- [Sacando una corona de sus ropas y coronando al ÁNGEL]. ¡Viva el rey!
TODOS.- ¡Viva el rey!
ÁNGEL.- [Resignado]. ¡Viva el rey!

En ese momento, aparece una avioneta en el cielo, que cae estrepitosamente. Los personajes miran la escena.

ÁNGEL.- [Apartándose, canta ‘Cuando el corazón’, de Carmelo Santiago].

‘CUANDO EL CORAZÓN’
Una estrella que cayó del firmamento,
hecha carne por milagro de la vida
en momentos en que mi alma estaba herida,
con sus luces mi destino iluminó.
Hoy no siento ya el dolor de mis heridas.
Todo es alegría, un canto de amor.

Cuando el corazón,
cuando el corazón nos habla de un amor,
revive la fe, florece la ilusión.
Cuando el corazón recuerda a una mujer
la vida es gozar y el vivir querer.
Cuando el corazón palpita con ardor,
todo es risa y luz, en todo hay emoción,
canto a la esperanza, fe en el porvenir;
amar a una mujer, eso es vivir.

Cascabeles de cristal hay en tu risa
y caricia es el calor de tu mirada.
En tu boca de coral está engarzada
de un beso la ternura angelical.
Una estrella que cayó del firmamento
inspiró mi verso con su titilar.

MAGO MERLÍN.- ¿Qué fue eso?
GUARDIA 1.- ¡Ha caído un avión!
ÁNGEL.- ¡Una estrella!
MINISTRO.- ¿Una estrella? A mí me pareció una avioneta.
GUARDIA 2.- ¡Lo pilotaba una mujer!
GUARDIA 1.- ¡Una mujer rubia de largas trenzas!
TODOS.- ¡De largas trenzas!
MINISTRO.- ¡Escapando de un pasado pecaminoso!
GUARDIA 1.- El avión ha prendido fuego.
GUARDIA 2.- Morirá abrasada por las llamas.
MAGO MERLÍN.- Quizá cayó en territorio enemigo.
ÁNGEL.- ¡Su fantasma me pedirá que vengue su muerte!
GUARDIA 1.- ¡Hay un paracaídas colgando de un árbol!
GUARDIA 2.- ¡Mira hacia acá con un catalejo!
TODOS.- ¡Es una espía!
GUARDIA 1.- ¡Comienza a depilarse!
MAGO MERLÍN.- Y, ¿qué hacen, mentecatos? ¡A correr! ¡Llamad, llamad a los bomberos! [Salen].

ACTO II
La isla. Hay una torre de un castillo, a cuya ventanilla se asoma la PRISIONERA INGLESA. Sus largas trenzas rubias cuelgan hasta el suelo. Se ve en el prado, en los alrededores de la torre, al ÁNGEL, al MINISTRO, al MAGO MERLÍN y algunos GUARDIAS.

ÁNGEL.- ¡Es una historia increíble!
MAGO MERLÍN.- Así es. Una inglesa aristocrática en viaje a la Argentina…
MINISTRO.- … por falta de combustible cae en nuestra isla.
ÁNGEL.- ¡Es increíble!
MAGO MERLÍN.- Así es. Desciende, según dice, de una antigua familia noble. Vamos a acercarnos. [Se acercan a la torre].
ÁNGEL.- Es una mujer verdaderamente bella.
TODOS.- ¡Tiene los ojos rasgados!
MINISTRO.- Ya la hemos hecha prisionera.
MAGO MERLÍN.- E interrogado. Su tío murió en la Torre de Londres…
MINISTRO.- … Intoxicado con una sopa de lentejas.
MAGO MERLÍN.- Es que el fantasma de Lola Montes le había puesto veneno en el potaje.
ÁNGEL.- ¿Lola Montes?
MINISTRO.- Sí, enviada por el rey Ludwig de Baviera.
ÁNGEL.- También se me ha aparecido a mí pidiéndome que vengue su muerte y que mate…
TODOS.- ¡Al canalla de Rasputín!
MAGO MERLÍN.- Ya le contaremos detalles. [Mirando al cielo]. Tenemos mucho que hacer todavía.
MINISTRO.- Su destino no está aún determinado.
MAGO MERLÍN.- Es preciso llamar a reunión de gabinete.
MINISTRO.- [Saca un pito y lo toca]. ¡Reunión de gabinete! [Sus acompañantes y GUARDIAS rodean al MAGO MERLÍN con signos de gran excitación].
TODOS.- ¡Y debe ser secreta! [Se apartan y forman un grupo. Desde allí se oirán solamente susurros. El ÁNGEL se acerca a la torre].
ÁNGEL.- [Dirigiéndose a la PRISIONERA INGLESA]. ¿Do you speak Spanish?
PRISIONERA INGLESA.- Perfectamente. [Solemne]. Me crié en un cafetín de un suburbio del Gran Buenos Aires.
ÁNGEL.- ¿Se encuentra usted bien? Pensábamos que había caído en territorio enemigo.
PRISIONERA INGLESA.- Caí en un árbol.
ÁNGEL.- Se creyó que podía usted ser una espía.
PRISIONERA INGLESA.- Ya me lo han hecho saber.
ÁNGEL.- Al caer, sacó usted un catalejo.
PRISIONERA INGLESA.- Así es, y ya lo he explicado. Cuando estaba entre las ramas vi pasar un canarito extraño y creyendo encontrarme ante una especie desconocida no pude contener mi curiosidad. Es que soy ornitóloga.
ÁNGEL.- Una nueva especie de canario…
PRISIONERA INGLESA.- Así es. Se trata efectivamente de una nueva especie de canario…, con dientes.
ÁNGEL.- ¡Dientes! Acá todo parece tener dientes. ¡Es increíble! En las arenas de la isla viven cangrejos… con dientes; en el mar, orcas, pirañas, dragones y tiburones… con dientes; en las montañas, enemigos… con dientes. Hay incluso algunos árboles con dientes. Y los habitantes mismos, que son mitad vegetales, exhiben todos poderosos dientes.
TODOS.- [Haciendo castañear los dientes]. ¡Ta, ta, ta! ¡Ta, ta, ta!
PRISIONERA INGLESA.- ¿Ha recorrido la isla?
ÁNGEL.- Apenas puedo moverme. Sólo los nativos saben por dónde aparecen los cangrejos y se niegan a darme un plano. Solo no puedo dar ni un paso.
PRISIONERA INGLESA.- La vi desde el aire… Tiene forma de boca… con dientes.
ÁNGEL.- Los dientes a los que usted se refiere deben de ser los moais de los lugareños, esas piedras blancas gigantescas.
TODOS.- ¡Como en Isla de Pascua!
PRISIONERA INGLESA.- Los moais son en realidad dientes de dinosaurios.
ÁNGEL.- Vea usted.
PRISIONERA INGLESA.- Eso de que son semivegetales es verdad. Desde aquí, por la otra ventana que da al campo, veo sus jardines.
ÁNGEL.- ¡Aún no me los muestran a mí!
PRISIONERA INGLESA.- Pequeñas plantaciones… Espantapájaros… Algunos sauces llorones… Cada día aparece algún guardia a regar las plantas. Hay de todo: coliflor, brécol, tomate…, quiero decir, por la mitad…
ÁNGEL.- Claro, por la mitad. La mitad humana es la que está plantada en la tierra.
PRISIONERA INGLESA.- Así es. Arman unos barullos terribles. Al llegar a los tres años, se desprenden y emprenden el camino de la ciudadela.
ÁNGEL.- ¡Como las tortugas!
PRISIONERA INGLESA.- Exactamente.
ÁNGEL.- ¿Viajaba usted a la Argentina?
PRISIONERA INGLESA.- A la Argentina… después de cumplir en Inglaterra un mandato de mi padre.
ÁNGEL.- Soy todo oídos.
PRISIONERA INGLESA.- Se me apareció el fantasma de mi padre.
ÁNGEL.- ¡Como a mí!
PRISIONERA INGLESA.- Exigiéndome que matara al amante de mi madre para vengar su muerte. Me dijo, a decir verdad, que el amante de mi madre lo había matado.
ÁNGEL.- ¡Increíble!
PRISIONERA INGLESA.- Poco después de su muerte, viajamos, mi madre y yo, a Inglaterra para reponernos de las penas pasadas. Una noche, cuando creía yo que mi madre se encontraba en la ópera, se me apareció el fantasma de mi padre diciéndome que el amante de mi madre lo había matado durante el safari que emprendieron por la obscura África.
ÁNGEL.- ¡Ah, la negra África!
PRISIONERA INGLESA.- Allá, en una selva lujuriante, le perforó el riñón con un diente de foca y acto seguido lo ató a cuatro estacas en el suelo, luego de lo cual le cubrió el cuerpo con miel. ¡Fue devorado vivo por las hormigas!
ÁNGEL.- Mi padre parece haber tenido una muerte aún peor.
PRISIONERA INGLESA.- Me dice mi padre…
ÁNGEL.- El fantasma de su padre.
PRISIONERA INGLESA.- Sí, el fantasma de mi padre… Me dice, pues, que el amante de mi madre se encuentra durmiendo en el cuarto contiguo. Yo voy allá armada de una cimitarra y, aprovechando que dormía plácidamente bajo las sábanas, le rebano la cabeza.
ÁNGEL.- Una muerte merecida.
PRISIONERA INGLESA.- Al agarrar la cabeza con las manos, veo con horror que se trata de mi madre.
TODOS.- [Vuelven momentáneamente sus cabezas]. ¡Agg! [Vuelven a sus conciliábulos].
ÁNGEL.- Ahora, seguro que se le ha aparecido el fantasma de su madre…
PRISIONERA INGLESA.- Usted es clarividente. Mi padre no está muerto. En su lugar, durante el safari, hizo matar al amante de mi madre luego de obligarlo a escribirle una carta citándola en Londres. Hizo creer a todo el mundo que él era el muerto.
ÁNGEL.- Entonces su madre debió viajar a Inglaterra.
PRISIONERA INGLESA.- Donde el viejo me hizo matarla. Ahora, viajo por el mundo, buscándolo… ¡para matarlo!
ÁNGEL.- Qué historia tan triste. No quisiera yo estar en su pellejo. A mí, los fantasmas me exigen matar a otros fantasmas, cosa claramente imposible para mí.
PRISIONERA INGLESA.- Luego del asesinato de mi madre, y creyéndome en prisión, mi padre volvió a la Argentina con su propia amante. Hacia allá me dirigía yo.
ÁNGEL.- Qué historia tan trágica… Pero, ¿quién es usted?
PRISIONERA INGLESA.- [Solemne; demente]. ¿Yo? ¿Quién soy yo? Podría decirle tantas cosas… si pudiera salir de este encierro.
ÁNGEL.- Buscaré una solución. [Mira a su alrededor y encuentra una escalerilla que pone contra el muro de la torre por donde baja la PRISIONERA INGLESA]. ¡Es el momento oportuno! [La PRISIONERA INGLESA baja].
PRISIONERA INGLESA.- [Solemne]. ¿Quién soy yo? ¿Yo? [Se aparta un poco y canta ‘Loca’, de Antonio Martínez Viérgol].

