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[Estados Unidos] [Mujer fue encarcelada por el ruin delito de denunciar maltratos en un matadero].

[Piper Hoffman] Una mujer está parada en la acera y usa su celular para filmar lo que está pasando al otro lado de la calzada a plena luz del día. Llega la policía y la acusa por una infracción que incluye una posible pena de seis meses de cárcel.
Suena como una historia en un régimen totalitario en un país del tercer mundo, o quizá en Arizona. Pero no, esto pasó en Utah debido a la nueva ley ag-gag [leyes que prohíben documentar maltrato animal; ley mordaza].
El lado siniestro en este caso, es que la activista animalista de veinticinco años, Amy Meyer, corre el riesgo de ser la primera persona juzgada por la ley ag-gag.
Meyer se puso a filmar el matadero porque oyó que personas que estaban en la propiedad pública podían ver el recinto a través de los alambres de púa y, como lo dijo ella misma, “presenciar el horror de las vacas luchando por sus vidas cuando eran conducidas a sus violentas muertes”.

Leyes Ag-Gag
Las leyes ag-gag fueron diseñadas para ayudar a las granjas de cría intensiva y negocios asociados a mantener en secreto los abusos que cometían con los animales. Varios estados las han ya promulgado (Kansas, Montana, North Dakota, Utah, Iowa y Missouri), y muchos otros están considerando su adopción de leyes similares (Arkansas, Nebraska, North Carolina, Pennsylvania, Tennessee, Vermont y Wyoming). En general, criminalizan estas leyes la fotografía o la filmación de lo que esté ocurriendo en granjas de cría intensiva, incluso si no estás violando ninguna morada ni ocultando tus actividades.
Estas leyes son una defensa contra más investigaciones como las numerosas y recientes pesquisas que revelaron evidencias de espantosa crueldad y otras infracciones legales en Big Ag. El escándalo resultante condujo a la clausura de plantas y retiradas de productos. No sorprende que la agroindustria quiera silenciar a las personas que denuncian sus secretos más espeluznantes: las consecuencias duelen en el bolsillo. Ninguno de ellos quiere ver a una planta cerrada debido a un trabajador intrépido con una cámara oculta.
El hecho de que los legisladores aprueben estas leyes (algunos; otros las han rechazado) demuestra lo profundos que son los bolsillos de Big Ag. De acuerdo a la Unión Americana por las Libertades Civiles, las leyes son “violaciones flagrantes de la Primera Enmienda”. Eso parece obvio.

Amy Meyer: Documentalista
Meyer cometió su ruin delito de estar en una acera pública apuntando con su celular el 8 de febrero; once días después, la fiscalía la imputó por el cargo de interferir con una operación agrícola. (¿Cómo podía interferir estando parada en la calle?)
Su historia termina bien: después de declararse inocente, Utah depuso los cargos contra ella. Las autoridades la mantuvieron durante dos meses a la espera antes de desechar los cargos, y podría presentarlos nuevamente, aunque esto parece poco probable –parece que los funcionarios de Utah estaban reaccionando a una avalancha de mala publicidad (el reportaje provocó un crash en la portada hace una hora) cuando depusieron los cargos, y no querían un segundo chapuzón.
La deposición de los cargos fue un golpe de suerte para Meyer, porque el matadero que filmó, el Dale T. Smith and Sons Meatpacking Company, es propiedad del alcalde del pueblo, Darrell H. Smith –que también es responsable del nombramiento de los jueces locales. La declaración pública de Meyer sugiere que no va a cambiar su compromiso con los animales.

“Lo que vi fue impresionante, para decir lo menos. Las vacas siendo arreadas hacia el interior del local, luchaban por devolverse una vez que olían y oían la miseria que les esperaba dentro. Vi pilas de cuernos dispersos por la propiedad y la carne siendo arrojada por un tobogán a un lado del edificio. También presencié lo que es un claro acto de crueldad hacia los animales –una vaca viva que parecía estar enferma o herida y estaba siendo alejada del edificio en un tractor, como si no fuera más que escombros.
Durante mi grabación de esta crueldad, permanecí siempre en espacio público. Nunca crucé al otro lado de los alambres de púa que están ahí para demarcar la propiedad privada de la pública. Se los dije a los agentes cuando llegaron.
Estoy estupefacta y decepcionada de que el condado de Draper me esté procesando simplemente por estar en un espacio público, documentando un horrendo caso de maltrato animal, mientras que los que perpetraron estos actos siguen libres mutilando y matando animales.
Ahora Meyer no será juzgada, pero si el matadero podrá seguir con sus negocios como siempre es una pregunta abierta”.
9 de mayo de 2013
6 de mayo de 2013
©care2

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