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[Wounded Knee, Dakota del Sur] [Indignación por plan para vender sitio de la masacre de Wounded Knee. En la imagen, Lillian Red Star Fire Thunder, con su nieto e hijo, apoya desarrollar Wounded Knee.]

[John Eligon] Desde que soldados estadounidenses masacraran a hombres, mujeres y niños aquí hace más de cien años en el más grande derramamiento de sangre de las guerras nativas americanas, este encantado tramo de onduladas colinas y pinos ponderosos ha personificado la combustible relación entre los indios y el gobierno de Estados Unidos.
Fue aquí que un grupo de activistas indios expresaron sus quejas contra el gobierno con una toma violenta, en 1973, que produjo protestas, un sangriento punto muerto con agentes federales y profundas divisiones entre el pueblo indio.
Y ahora el sitio de la masacre, que pasó a manos no indias hace generaciones, está a la venta, nuevamente arrastrando a Wounded Knee al centro de la implacable lucha de los indios contra la injusticia que perciben –así como sembrando rupturas dentro de la tribu sobre si sería adecuado que la tribu comprara la tierra y la desarrollara de algún modo que llevara dinero a la empobrecida región.
James A. Czywczynski, de Rapid City, está pidiendo 3.9 millones de dólares por el terreno de dieciséis hectáreas que posee aquí, muchos más que los siete mil que los profundamente endeudados Oglala Sioux dicen que vale la tierra. Czywczynski insiste en que su precio se ajusta con el valor sentimental e histórico de la tierra, una actitud que la gente aquí considera una falta de respeto.
“Ese valor histórico significa algo para nosotros, no para él”, dijo Garfield Steele, miembro del consejo tribal que representa a Wounded Knee. “Aquí abunda la codicia de los no-indios. Según yo, no puedes poner precio a las vidas que se cobraron aquí”.
Disputas por la tierra tocan una cuerda en los indios americanos, dada la larga historia de promesas incumplidas y tratados rotos de Estados Unidos. El choque por Wounded Knee está raising las disyuntivas morales, legales y sociales que han sobrecargado a generaciones de indios americanos.
¿Deberían pagar por la tierra que creen que les fue robada? ¿Debería la tierra ser urbanizada o conservada como sacra? ¿Debería la tribu, cuyos miembros se encuentran entre los más pobres de Estados Unidos, capitalizar lo que ocurrió aquí?
Justo el año pasado, la Gran Nación Sioux se encontró a sí misma en un predicamento similar para conservar tierras sagradas. Pe’Sla, un enorme tramo de tierra de las praderas en Black Hills que creen que fue el sitio de una épica batalla entre el bien y el mal, fue puesto a la venta por no-indios. Varias bandas sioux, temiendo que la tierra pudiera ser profanados por desarrollos comerciales, reunieron nueve millones de dólares para comprar las 1.942 acres.
Las perspectivas de adquirir el terreno de Wounded Knee, que está ubicado en la Pine Ridge Reservation, no son tan brillantes. El peso de la compra de la tierra recaería en la tribu oglala sioux, que tiene una deuda de al menos sesenta millones de dólares, de acuerdo a su tesorero, Mason Big Crow, y tendría que pedir dinero prestado para poder pagar el precio de Czywczynski.
La masacre del 29 de diciembre de 1890 empezó cuando se oyó un tiro cuando los soldados de la Séptima Caballería de Estados Unidos registraban a la banda del Chief Big Foot, a cuyos miembros había detenido allí. (Algunos indios creen que la masacre fue una represalia por la aniquilación del general George Custer y sus tropas en Little Bighorn catorce años antes). El número de víctimas varía de 150 a más de trescientos, y algunos de los cuerpos fueron recuperados del terreno que posee Czywczynski.
Se cree que la tierra cayó en manos no indias algún tiempo después de que empezara un proceso de repartición a fines del siglo diecinueve, mediante el cual el gobierno federal dividió tierra entre los indios y dio algunas parcelas a no-indios. Czywczynski compró la tierra en 1968, vivió allí y dirigió el museo y tienda de abarrotes. Se marchó en 1973 después de que la violenta ocupación de Wounded Knee por una organización conocida como el Movimiento Indio Americano dejara en ruinas a gran parte de la ciudad, incluyendo la tienda de abarrotes y su casa. Czywczynski contó que llevaba treinta años tratando de vender la tierra a los sioux oglala, y responsabilizaba al caos interno de la tribu por su incapacidad de hacerlo.