‘LOCA’
Loca me llaman mis amigos
que sólo son testigos
de mi liviano amor.
Loca…
¿Qué saben lo que siento
ni qué remordimiento
se oculta en mi interior?

Yo tengo con alegrías
que disfrazar mi tristeza
y que hacer de mi cabeza
las pesadillas huir.
Yo tengo que ahogar en vino
la pena que me devora…
Cuando mi corazón llora,
mis labios deben reír.

Yo, si a un hombre lo desprecio,
tengo que fingirle amores,
y admiración, cuando es necio,
y si es cobarde, temores…
Yo, que no he pertenecido
al ambiente en que ahora estoy
he de olvidar lo que he sido
y he de olvidar lo que soy.

Loca me llaman mis amigos
que sólo son testigos
de mi liviano amor.

Loca…
¿Qué saben lo que siento
ni qué remordimiento
se oculta en mi interior?

Allá, muy lejos, muy lejos,
donde el sol cae cada día,
un tranquilo hogar tenía
y en el hogar unos viejos.
La vida y su encanto era
una muchacha que huyó
sin decirle dónde fuera…
Y esa muchacha era yo.

Hoy no existe ya la casa,
hoy no existen ya los viejos,
hoy la muchacha, muy lejos,
sufriendo la vida pasa.
Y al caer todos los días
en aquella tierra del sol,
cae con él mi alegría
y muere mi corazón.

Los personajes se han ido acercando a la PRISIONERA INGLESA, a la que rodean admirativamente mientras canta.

