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[Washington, Estados Unidos] [La corte resuelve que un perro policial olisqueando en la puerta de tu casa es un allanamiento inconstitucional.]

La Corte Suprema falló el martes que la policía no puede llevar perros policiales rastreadores a la propiedad de un sospechoso para buscar evidencias sin contar primero con una orden de allanamiento, una decisión que podría limitar el uso de las sensibles narices de los perros de parte de los investigadores para detectar drogas, explosivos y otros ítems ocultos a la vista, el sonido y el olfato.
El alto tribunal dividió su decisión en una votación 5-4 para mantener el fallo de la Corte Suprema de Florida desechando evidencias incautadas en el allanamiento de la casa de Joelis Jardines en el área de Miami. El allanamiento se basó en un llamado de alerta de Franky, el perro de las drogas, desde la puerta principal cerrada.
El juez Antonin Scalia dijo que una persona tiene el derecho, garantizado por la Cuarta Enmienda, a no ser vigilado por el estado en su propia casa y en el entorno inmediato, que es llamado el cortijo.
“La policía no puede, sin una orden judicial basada en una causa probable, revisar la entrada o el jardín lateral, buscando evidencias y tal vez mirando por las ventanas de la casa”, dijo el juez Antonin Scalia a nombre de la mayoría. “Y los agentes tenían todos sus pies y los de sus compañeros, plantados firmemente en ese cortijo: el porche es el ejemplo clásico de un área asociada íntimamente con la vida hogareña”.
Lo acompañaron en su opinión los jueces Clarence Thomas, Ruth Bader Ginsburg, Sonia Sotomayor y Elena Kagan.
Los cuatro jueces que disintieron fueron el juez presidente John Roberts, el juez Stephen Breyer, el juez Anthony Kennedy y el juez Samuel Alito.
No es invasión de morada cuando un cartero pasa un periodo breve, dijo Alito. Y eso incluye a “los agentes de policía que quieren reunir pruebas contra un inquilino”, dijo Alito. “Sin embargo, de acuerdo a la corte en este caso el agente de policía, detective Bartelt, cometió invasión de morada porque estaba acompañado, durante esta visita de otro modo legítima a la puerta de entrada de la casa, de su perro Franky. ¿Dónde está esa ley?”
Alito también dijo que el fallo de la corte estira demasiado las expectativas de privacidad. “Una persona razonable entiende que los olores que emanan de una casa pueden ser detectados desde ubicaciones que están abiertas al público, y que una persona razonable no contará con la potencia de esos olores que quedan dentro del rango que, aunque es detectable por un perro, no puede ser olfateado por humanos”.
El perro no era el problema, dijo Scalia, “sino la conducta que aquí implicó el uso del perro”.
“Creemos que una persona típica encontraría ‘una causa de gran alarma’ si se topara con un desconocido fisgoneando en su porche, con o sin perro”, dijo Scalia. “La oposición dejaría que la policía hiciera lo que quisiera a la hora de recoger evidencias provisto que no se muevan de la base, para usar una analogía del béisbol –‘mientras se aferren al sendero que es normalmente utilizado para acercarse a una puerta principal, como un pasadizo pavimentado’. Desde ese punto de vista, pueden presumiblemente escudriñar en la casa con binoculares con total impunidad. Esa no es la ley, aunque el estado conceda”.
Miles de perros son usados por organizaciones gubernamentales en Estados Unidos para rastrear a criminales, detectar artículos ilegales como explosivos en los aeropuertos y revisar sitios en ruinas como edificios que han sido blanco de atentados y huracanes o casas destruidas por un terremoto.
En la mañana del 25 de diciembre de 2006 detectives de policía de Miami-Dade y agentes de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos montaron un equipo de vigilancia frente a una casa al sur de la ciudad después de recibir una delación anónima de que en la casa había una plantación de marihuana. El detective Douglas Bartelt llegó con Franky y los dos se dirigieron a la casa, donde Franky detectó rápidamente el olor a yerba en la parte de debajo de la puerta principal y se sentó ahí, como le habían enseñado a hacerlo.
El olfateo fue usado para obtener una orden de allanamiento de un juez. La casa fue allanada y su único ocupante, Jardines, fue arrestado tratando de escapar por la puerta trasera. Los agentes requisaron 179 plantas de marihuana vivas en la casa, con un valor promedio en la calle de más de 700 mil dólares.
Jardines fue acusado de tráfico de marihuana y robo por no pagar la electricidad que se necesita para hacer funcionar la altamente sofisticada operación. Se declaró inocente y su abogado impugnó el allanamiento, diciendo que el rastreo de Franky frente a su puerta era una intrusión policial inconstitucional en su casa.
El juez aceptó el alegato y desechó las evidencias incautadas en el allanamiento, pero la decisión fue revertida por una corte de apelaciones intermedia. En abril una dividida Corte Suprema de Florida tomó partido por el juez original.
Ese fallo fue sostenido por la decisión de la Corte Suprema, la última en una larga lista de disputas sobre si el uso de perros para detectar drogas, explosivos y otras substancias ilegales o peligrosas viola la garantía de la Cuarta Enmienda contra allanamientos y registros ilegales. La corte ha aprobado el recurso a los perros rastreadores en varios casos importantes. Dos de los perros que detectaron drogas durante paradas de tráfico rutinarias. En otro, un perro detectó drogas en una maleta en un aeropuerto. Un cuarto perro detectó un paquete en tránsito lleno de drogas.
La diferencia en este caso, dijo la corte, es que Franky fue usado en casa.
“Un perro que rastrea drogas es un dispositivo especializado en descubrir objetos que no están a la vida (o que no pueden oler)”, escribió Kagan en un voto concurrente. “Ese dispositivo estaba orientado hacia la casa: el más privado e íntimo de todos los lugares y cosas que protege la cuarta enmienda. ¿Era invasión de morada esta actividad? Sí, sostiene hoy la corte. ¿Fue también una invasión de privacidad. Sí, eso también”.
Esta es la segunda decisión este año sobre el uso de perros detectores de drogas por parte de la policía. La corte resolvió unánimemente, en otro caso de Florida, que la policía no tiene que documentar el trabajo de los perros detectores de drogas en el campo para poder usar los resultados de su trabajo en una corte.
El caso era Florida contra Jardines, 11-564.
12 de abril de 2013
26 de marzo de 2013
©washington post
cc traducción c. lísperguer

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