“No se podía poner de acuerdo sobre nada”, dijo. “O no tienen dinero; algunos querían ganarlo; otros, para nada; era mucho; o muy poco. Ahora, a mis 74 años, he llegado a la conclusión de que voy a vender la propiedad”.
Si la tribu no la compra para el 1 de mayo, anunció Czywczynski, la pondrá en subasta en el mercado abierto.
El presidente de los sioux oglala, Bryan V. Brewer, dijo: “No creo que debamos pagar por algo que es nuestro”. Agregó que dejaría a los descendientes de la masacre idear un modo de seguir adelante.
Pero las promesas pueden ser engañosas. Hay considerable desacuerdo sobre si la tribu debería sacar provecho de Wounded Knee a través, por ejemplo, del desarrollo de atracciones turísticas.
“Toda vez que discutimos este tema de la masacre de Wounded Knee, nos pone en un profundo estado psicológico porque tenemos que volver a revivir el horror”, dijo Nathan Blindman, 56, uno de cuyos ancestros sobrevivió la masacre. “No haríamos nunca nada que pudiera indicar que como descendientes estamos sacando provecho de la tragedia de nuestros ancestros”.
Phyllis Hollow Horn, 56, cuya bisabuela y tía abuela se encontraban entre los sobrevivientes, dijo estaba dispuesta a apoyar un memorial educativo, pero tenía dudas sobre los beneficios para la tribu.
“Cómo y quién debería hacerlo es una gran pregunta”, dijo. “En los últimos días, esa es una decisión que tenemos que tomar los descendientes”.
Pero muchos encuentran el inflexible tradicionalismo difícil de dirigir, dadas las penurias en la reserva. El condado de Shannon, que abarca la mayor parte de Pine Ridge, tiene el porcentaje más alto que gente viviendo por debajo de la línea de la pobreza en un 53.5 por ciento, de acuerdo los datos del censo compilados por Social Explorer. Casi tres cuartos de las personas en el país son totalmente desempleados o no están en la fuerza de trabajo.
Los proponentes del comercialismo en Wounded Knee observan que miembros de la comunidad ya están sacando ventaja del sitio, vendiendo artesanías a los turistas en el área. Esto produce frecuentemente guerras territoriales, y algunos han sugerido construir un mercado para llevar orden a los negocios.
Garry Rowland, nativo de Wounded Knee, dirige un centro turístico de un cuarto que construyó junto a la fosa común donde fue enterrada la mayoría de las víctimas. Algunos residentes han criticado su centro, llamándolo de informal y acusándolo de sacar provecho de la sangre de sus ancestros.
Pero Rowland dijo que su bisabuelo Chief Fire Lightning poseía la tierra antes de la masacre y que su familia decidiría qué hacer. (Hollow Horn pone en duda que Fire Lightning poseyera la tierra o fuera el jefe).
“No cobramos entrada para el museo”, dijo Rowland, que participó en la toma de 1973, cuelga la bandera de Estados Unidos cabeza abajo y luce con orgullo una gorra FBI, que dice que quiere decir “full-blooded Indian”. “Sólo estamos tratando de conservar qué pasó aquí. Diremos la verdad sobre lo que ocurrió”.
Algunos han abogado por el desarrollo de instalaciones como una gasolinera y una tienda de abarrotes para ahorrarse los cerca de veinte minutos de trayecto hacia Pine Ridge. También dicen que construir un motel podría atraer a turistas.
Aunque respeta las vidas perdidas en la masacre, Lillian Red Star Fire Thunder, 79, residente de Wounded Knee, dijo que no estaba de acuerdo con hacer que el desarrollo de la tierra “sonara como si fuese un tabú”.
“Eso fue ayer; mañana va a ser mañana”, dijo. “Deberían pensar en el futuo de los hijos, de las familias”.
28 de abril de 2013
31 de marzo de 2013
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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