ÁNGEL.- [Al MAGO MERLÍN]. Es una mujer formidable.
MINISTRO.- Viajaba a Buenos Aires…
MAGO MERLÍN.- Es que se le ha aparecido el fantasma de su padre…
TODOS.- ¡No!
MAGO MERLÍN.-… pidiéndole que mate a su madre, que le corte las trenzas…
TODOS.- ¡Y que le saque el corazón al amante de su madre!
MINISTRO.- Y que meta todo en una maleta.
MAGO MERLÍN.- Que deberá enviar a la comisaría de policía más cercana.
TODOS.- ¿Será verdad lo que dice?
ÁNGEL.- Pero, ¡no es verdad! A su madre la ultimó por error.
PRISIONERA INGLESA.- ¡Soy una pobre desdichada!
MAGO MERLÍN.- [Dándose cuenta]. Pero, ¿qué hace usted aquí?
TODOS.- ¡Debería estar encerrada pensando con profundo dolor en los seres queridos que nunca más verá!
PRISIONERA INGLESA.- ¿Que nunca más veré?
MINISTRO.- ¡Ale, de vuelta a la torre o no respondo de mí! [La PRISIONERA INGLESA sube rápidamente. Un GUARDIA retira la escalera. Otro GUARDIA toca una trompeta].
ÁNGEL.- ¿Qué es esto?
MAGO MERLÍN.- Las resoluciones del consejo de ministros.
MINISTRO.- [Leyendo un edicto]. “Nosotros, mago Merlín y yo mismo, ministro de Historia, sacerdotes supremos de Nuestra Señora Orca…
TODOS.- ¡Qué alabada sea!
MINISTRO.- “… por resolución soberana confirmamos por el presente escrito conferir al susodicho Angelino el título y corona de Rey de la Isla de las Orcas Caníbales”.
TODOS.- ¡Viva el rey! [Lo alzan en andas y lo pasean a vivas por la playa].
ÁNGEL.- [Resistiéndose]. ¡Ya le he dicho que no me gusta esta farsa! Por lo demás, ¿no me habían ungido rey ya?
TODOS.- ¡Es que a veces perdemos la memoria! [El GUARDIA I vuelve a tocar la trompeta].
MAGO MERLÍN.- ¡El segundo edicto!
MINISTRO.- [Leyendo]. “Otrosí, determina el consejo de ministros que se prolongue la prisión de la prisionera inglesa que, acusada de espionaje, ha sido encontrada culpable. Determínase también su sacrificio en ofrenda de Nuestra Señora Orca…
TODOS.- ¡Que alabada sea!
MINISTRO.- “… en vista de lo cual se la hará partícipe de la corte de vírgenes sacrificiales a la espera del próximo solsticio”.
PRISIONERA INGLESA.- ¡No!
ÁNGEL.- ¡El próximo solsticio!
TODOS.- ¡El próximo, el próximo!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Pasado mañana! ¡Yo no quiero ser sacrificada!
ÁNGEL.- Lo impediré. Después de todo, los isleños me han ungido rey. [Al MAGO MERLÍN]. Merlín, le ordeno revocar las resoluciones del consejo de ministros.
MAGO MERLÍN.- No es posible, Su Alteza. Las resoluciones firmadas por Nuestra Señora Orca son irrevocables.
ÁNGEL.- ¿Ha dicho… firmadas?
MINISTRO.- Firmadas de su puño y letra. [Acercándose y mostrando los edictos al ÁNGEL].
ÁNGEL.- Usted me toma el pelo. Allá, en mi país, los dioses no escriben.
TODOS.- ¡Falsario! En su país no hay dioses.
ÁNGEL.- En fin, no tenemos dioses autóctonos, pero rendimos culto a uno venido del Lejano Oriente. Pues bien, nuestro dios, que me parece infinitamente superior al suyo, no sabía escribir. Por esa razón debió contratar a un escriba judío para que transcribiera sus leyes.
MAGO MERLÍN.- ¿Cómo se llama su dios?
ÁNGEL.- Nadie lo sabe.
MAGO MERLÍN.- De todos modos, las resoluciones son irrevocables.
ÁNGEL.- Pero, en fin, ¿siendo rey no tengo acaso poder?
MINISTRO.- Sí, para ser instrumento de los designios de Nuestra Señora Orca. Desobedecer sólo nos acarrearía desgracias, usted lo sabe.
ÁNGEL.- Usted no pretenderá entregar a su diosa caníbal a esta…, a esta ¡princesa británica!
TODOS.- ¡Mentiroso!
PRISIONERA INGLESA.- Y yo ¡no soy virgen! Incluso he confesado mi pasado de mujer ligera.
ÁNGEL.- Ya me parecía.
PRISIONERA INGLESA.- Para escapar del sacrificio.
ÁNGEL.- ¿Lo sabía usted?
PRISIONERA INGLESA.- Según mis informaciones, me llevarán a un arrecife y me arrojarán al mar cuando se aparezca una orca gigantesca.
MAGO MERLÍN.- ¡Calla, sacrílega!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Me arrancará la cabeza de una sola dentellada!
ÁNGEL.- ¡No lo permitiré!
PRISIONERA INGLESA.- La diosa orca no existe. Es un invento de sus enemigos.
TODOS.- ¿De nuestros enemigos malos?
PRISIONERA INGLESA.- Han construido una gigantesca orca de cartón que, cada solsticio, hacen asomar en la bahía. Les tienen convencidos de que es una diosa del mar.
TODOS.- ¡Mentirosa!
MINISTRO.- [Al ÁNGEL]. Vea usted la falsedad de lo que dice, Su Alteza. Nuestros enemigos comparten el mismo culto.
TODOS.- ¡Incluso le hacen sacrificios!
MAGO MERLÍN.- Está desesperada, Su Alteza. No la escuchéis.
PRISIONERA INGLESA.- Le causaré indigestión. ¡No soy virgen! ¡Soy una puta terrible!
MINISTRO.- ¡Miente!
MAGO MERLÍN.- ¡No le crea nada!
ÁNGEL.- ¡Soy la más grande puta de la historia!
MINISTRO.- ¡Lo dice para escapar!
MAGO MERLÍN.- Pero es evidente que miente.
MINISTRO.- Y, por lo demás, no importa para nada. ¡Nuestra Señora Orca no le mira los dientes a caballo regalado!
ÁNGEL.- Yo quiero que la liberen de la torre.
MINISTRO.- ¡Imposible! Si Nuestra Señora Orca se enterara, sufriríamos inundaciones, terremotos, catástrofes…!
MAGO MERLÍN.- ¡Incesto!
ÁNGEL.- Pero, ¿para qué encerrarla? De la isla no puede escapar.
TODOS.- ¡Eh, eh, ha dicho algo con sentido!
MAGO MERLÍN.- Es verdad, pero tememos que conspire con nuestros enemigos malos.
MINISTRO.- ¡Seguirá encerrada!
ÁNGEL.- [Para sí]. Tengo que impedirlo. [Melodramático]. Pero, ¡yo la quiero! Casándome con ella, aquí no habrá pasado nada.
PRISIONERA INGLESA.- ¿Casarme con usted? ¡Si apenas le conozco!
MAGO MERLÍN.- Ella también terminará queriéndole, no le quepa duda.
ÁNGEL.- ¿Terminará queriéndome?
PRISIONERA INGLESA.- ¡Oh, desdichada de mí!
ÁNGEL.- [Tratando de agarrar la escalera]. ¡La bajaré yo mismo!
TODOS.- [Impidiéndoselo]. ¡Malo rey!
MINISTRO.- Es una prisionera.
ÁNGEL.- ¡Busquen a una de ustedes, hagan algo! Yo la quiero hacer mi mujer.
MAGO MERLÍN.- ¡Es sacrilegio!
MINISTRO.- Será su mujer por una noche… Luego, debemos entregarla a Nuestra Señora Orca.
ÁNGEL.- ¿Qué me dice?
MAGO MERLÍN.- Que será suya por una noche.
ÁNGEL.- ¿Por una noche? ¿De qué me habla?
TODOS.- ¡Suya, suya, suya!
ÁNGEL.- Pero…, ¡para toda la vida!
MAGO MERLÍN.- No discuta más, Su Alteza, si no quiere usted ser encarcelado…
TODOS.- ¡Junto a la inglesa parricida!
MINISTRO.- La tendrá, de todos modos, por una noche.
MAGO MERLÍN.- Antes de su entrega.
PRISIONERA INGLESA.- ¡Oh, desdichada de mí!
MAGO MERLÍN.- [Al ÁNGEL]. Olvidé decirle que también tenemos tribunales…, y leyes que penalizan ¡la incredulidad!
ÁNGEL.- Pero, no es incredulidad. ¡Si no son más que orcas!
MAGO MERLÍN.- Se espera de usted que respete las leyes como el que más.
ÁNGEL.- Es un absurdo. Yo quiero a esa mujer, y la quiero para mí.
MINISTRO.- ¿Está seguro?
MAGO MERLÍN.- No es digna de usted, Su Alteza. Acaba de declarar que finge su amor.
TODOS.- ¡Money, money, money!
ÁNGEL.- ¿Pretende usted que yo, el rey, le pague por echarle un polvo?
TODOS.- ¡Vaya, vaya!
MAGO MERLÍN.- [Al MINISTRO]. Explíquele usted.
MINISTRO.- Todas las vírgenes de sacrificio están sometidas al derecho de pernada.
ÁNGEL.- ¿Al derecho de qué?
MAGO MERLÍN.- De pernada, ¿sabe usted? La noche previa al sacrificio puede usted poseerla. Así, Nuestra Señora Orca se mostrará aún más satisfecha.
ÁNGEL.- Pero, ¡qué falta de cordura!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Justamente la noche previa!
ÁNGEL.- Podemos abjurar de nuestro credo…
TODOS.- ¿Y convertirse a qué?
ÁNGEL.- [Dirigiéndose a la PRISIONERA INGLESA]. El amor justifica, como entre los ingleses, el cambio de religión… Aquel que tiene ambiciones desmedidas debe cuidarse de la caída. No por mucho madrugar, evidentemente, amanece más temprano… [Repentinamente reflexivo]. No me haga caso. Los vegetales éstos comienzan a comerme el coco. Tenemos que salir de aquí. No permitiré que la sacrifiquen. Es una locura. No sé dónde caímos. No sé si son locos, drogadictos… o católicos franceses.
PRISIONERA INGLESA.- ¿Cree usted que me engaña? Ahora lo entiendo todo.
ÁNGEL.- ¿Que yo la engaño?
PRISIONERA INGLESA.- Ya sé que me hará suya dentro de unas horas.
ÁNGEL.- ¿Qué la haré mía?
PRISIONERA INGLESA.- Se hace usted el imbécil.
ÁNGEL.- ¡Conmigo! ¡Antes de morir!
PRISIONERA INGLESA.- [Al ÁNGEL]. ¿Pretende usted no comprender nada?
ÁNGEL.- No tenía ni idea.
PRISIONERA INGLESA.- ¿No es usted el rey?
ÁNGEL.- Desde hace… unas horas. Lo ha visto usted misma. No me ha quedado alternativa que aceptar el cargo… ¡La isla está rodeada de orcas caníbales! ¡La tierra está plantada de cangrejos gigantes! ¡La bahía está llena de dragones dentados!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Carnívoros!
ÁNGEL.- ¡Yo la salvaré!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Dragones que echan fuego!
ÁNGEL.- ¡Es un cuento de brujas!
PRISIONERA INGLESA.- [Recuperando la calma]. ¿Y usted pretende que le crea?
ÁNGEL.- ¿A mí?
PRISIONERA INGLESA.- Sí, a usted.
ÁNGEL.- Tiene que creerme. Soy tan inocente como usted…, y la amo. Le daré todo lo que tengo. [Se aparta y canta ‘Te doy lo que tengo’, de Pascual Contursi].

