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[Crítico de cine. Llegó a escribir un guión: el de ‘El valle de los placeres’, una película de culto.]

[Caryn Rousseau] Robert Ebert poseía el pulgar más observado de Hollywood. Con un giro de muñeca, el crítico galardonado con un Premio Pulitzer podía ofrecer un comentario que influía en un país de cinéfilos y podía a veces terminar con una película, o hacerla.
El fornido crítico de gafas con marco de carey formó equipo con Gene Siskel en la televisión para crear un formato de crítica que demostró ser terriblemente atractivo en su simplicidad: reseñas que eran a la vez inteligentes y accesibles y no menospreciaban a los cinéfilos de a pie.
Ebert, crítico de cine para el Chicago Sun-Times desde 1967, murió el jueves en el Instituto de Rehabilitación de Chicago, dos días después de que anunciara en su blog que seguiría un tratamiento con radiación para combatir un cáncer recurrente. Tenía 70 años.
“Así que en este día de reflexión les digo de nuevo, gracias por acompañarme en este viaje. Los veo en el teatro”, dijo Ebert a sus fans en su blog.
Pese a su influencia, Ebert se consideraba a sí mismo “simplemente un cinéfilo”.
“He visto innumerables películas y las he olvidado casi todas, espero, pero sí recuerdo las que vale la pena recordar, y están todas en la misma estantería en mi cabeza”, escribió Ebert en su libro de memorias de 2011, titulado ‘Life Itself’.
Ebert había perdido una parte de su mentón y la capacidad de hablar, beber y comer después de cirugías al cáncer en 2006, pero superó sus problemas de salud para reanudar sus reseñas y finalmente incluso volvió a la televisión. Además de su trabajo para el Sun-Times, se convirtió en un prolífico usuario de los medios sociales, conectándose con fans vía Facebook y Twitter.
El pulgar de Ebert –que apuntaba arriba o abajo- era su sello distintivo. Fue el principal logo de sus prolongados programas de televisión que Ebert presentó, primero, con Siskel, del rival Chicago Tribune, y después de la muerte de Siskel en 1999, con su colega del Sun-Times, Richard Roeper. Una recomendación de dos pulgares hallaría el camino hacia la publicidad de la película en cuestión.
El logo del pulgar siguió siendo propiedad de Ebert y la viuda de Siskel, y a principios de 2011, Ebert lanzó su nuevo programa, ‘Ebert Presents At the Movies’. El programa tenía nuevos presentadores; Ebert tenía su propio segmento: ‘Roger’s Office’. Utilizó una prótesis de mentón y contrató a actores de voz o empleó programas de ordenador para leer sus reseñas.
Algunos fans llamaron a Ebert una valiente inspiración, pero dijo a la Asociated Press que la valentía y el coraje tenían “poco que ver con esto”.
“Uno juega con las cartas que recibe”, escribió Ebert en un email en enero de 2011. ¿Qué opción tienes? No tengo dolor. Disfruto de la vida. ¿Por qué debería quejarme?”
Siempre modesto, Ebert poseía el encanto del Midwestern, pero se aferraba fuertemente a su creencia de que los críticos debían decir claramente a su público “cómo invertir mejor dos horas de su vida”.
En el aire, Ebert y Siskel reñían como una vieja pareja y se provocaban abiertamente. Para los espectadores que tenían dificultades para distinguirlos, Ebert era conocido como el gordo con gafas; Siskel era el flaco calvo.
Ebert prefería los chalecos azules y caquis. Más tarde en su vida, después de las operaciones, se pasó a los cuellos de tortuga negros y pañuelos blancos.
Al incorporarse al Sun-Times a tiempo parcial en 1966, estudió en la Universidad de Chicago y consiguió el trabajo de reseñista al año siguiente. Finalmente sus reseñas fueron sindicadas a varios cientos de diarios, compiladas en libros y repetidas en innumerables páginas web, que lo convertirían en uno de los más influyentes críticos de cine del país, incluso sin su fama por la televisión.
El Pulitzer de 1975 fue el primero, y uno de los solo tres entregados a un crítico de cine desde que se creara la categoría en 1970. En 2005, recibió otro reconocimiento cuando se convirtió en el primer crítico en tener una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.
El estilo casual y sucinto de Ebert, así como su conocimiento de las técnicas de cine y el lado comercial de la industria, lo convirtieron en un éxito casi instantáneo.
Pronto empezó a hacer entrevistas y perfiles de actores y directores notables, además de sus reseñas de películas –celebrando leyendas como Alfred Hitchcock, John Wayne y Robert Mitchum. Ebert también brindó palabras de aliento a recién llegado Martin Scorsese, que era uno de los tres directores trabajando en un documental biográfico sobre Ebert al momento de su muerte.
En 1969, Ebert pidió permiso al Sun-Times para dedicarse a escribir el guión de ‘El valle de los placeres’ [Beyond the Valley of the Dolls]. La película fue clasificada como “X” y se convirtió en una suerte de película de culto.
La carrera de Ebert en la televisión empezó el año que ganó el Pulitzer, primero en el canal WTTW-TV, la estación en Chicago de PBS, y luego a nivel nacional con PBS y más tarde en varios servicios comerciales sindicados.
15 de abril de 2013
4 de abril de 2013
©boston globe
cc traducción c. lísperguer

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