‘TE DOY LO QUE TENGO’
Yo tengo un cotorro,
un catre y una viola,
un peine y un espejo
colgado en la pared.
Y tengo dos cuadritos
que hice en la gayola,
color blanco y celeste
de seda cordoné.

Todito lo que tengo
pa’ vos es, alma mía,
el mate, la bombilla
y hasta el calentador,
y tengo pa’ esas noches
de invierno crudo y frío,
de lana un acolchado
para que duermas mejor.

Es lindo mi cotorro,
lo vieras de mañana,
el sol que entre los vidrios
dibuja la ‘pared’.
Y tengo una maceta
colgada en la ventana,
que tiene unas ramitas
de flores Rosa Té.

TODOS.- ¡Nice try!
MAGO MERLÍN.- Pero es inútil. Usted no puede casarse con la prisionera.
ÁNGEL.- ¿Por qué no?
MINISTRO.- Porque ella es prisionera y está destinada a Nuestra…
ÁNGEL.- No me lo repita.
MAGO MERLÍN.- No es sabio confiar en las condenadas… a la vida eterna, ¿sabe usted?
MINISTRO.- La tendrá toda para usted por una noche.
ÁNGEL.- [Melodramático]. ¡La noche previa a su muerte!
ÁNGEL.- Me niego.
TODOS.- ¿Se niega? ¡Imposible!
MAGO MERLÍN.- Basta ya, ¡es la prisionera o usted!
MINISTRO.- Si no es la prisionera, será usted, nuestro rey, quien terminará en el estómago de nuestros dioses.
ÁNGEL.- No puedo hacerla mía, ¡no puedo! No de esa manera.
PRISIONERA INGLESA.- [Cambiando de actitud]. Usted podrá hacer lo que quiera conmigo… Lo que quiera… ¿Dijo que quería casarse conmigo?
ÁNGEL.- Sí, no, no puede ser… ¡Yo la amo! Yo la amo sinceramente, desde el momento que supe de su triste destino.
TODOS.- ¡Mentiroso!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Oh, cruel destino!
ÁNGEL.- Es la más pura verdad… Además, la amo. Cuando vi sus trenzas colgando de la ventana, me sentí como en un océano de dicha infinita… Tan cerca de mí y, al mismo tiempo, tan lejana… ¡Sólo los ángeles del cielo batían, suavemente, sus alas! ¡Dos negros esclavos movían una gigantesca hoja de palma sobre mí! ¡Doncellas semidesnudas arrojaban pétalos de rosas a mi paso! No sabe usted cuánto me alegra este encuentro… Aun cuando no crea en lo que digo… La amo, la amo… No, no puedo hacerla mía la noche de la pernada… Traicionaría mi amor… [Melodramático]. Y mi madre…, ¡mi madre no me lo perdonaría! ¿Cómo puedo tomar por derecho lo que quiero tomar por virtud?
PRISIONERA INGLESA.- ¿Virtud? ¿Oigo bien? ¿Llama usted virtud al crimen? ¿Pretende seducirme estando yo encerrada contra mi voluntad en la torre de un castillo?
ÁNGEL.- Esperaré, esperaré el día que me quiera. [Se aparta un poco y canta ‘El día que me quieras’, de Carlos Gardel].

‘EL DÍA QUE ME QUIERAS’
Acaricia mi ensueño
el suave murmullo de tu suspirar.
Cómo ríe la vida
si tus ojos negros me quieren mirar.
Y es mío el amparo
de tu risa leve que es como un cristal.
Ella aquieta mi herida.
Todo, todo se olvida.
El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Al viento las campanas
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
me contarán tu amor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo.

ÁNGEL.- [Tosiendo]. De cualquier manera, se lo aseguro, no la tomaré.
MINISTRO.- Cree que casándose con Su Alteza salvará del sacrificio.
MAGO MERLÍN.- Pero es del todo imposible.
ÁNGEL.- Yo no puedo poseerla porque traicionaría mi amor.
MAGO MERLÍN.- Ni ella puede aceptar su petición de matrimonio porque, en estas condiciones, traicionaría el suyo.
ÁNGEL.- ¿Tiene ya un amor?
PRISIONERA INGLESA.- ¡Pero es él quien quiere casarse conmigo!
ÁNGEL.- ¡Ay de mí! Condenado a amar a una mujer que no puede creer que la amo…
MINISTRO.- Una mujer en cuyo amor tampoco se puede creer.
MAGO MERLÍN.-… porque le pertenece por derecho…
MINISTRO.- Y el derecho cancela la virtud.
ÁNGEL.- Incluso si la pusieran en mi cuarto en bandeja, no la tomaría… ¡Traicionaría mi amor! [Apartándose, canta ‘La última’, de Julio Camilloni].

‘LA ÚLTIMA’
Ya no puedo equivocarme, sos la última en mi vida,
y es la última moneda que me queda por jugar.
Si no gano tu cariño, la daré por bien perdida
ya que nunca más mi vida me permitirá ganar.

Te confieso deslumbrado que no esperaba tal cosa.
Ya están luciendo mis sienes pinceladas de marfil,
ya mi patio abandonado no soñaba con la rosa
y se realizó el milagro con la última de abril.

Sos la última y espero que me traigás la ternura,
esa que he buscado en tantas y que no puedo encontrar.
Ya no quiero pasionismo, ni amorío, ni aventura…
Yo te quiero compañera para ayudarme a luchar.

No me importa tu pasado ni soy quién para juzgarte
porque anduve a los sopapos con la vida yo también.
Además hay un motivo para quererte y cuidarte:
se adivina con mirarte que no te han querido bien.

Fue por eso que te dije ya no puedo equivocarme.
Sos la última que llega a perfumar mi rincón
y esas gotas de rocío que no te dejan mirarme
me están diciendo a las claras que alcancé tu corazón.

Pero si la mala suerte me acomoda el cachetazo
con que siempre está amagando para hacerme fracasar,
no podré sobreponerme a este último fracaso
y yo seré como un grillo muerto al pie de tu rosal.

MAGO MERLÍN.- [Dirigiéndose al ÁNGEL]. Ya ve usted, Su Alteza…
MINISTRO.- …, si no la toma…
MAGO MERLÍN.- … es usted quien deberá ocupar su lugar.
ÁNGEL.- Y terminar… ¡como el fantasma de mi padre!
MINISTRO.- Si usted quiere…
ÁNGEL.- Que ni siquiera pudo llegar a tierra firme.
MAGO MERLÍN.- Vamos, hay que acelerar los preparativos.
ÁNGEL.- ¡No, me opongo!
MINISTRO.- ¿Quiere usted ocupar su lugar?
ÁNGEL.- [Arrastrándose por la playa mientras a su lado emergen los CANGREJOS dando dentelladas]. ¡Ay, destino mío!
MAGO MERLÍN.- De todos modos, si usted se niega, usted y su nuevo amor serán igualmente devorados.
ÁNGEL.- [A la PRISIONERA INGLESA]. ¡Por lo menos moriremos juntos!
PRISIONERA INGLESA.- Pero, ¿quién le ha dicho que yo quiera morir con usted?
ÁNGEL.- [Abalanzándose contra el muro de la torre y tratando de escalarlo]. Pero, ¿tan ciega está que no ve mi amor? [Los GUARDIAS comienzan a rodearlo].
PRISIONERA INGLESA.- ¡Lo veré cuando lo demuestre!
ÁNGEL.- ¡Rápido, no tenemos tiempo que perder! ¡Dígame que será mi esposa!
PRISIONERA INGLESA.- [Dubitativa]. ¿A quién creer? [Al ÁNGEL, resuelta]. Sí, seré suya para siempre. [El ÁNGEL se libera y trata de huir].
MAGO MERLÍN.- ¡Atájenlo!
MINISTRO.- ¡Deténganlo!
TODOS.- ¡A por él!
ÁNGEL.- [Huye entre los CANGREJOS. Se detiene y canta ‘Corazón’, de Héctor Marcó].

‘CORAZÓN’
Corazón, me estás mintiendo…
Corazón, ¿por qué llorás?
No me ves que voy muriendo
de esta pena a tu compás.
Si sabés que ya no es mía,
que a otros brazos se entregó,
no desmayes todavía,
sé constante como yo.
Dame tu latido
que yo quiero arrancar
esta flor de olvido
que ella ha prendido
sobre mi mal.

Corazón, no la llames
ni la implores,
que de tus amores
nunca has merecido
tanta humillación.
Creo en Dios
y la vida
con sus vueltas.
Sé que de rodillas
la traerá a mis puertas
a pedir perdón.
Ya verás cuando retorne
y en sus pasos traiga fe,
que no es loca mi esperanza,
que no en vano la lloré.
Yo tendré en mi boca un beso
para su desolación
y mis manos las caricias
que le entreguen el perdón.
Pero si no viene
¡yo no quiero vivir!
Y en mi triste noche
sin un reproche
sabré morir…

El ÁNGEL trata de subir a la torre. Los GUARDIAS intentan agarrarlo al pie de ella mientras suenan sirenas de alarma. Aparecen en la playa, saliendo de un submarino, SOLDADOS JAPONESES de la segunda guerra mundial. Son de esos que creen que la guerra aún continúa. Se abren paso disparando contra los personajes, que huyen o buscan refugio. Entre los atacantes se encuentran los CUATRO NINJAS, que apartan al ÁNGEL y llevan a la PRISIONERA INGLESA al submarino.

ÁNGEL.- Pero, ¿qué ocurre?
MAGO MERLÍN.- ¡Emboscada de nuestros enemigos!
MINISTRO.- ¡Los nipones!
TODOS.- ¡Que han secuestrado a la prisionera!

ACTO III
La escena transcurre en Ámsterdam. Una calle cualquiera del barrio rojo: putas, drogadictos pinchándose en la calle, turistas. En una ventana de putas, se ve a la PRISIONERA INGLESA, cuyas trenzas asoman a la calle. En otro lugar de la calle se ve al ÁNGEL, que acaba de posarse suavemente portando al MAGO MERLÍN en la espalda. Un hombre se acerca en ese momento a la ventana, conversando animadamente con la PRISIONERA INGLESA.

MAGO MERLÍN.- Ya sabía yo que la prisionera inglesa se encontraba en Ámsterdam. Nuestros servicios secretos funcionan a la perfección.
ÁNGEL.- [Señalando a la PRISIONERA INGLESA]. Pero, ¡está haciendo de puta! ¡Lleva las tetas al aire!
MAGO MERLÍN.- No nos atrevimos a decírselo, Su Alteza. Tampoco parece ella habernos engañado sobre su pasado, que decía que había inventado con la esperanza de escapar al sacrificio.
ÁNGEL.- Y a la noche que debía pasar conmigo.
MAGO MERLÍN.- [Mirando en rededor]. Pero ciertamente era una espía.
ÁNGEL.- Ah, ¡débil corazón! Está tan bella como siempre, con ese aire de tristeza y desamparo. [Se aparta y canta ‘No te engañes, corazón’, de José María Caffaro Rossi].

‘NO TE ENGAÑES, CORAZÓN’
No te dejes engañar,
corazón,
por su querer,
por su mentir;
no te vayas a olvidar
que es mujer
y que al nacer
del engaño hizo un sentir.

Miente al llorar.
miente al reír,
miente al sufrir
y al amar;
miente al jurar
falsa pasión…
No te engañes, corazón.

Me apena
verte con ella del brazo…
Si a mí me dio el esquinazo,
a vos, ¿qué te dará?
Oíme,
yo que soy tu viejo amigo
quiero darte un buen consejo…
largala y te convendrá.

Acaso
te llore y se desespere
y te bata que te quiere,
viejo ardid de la mujer.
No creas…
¿Cómo a vos ha de quererte
si juró que hasta su muerte
sólo mía había de ser?

No te dejes engañar,
corazón,
por su querer,
por su mentir…
No te vayas a olvidar
que fue mía
y que algún día
te podrás arrepentir
y has de llorar
con gran dolor…
Se ha de burlar
de tu amor…
No te olvidés
que ella es mujer…
No te dejes convencer…

No creas
que es la envidia o el desprecio
por todo el mal que me ha hecho
que hace que yo te hable así.
Bien sabes
que no hay envidia en mi pecho,
que soy un hombre derecho,
que soy como siempre fui.

PRISIONERA INGLESA.- [Que se ha acercado al reconocerlos]. ¡El rey del brécol!
ÁNGEL.- Sabía que terminaría engañándome.
MAGO MERLÍN.- Lo sabíamos.
PRISIONERA INGLESA.- ¿Engañándole? ¿Y a santo de qué? Nunca tuvimos nada el uno con el otro.
ÁNGEL.- Pero yo le declaré mi amor eterno…
PRISIONERA INGLESA.- ¿Amor eterno? Enfrentado al dilema de dejarme morir o morir en mi lugar…
ÁNGEL.- Yo habría muerto en su lugar.
PRISIONERA INGLESA.- No. Usted habría hecho lo que cualquiera: follarme y olvidar.
ÁNGEL.- Me habrían obligado. Si me hubiese dejado matar no estaría aquí ahora.
TODOS.- ¡Hay amor a primera vista!
ÁNGEL.- Me opuse a su sacrificio tanto como usted.
PRISIONERA INGLESA.- La lascivia le salía por los ojos.
ÁNGEL.- ¡Yo estaba enamorado de usted!
PRISIONERA INGLESA.- No tiene usted razones para quererme.
ÁNGEL.- La sigo amando con locura.
MAGO MERLÍN.- Y hemos venido a por usted, por usted, por usted.
PRISIONERA INGLESA.- ¿Para llevarme a la isla? ¡Jamás!
ÁNGEL.- En la isla será reina.
PRISIONERA INGLESA.- Reina soy aquí.
ÁNGEL.- Tendrá un séquito permanente de cuatro fornidos negros que la abanicarán día y noche.
PRISIONERA INGLESA.- Aquí, me sobran.
MAGO MERLÍN.- [Al ÁNGEL]. Estamos perdiendo el tiempo.
PRISIONERA INGLESA.- Además, me acusaron de espionaje.
MAGO MERLÍN.- Ahora es irrelevante. En reunión de gabinete se ha decidido retirar todos los cargos.
PRISIONERA INGLESA.- ¿Todos los cargos?
ÁNGEL.- Absolutamente todos.
TODOS.- ¡Todos, todos, todos!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Usted se ha cambiado de bando!
MAGO MERLÍN.- [Al ÁNGEL]. Lo intentaré por última vez. [A la PRISIONERA INGLESA]. Durante su estadía en la isla tuvo Nuestra Señora Orca oportunidad de escuchar cantar a Su Alteza.
PRISIONERA INGLESA.- [Incrédula]. ¡Qué alivio que las orcas tengan oído musical!
TODOS.- ¡Sacrílega!
MAGO MERLÍN.- Razón por la cual perdonó a Su Alteza, permitiéndome viajar en su búsqueda para volver a la isla y fundar una nueva dinastía.
PRISIONERA INGLESA.- Me tiene sin cuidado.
MAGO MERLÍN.- Una nueva dinastía dedicada al tango.
PRISIONERA INGLESA.- ¿Al tango?
MAGO MERLÍN.- Sí, al tango eternel…
TODOS.- Aquel tango llorón y sentimental que tiene en cada acorde la alegría del arrabal… [MAGO MERLÍN se aparta y canta ‘Viejo tango’, de Francisco Alfredo Marino].

‘VIEJO TANGO’
En el gangoso rezongar del fuelle,
brotan sentidas, llenas de emoción,
las cadenciosas notas de mi tango,
el viejo tango de mi corazón.

Se llena mi alma de dulces recuerdos
y de añoranzas de mi juventud,
y cada nota asoma a mi memoria
une deuda de inmensa gratitud.

Viejo tango llorón,
tango sentimental,
tienes en cada acorde
las alegrías del arrabal.
Tango viejo y tristón,
tango que tanto amé,
dame tu musiquita,
la musiquita que ya se fue.

Yo te recuerdo cuando en Puente Alsina
los viejos tauras en tu dulce son
se columpiaban repartiendo cortes,
llenas sus almas de satisfacción.

Y al recordarte en esas gratas horas,
horas sagradas de mi buen ayer,
pienso que entonces, dentro de mi alma,
no se albergaba ningún padecer.

ÁNGEL.- Podremos casarnos, tener críos, cuidar de nuestros palacios y jardines.
PRISIONERA INGLESA.- El deber filial me obliga, como sabe, a rondar por el mundo. Debo encontrar al infame de mi padre y ultimarlo con saña.
TODOS.- ¡Con saña, saña, saña!
PRISIONERA INGLESA.- El fantasma de mi madre me ha pedido que le ponga parafina en su huevo matinal.
TODOS.- ¿Para matarlo?
PRISIONERA INGLESA.- No, para que le salgan tetas. Para matarlo me ha pedido que deje caer sobre su cabeza un pavo congelado. ¡Y que luego le entierre vestido de doncella!
MAGO MERLÍN.- Sospecho que estamos frente a un nuevo juego. [A ella]. ¿Cree usted que simulando indiferencia enfriará el amor del rey?
PRISIONERA INGLESA.- Me tiene sin cuidado.
ÁNGEL.- [Sacando algo de su morral]. Aquí está la corona. ¡De ahora en adelante será usted la emperatriz!
TODOS.- ¡La emperatriz, emperatriz, emperatriz!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Una corona de patatas fritas!
MAGO MERLÍN.- ¡Usted ha estado haciendo la calle!
TODOS.- ¡Calle, calle!
PRISIONERA INGLESA.- [Al ÁNGEL]. Pero, ¿cree usted que cambiaría yo mi reino actual por un plato de lentejas? [Cambiando de tono]. Escuchá, gil apestado. [Se aparta y canta ‘¡Qué va cha ché!’, de Enrique Santos Discépolo].

‘¡QUÉ VA CHA CHÉ!
Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida.
Ya me tenés bien requeteamurada.
No puedo más pasarla sin comida
ni oírte así decir tanta pavada…
¿No te das cuenta que sos un engrupido?
¿Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos?
¡Si aquí ni Dios rescata lo perdido!
¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor!…

Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
vender el alma, rifar el corazón,
tirar la poca decencia que te queda…
Plata, plata, plata…, plata otra vez…
Así es posible que morfés todos los días,
tengas amigos, casa, nombre…, y lo que quieras vos.
El verdadero amor se ahogó en la sopa:
la panza es reina y el dinero Dios.

¿Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más guita,
que la honradez la venden al contado
y a la moral la dan por moneditas?
¡Que no hay ninguna verdad que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás, haciendo el moralista,
un disfrazao… sin carnaval…
¡Tirate al río! ¡No embromés con tu conciencia!
Sos un secante que no hace ni reír…
Dame puchero, guardate la decencia…
¡Plata, plata, plata! ¡Yo quiero vivir!
¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio?
Pasás de otario, morfás aire y no tenés colchón…
¿Que vachaché? ¡Si hoy ya murió el criterio!
Vale Jesús lo mismo que un ladrón…

ÁNGEL.- Pero, no entiendo nada. ¿Y la carta que me ha escrito?
PRISIONERA INGLESA.- ¿La carta? ¿Qué carta?
MAGO MERLÍN.- [Abriendo el cofre que lleva consigo y sacando
una carta]. Aquí está. Intacta.
ÁNGEL.- [Arrebatándosela]. No caben dudas. Es su letra.
PRISIONERA INGLESA.- [Observándola]. Se parece a mi letra,
pero no le he escrito nunca.
ÁNGEL.- [Leyendo]. “Al Rey Angelino I. Cuatro malvados nipones me han liberado de la torre de la isla y me someten diariamente a toda suerte de oprobios. Estoy desesperada. Me han encerrado en un sótano de la ciudad. Aunque insisten en que el emperador Pipitoko quiere casarse conmigo, no dejan de vejarme en cuanto tienen oportunidad. Si aún me ama, ayúdeme, sálveme. Firmado, la prisionera inglesa, desesperada. Sin otro particular”. ¿Sigue negando?
PRISIONERA INGLESA.- No la escribí yo, pero lo que se dice ahí es verdad. ¿Quién pudo enterarse?
TODOS.- ¡El fantasma de su madre!
MAGO MERLÍN.- Alguno de los cuatro malvados nipones, ciertamente, que la ha transformado en lo que ahora es. [Se aparta un poco y canta ‘Carne de cabaret’, de Luis Roldán].

‘CARNE DE CABARET’
Pobre percanta que pasa su vida
entre la farra, milonga y champán,
que lleva enferma su almita perdida,
que cayó en garras de un torpe bacán
y que en su pecho tan sólo se anida
el triste goce que causa el gotán.

Su ilusión murió en el cabaret
al compás de un tango compadrón
y al notar perdida ya su fe
quedó su corazón
transido en la emoción
el dolor sus fuerzas le restó
comprendiendo al fin su berretín
y una noche que se encurdeló
sus penas entregó a un rubio copetín.

Por eso su alma en silencio solloza
y es una mueca su risa cruel
y cuando besa su boca de rosa
deja en los labios amargo de hiel
y en su carita amarilla, ojerosa,
se ven las huellas de un amor infiel.

Y así fue en la pendiente fatal,
del cabaret al hospital,
y a ninguno encontró que por su mal
tuviera compasión,
pues sin razón la dejaron sufrir
y a su ilusión la dejaron morir.
Y así fue en la pendiente fatal,
del cabaret al hospital
donde asilo encontró.

Pobre percanta que está contratada
vendiendo su alma por un copetín,
que de una vida feliz engañada,
lleva en el alma tristeza y esplín,
y que pasando su vida amargada
llora en silencio su pena sin fin.

PRISIONERA INGLESA.- Sabe usted demasiado sobre mí.
MAGO MERLÍN.- Al llegar a la ciudad fue encerrada en el sótano de un burdel…
PRISIONERA INGLESA.- Así es.
MAGO MERLÍN.- … Donde le enseñaron las artes del amor cortés. Al poco tiempo era usted una notoria dominatrix.
TODOS.- ¡The talk of the town! ¡The talk of the town!
MAGO MERLÍN.- Se paseaba usted dando latigazos por las calles.
TODOS.- ¡Con las tetas al aire y traspasadas por gigantes alfileres!
ÁNGEL.- ¡Con una plancha pegada en la espalda!
MAGO MERLÍN.- ¡Y varios cuchillos clavados en las nalgas!
ÁNGEL.- Al tiempo que un enano la arrastraba jalándola por las cadenas que tenía a los pies.
PRISIONERA INGLESA.- [Cubriéndose los ojos]. ¡Oh, desdichada de mí!
MAGO MERLÍN.- Con dos pijas parlantes cosidas en la cintura…
TODOS.- ¡Leía el porvenir!
ÁNGEL.- Pero el amor todo lo redime, amada mía. Venga usted conmigo y toda esta historia será cosa del pasado. [Entra el NOVIO I].
NOVIO I.- ¡Sobre mi cadáver!
MAGO MERLÍN.- ¡Encantado! [Saca una pistola y dispara una vez, sin darle].
NOVIO I.- [A la PRISIONERA INGLESA]. ¡Ah, andás con otro! [Comienza a cantar ‘La he visto con otro’, de Pascual Contursi].

‘LA HE VISTO CON OTRO’
La he visto con otro
pasearse del brazo.
Mis ojos lloraban
de pena y dolor.
En cambio en su cara,
sus negros ojazos
reían contentos
de dicha y amor.

Recuerdo que en mis brazos
llorando me decía.
será pa’ siempre tuya
mi vida y mi pasión.
Jugó con mis amores,
la ingrata me fingía,
dejándome enlutado
mi pobre corazón.

Hay noche que solo
me quedo en el cuarto
rogando a la virgen
me la haga olvidar,
y al verla con otro
pasar por mi lado
en vez de matarla
me pongo a llorar.

ÁNGEL.- Y este, ¿quién es?
NOVIO I.- ¡Su novio! [Al decir esto, se saca el bigote falso y lo arroja al aire].
ÁNGEL.- ¿Mi novio? ¡Yo no tengo novios!
TODOS.- ¡No tiene, no tiene!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Ah, mi ex! ¡Después de tantos años! [Se abrazan. El NOVIO I se separa prontamente].
NOVIO I.- ¡Víbora! ¡Me engañas!
PRISIONERA INGLESA.- Hace muchos años que lo nuestro terminó.
NOVIO I.- ¿Terminó? No me enteré.
PRISIONERA INGLESA.- ¿Recuerdas las vacaciones que pasé en Tarragona?
NOVIO I.- ¿Cómo podría olvidarme? Jamás volví a saber de ti.
PRISIONERA INGLESA.- ¿No? Sin embargo, te escribí una larga carta en la que te decía…
TODOS.- [Mientras el NOVIO I busca entre sus ropas]. ¡Que cuatro nipones raptádola habían! ¡Habían, habían!
PRISIONERA INGLESA.- ¡Oh, es el fin!
NOVIO I.- Bien lo dices, infiel: es el fin. [Al ÁNGEL]. Yo mismo escribí la carta. [A ella]. Se me ha aparecido el fantasma de tu madre pidiéndome que vengue su muerte a manos de Angelino.
ÁNGEL.- ¡Soy inocente! ¡Los fantasmas mienten!
PRISIONERA INGLESA.- Fui yo quien la mató. ¡Fue un error!
NOVIO I.- Tu padre mismo me lo ha confirmado.
PRISIONERA INGLESA.- ¡Fue él quien me engañó!
NOVIO I.- Le rebanaste la cabeza con una cimitarra.
TODOS.- ¿La que era propiedad de su abuelo? ¿La que recibió de manos del faraón Tutanjamón XXIII?
PRISIONERA INGLESA.- Pensaba que era el amante de mi madre. Es a él a quien debía matar.
NOVIO I.- Pero él estaba muerto ya. ¿A quién quieres engañar?
PRISIONERA INGLESA.- Yo nada sabía.
NOVIO I.- Enterándome que habías huido a esa isla abandonada en medio del océano me acerqué al emperador Pipitoko.
MAGO MERLÍN.- ¡Eso explica el ataque de los nipones!
NOVIO I.- Sabiendo que te habías comprometido con el rey Angelino, te escribí para atraerlo aquí.
ÁNGEL.- Pero, ¡yo no tengo nada que ver!
NOVIO I.- ¿Niega usted ser su amante?
ÁNGEL.- ¡Lo niego! Quise serlo, pero no tuve éxito. Tiene un corazón de hierro.
NOVIO I.- ¿Niega usted que ella accedió a casarse con usted
ÁNGEL.- No lo niego.
PRISIONERA INGLESA.- ¡Me iban a sacrificar! ¿Qué otra cosa podía hacer?
NOVIO I.- Al parricidio has unido el engaño.
PRISIONERA INGLESA.- Ocurrió segundos antes de la llegada de tus emisarios nipones. Era todo muy confuso.
NOVIO I.- Te has unido voluntariamente a los nipones y te has transformado en la madame más famosa de la ciudad.
PRISIONERA INGLESA.- ¡No tenía alternativa!
NOVIO I.- Tu vida está llena de engaños.
PRISIONERA INGLESA.- ¡Pobre de mí!
NOVIO I.- Ahora, ¡morirán! [Entra NOVIO II].
NOVIO II.- ¡Por sobre mi cadáver!
MAGO MERLÍN.- ¡Encantado! [Empuña la pistola y le dispara una vez, sin darle].
NOVIO II.- Al fin te encuentro, zorra. [Se aparta y canta ‘Chorra’, de Enrique Santos Discépolo].

‘CHORRA’
Por ser bueno me pusiste en la miseria.
me dejaste en la palmera,
me afanaste hasta el color.
En seis meses me comiste el mercadito,
la casiya de la feria,
la ganchera, el mostrador…
¡Chorra!… Me robaste hasta el amor…
Aura, tanto me asusta una mina,
que si en la calle me afila
me pongo al lado del botón…
¡Lo que más bronca me da
es haber sido tan gil!

Si hace un mes me desayuno
con lo que he sabido ayer,
no era a mí que me cachaban
tus rebusques de mujer…
Hoy me entero que tu mama,
“noble viuda de un guerrero”,
¡es la chorra de más fama
que ha pisado la treinta y tres!

Y he sabido que el “guerrero”,
que murió lleno de honor,
ni murió ni fue guerrero
como me engrupiste vos.
¡Está en cana prontuariado
como agente de la camorra,
profesor de cachiporra,
malandrín y estafador!

NOVIO II.- Por tu causa, mi pobre madre ha muerto de pena.
TODOS.- ¡Se le ha aparecido el fantasma de la madre…
NOVIO II.-… ¡Pidiéndome que vengue su muerte!
TODOS.- ¡A manos de su hija!
PRISIONERA INGLESA.- ¿Mi hija?
NOVIO II.- Sí, chorra, tu hija, que le puso veneno de ratas en su huevo matinal.
NOVIO I.- ¡Otro amante decepcionado!
NOVIO II.- ¡Morirán todos! [Al tiempo que el NOVIO II saca una pistola y dispara contra el NOVIO I, éste saca la suya y dispara contra la PRISIONERA INGLESA, mientras el MAGO MERLÍN dispara contra el ÁNGEL. Caen].
ÁNGEL.- ¡Estoy herido!
MAGO MERLÍN.- Perdóneme, Su Alteza, me dejé llevar por el momento. Como todo el mundo estaba disparando…
ÁNGEL.- ¡Mentecato!
TODOS.- ¡Eso, eso, eso!
NOVIO II.- Ya nada tiene sentido para mí. [Se aparta y canta ‘A la luz del candil’, de Julio Navarrine].

‘A LA LUZ DEL CANDIL’
¿Me da su permiso, señor comisario?…
Disculpe si vengo tan mal entrasao;
yo soy forastero y he caído al Rosario,
trayendo a los tientos un güen entripao.
Acaso usted piense que soy un matrero;
yo soy gaucho honrado a carta cabal;
no soy ni borracho ni soy un cuatrero.
Señor comisario…, yo soy criminal.

Arrésteme, sargento, y póngame cadenas;
si soy un delincuente que me perdone Dios.
Yo he sido un criollo güeno, me llamo Alberto Arenas;
señor, me traicionaban, y los maté a los dos…
Mi china fue malvada, mi amigo era un sotreta.
Mientras me fui a otro pago me basureó la infiel;
las pruebas de la infamia las traigo en la maleta:
las trenzas de mi china y el corazón de él.

Apriete, sargento, que no me retobo;
yo quiero que sepan la verdad de a mil.
La noche era obscura como boca ‘e lobo…
testigo solito, la luz del candil.
Total, casi nada: un beso en la sombra,
dos cuerpos cayeron y una maldición.
Y allí, comisario, si usté no se asombra…
yo encontré dos vainas para mi facón.

El NOVIO II se arroja sobre la PRISIONERA INGLESA y, sacando unas tijeras de entre las ropas, le corta las trenzas. Perseguido por los otros, escapa y vuelve sobre el cadáver del NOVIO I al que, metiéndole un cuchillo, le saca el corazón. El ÁNGEL toma el corazón y lo arroja al MAGO MERLÍN. Cuando el NOVIO II intenta recuperarlo, el MAGO MERLÍN lo arroja al ÁNGEL. Finalmente, el NOVIO II recupera el corazón y lo mete en una maleta. Aparece el COMISARIO que le pone grandes cadenas. Salen ambos lentamente, el NOVIO II arrastrándose bajo el peso del metal. Aparece el FANTASMA I.

FANTASMA I.- ¡Has olvidado tu promesa!
ÁNGEL.- ¡Padre!
FANTASMA I.- ¡Has mancillado el honor de nuestra familia!
ÁNGEL.- No he tenido tiempo. ¿No has visto, oh padre, el barullo en que estaba metido?
FANTASMA I.- Mi asesino ronda suelto por ahí. [Entra FANTASMA II].
ÁNGEL.- ¡Tío!
FANTASMA II.- ¡Yo no lo maté!
FANTASMA I.- ¡Traidor! ¡Me hundiste la cabeza en una sopa de pollo!
FANTASMA II.- ¡No me di cuenta!
FANTASMA I.- ¿Me quieres convencer de semejante estupidez? [Entra FANTASMA III].
ÁNGEL.- ¡Tío!
FANTASMA III.- ¡Me amarró y me puso la cabeza en el microondas! ¡Morí calcinado!
FANTASMA II.- [A FANTASMA III]. Te consideraba mi mejor amigo.
FANTASMA I.- Nunca pensé que fueras capaz de semejante oprobio.
ÁNGEL.- ¡No quiero saber más! [Entra FANTASMA IV].
FANTASMA IV.- ¡Es falso! ¡Te ahogaste en el mar después de que se te apareció el fantasma de tu padre! [Entra FANTASMA V].
FANTASMA V.- ¡Busco al fantasma de San Martín! [Entra FANTASMA VI]. ¡Ah, maldito!
FANTASMA VII]. ¡Y yo era el jefe del imperio inca!
TODOS.- ¡Tupac Cacac Tictac! [Entra FANTASMA VIII].
FANTASMA VIII.- [Con un caldero]. ¡It’s war, war, war! [Entra FANTASMA IX].
FANTASMA IX.- [Inclinándose sobre el cuerpo de la PRISIONERA INGLESA]. ¡Hija mía! [Entra FANTASMA X].
FANTASMA X.- ¡Me rebanaste la cabeza con una cimitarra! ¡Parricida! [Entra FANTASMA XI].
FANTASMA XI.- ¡Maten a mi novio! ¡Me acaba de ultimar!
TODOS.- ¡Venganza, venganza, venganza! [En el barullo, los FANTASMAS sacan pistolas y se disparan entre sí. En medio de la balacera, el ÁNGEL y el MAGO MERLÍN se arrojan al suelo. Los FANTASMAS caen. Cautelosamente, el MAGO MERLÍN y el ÁNGEL se levantan arreglándose las ropas].
MAGO MERLÍN.- Nunca vi tantos fantasmas juntos.
ÁNGEL.- Ni yo. Tampoco sabía que morían…, y menos a bala.
MAGO MERLÍN.- Tiene razón, Su Alteza. No lo había pensado. Quizás… [Se acerca a los FANTASMAS tendidos y levanta una sábana].
ÁNGEL.- No me diga que…
MAGO MERLÍN.- [Descubriendo al FANTASMA]. ¡El emperador Pipitoko!
ÁNGEL.- ¡Los nipones!
MAGO MERLÍN.- ¡Es hora de volver!
ÁNGEL.- [Examinando y extendiendo las alas]. Sí, es hora de volver. [Sacude las alas. Se aparta y canta ‘Volver’, de Alfredo Le Pera].

‘VOLVER’
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor;
y, aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La quieta calle donde el eco dijo
“Tuya es su vida, tuyo es su querer”,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.

Volver
con la frente marchita…
Las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada;
que febril la mirada,
errante en las sombras,
te busca y te nombra.

Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.

Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenan mi soñar…

Pero el viajero que huye,
tarde o temprano
detiene su andar.

Y aunque el olvido que todo destruye
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.

ÁNGEL.- Sí, es hora de volver. [Sacude las alas; el MAGO MERLÍN se sube a su espalda y así emprenden el vuelo].

ACTO IV
Un hombre solo [el ÁNGEL], en su cama, despertándose. Mira a la persona a su lado, que permanecerá cubierta [es el EMPERADOR PIPITOKO].

ÁNGEL.- ¡Qué pesadilla atroz! Soñé que eras el mago Merlín y que yo era el rey de una isla perdida en el océano Atlántico.
EMPERADOR PIPITOKO.- [Alisándose las pestañas y asomándose apenas]. ¿Qué dices?
ÁNGEL.- Yo llegaba a la isla. Era un náufrago. Se me había aparecido el fantasma de mi padre pidiéndome que vengara su muerte.
EMPERADOR PIPITOTOKO.- ¿Sabes qué hora es?
ÁNGEL.- Y tú, eras una inglesa que caía a la isla. A ti te perseguía el fantasma de tu madre.
EMPERADOR PIPITOKO.- ¿El fantasma de mi madre?
ÁNGEL.- Sí, la habías matado con una cimitarra.
EMPERADOR PIPITOKO.- Ah, déjame dormir.
ÁNGEL.- Fue un sueño extraño.
EMPERADOR PIPITOKO.- Estamos en verano.
ÁNGEL.- [Estirándose]. Es hora de comenzar el día.
EMPERADOR PIPITOKO.- ¿Había mujeres en tu sueño?
ÁNGEL.- Tú eras una prisionera inglesa. Te hacían prisionera y yo me enamoraba de ti.
EMPERADOR PIPITOKO.- Ayer soñaste lo mismo, pero la prisionera no era yo, sino mi madre. Es que no tienes respeto por nada.
ÁNGEL.- ¿Qué puedo hacer? [Sale de la cama, se aparta un poco y canta ‘Si soy así’, de Antonio Botta].

‘SI SOY ASÍ’
Si soy así,
¿qué voy a hacer?
Nací buen mozo
y embalao para querer.
Si soy así,
¿qué voy a hacer?
Con las mujeres
no me puedo contener.
Por eso tengo
la esperanza que algún día
me toqués la sinfonía
de que ha muerto tu ilusión.
Si soy así,
¿qué voy a hacer?
Es el destino
que me arrastra a serte infiel.
Donde veo unas polleras
no me fijo en el color…
Las viuditas, las casadas y solteras
para mí todas son peras
en el árbol del amor.
Y si las miro coqueteando por la calle
con sus ojos tan porteños y su talle cimbrador,
le acomodo el camouflage
de un piropo de mi flor.

Si soy así,
¿qué voy a hacer?
Pa’ mí la vida
tiene forma de mujer.
Si soy así,
¿qué voy a hacer?
Es Juan Tenorio
que hoy ha vuelto a renacer.
Por eso, nena,
no sufrás por este loco
que no asienta más el coco
y olvidá tu metejón.
Si soy así,
¿qué voy a hacer?
Tengo una esponja
donde el cuore hay que tener.

EMPERADOR PIPITOKO.- Siempre sabes cómo seducirme.
ÁNGEL.- [Acercándose]. Qué extraña voz tienes. ¿Estás constipada?
EMPERADOR PIPITOKO.- Un poco.
ÁNGEL.- Hoy tienes otro color de pelo…
EMPERADOR PIPITOKO.- [Cubriéndose]. No me mires.
ÁNGEL.- [Acercándose]. ¿Te quedó mal el teñido?
EMPERADOR PIPITOKO.- Sí. Mal, mal, mal.
ÁNGEL.- Y, qué orejas tan grandes tienes.
EMPERADOR PIPITOKO.- Para oírte mejor.
ÁNGEL.- Esos ojos, cómo fulguran en su inmensidad.
EMPERADOR PIPITOKO.- Para verte mejor, Angelino.
ÁNGEL.- Y esa nariz…
EMPERADOR PIPITOKO.- Para olerte mejor.
ÁNGEL.- Esos labios carnosos…
EMPERADOR.- Ah, para comerte mejor.
ÁNGEL.- [Tratando de meterse a la cama]. Déjame acompañarte un rato. [Descubriéndolo]. ¡El emperador Pipitoko!
EMPERADOR PIPITOKO.- [Descubriéndose]. ¡El mismo!

El ÁNGEL salta de la cama y corre tratando de huir. De pronto emerge un CANGREJO SUBTERRÁNEO, que lo devora. El EMPERADOR PIPITOKO huye dando brincos entre los CANGREJOS que emergen del suelo.

TELÓN

Nota. No me he detenido en la puesta en escena porque creo que debe ser tarea de quienes lo hagan. Sin embargo, conviene que aclare algunas cosas. Los personajes muestran rasgos de locura, sin que sean demasiado pronunciados, y en sus diálogos se advierte la influencia de caracteres circenses y de cómics. Sería interesante, además, que la iluminación adoptara el formato del cómics, para hacer posible planos cercanos (primeros planos circulares y rectangulares) y enfoques diagonales. Igualmente, el vestuario debería preferir los colores primarios típicos de la literatura popular.
lísperguer

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