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[París, Francia] [Dominique Venner se suicidó a los 78 años para “despertar las conciencias adormecidas”. Un referente ultra se mató en Nôtre Dame. Habitado por una obsesión poderosa sobre la identidad nacional, el ensayista Venner convocaba de manera vigorosa a pensar nuevas formas de acción contra los negros y los árabes. Marine Le Pen le dedicó palabras elogiosas.]

[Eduardo Febbro] Dominique Venner eligió uno de los lugares más emblemáticos del cristianismo, la Catedral de Nôtre Dame, para dejar un último mensaje contra la decadencia de la civilización blanca y pura en la que creía: a las cuatro de la tarde, este ensayista y militante de la extrema derecha francesa se suicidó a los 78 años con un tiro en el altar de la Catedral. Figura influyente de la ultraderecha y hombre clave en la consolidación ideológica y programática de esta corriente política, Dominique Venner era la eminencia marrón de la ultraderecha contemporánea: estaba considerado como el pensador de la renovación del nacionalismo francés y el actor decisivo en su renacimiento luego de la Segunda Guerra Mundial. Su suicidio tiene una clara lectura política que él mismo se encargó de distribuir antes de quitarse la vida. En una carta entregada a la radio francesa Courtoisie, Venner dice: “Siento la obligación de actuar mientras me quedan fuerzas. Creo que mi sacrificio es necesario para romper el letargo que nos aplasta. Elijo un lugar muy simbólico, al que respeto y admiro. Mi gesto encarna una épica de la voluntad. Me mato para despertar las conciencias adormecidas. En momentos en que defiendo la identidad de todos los pueblos en sus propios lugares, me revelo contra el crimen que apunta al reemplazo de nuestras poblaciones”.
Ese “reemplazo” era, para Venner, la inmigración. En un último post publicado en su blog este ensayista e historiador autor de una obra prolífica se dirige a los opositores a la ley que autorizó el casamiento entre personas del mismo sexo –fue aprobada por la Asamblea y luego validada por el Consejo Constitucional– diciéndoles que “no pueden ignorar la realidad de la inmigración afro-magrebí. Su combate no puede limitarse al rechazo del matrimonio gay”. Desde luego, Venner consideraba esa ley como una cosa “infame”. Rasgo común de la extrema derecha francesa y Europa, Dominique Venner era de un racismo radical, sobro todo contra los árabes y los negros. Habitado por una obsesión poderosa sobre la identidad nacional, los valores occidentales y la decadencia de Occidente, Venner convocaba de manera vigorosa e inequívoca a pensar nuevas formas de acción contra los “musulmanes” que, decía, estaban sumergiendo a Occidente: “Harán falta gestos nuevos, espectaculares y simbólicos para hacer cimbrar las somnolencias, sacudir las conciencias y despertar la memoria de los orígenes”. De toda evidencia, se eligió a sí mismo para encarnar esa acción. Aunque se mató en la Catedral de Nôtre Dame, Venner no la frecuentaba con asiduidad.
Dominique Venner fue un compendio ilustrado de lo que es la extrema derecha y su razón de existir, la idea tenaz según la cual el mestizaje constituye el preludio del fin de la civilización europea. Venner escribió numerosos libros de historia y dirigió dos revistas de historia ligadas a la extrema derecha: Enquête sur l’histoire y La Nouvelle revue d’histoire. De hecho, este ensayista politemático nunca salió de las ideas que lo envolvieron desde su pasado colonial. En los años ’50 formó parte del movimiento extremista Joven Nación y durante la guerra de Argelia se sumó a los comandos de los terroristas de la OAS que luchaban contra la independencia de Argelia y contra el mismo general De Gaulle, que la había promovido. Encarcelado en los años ’60, cuando salió en libertad fundó el movimiento Europa Nación y más tarde participó en la creación del Agrupamiento de Investigaciones y Estudios por la Civilización Europea (Grece), un círculo de “estudios” de la extrema derecha que elaboró una estrategia de combate político y cultural para la conquista de las mentalidades. Venner y los miembros del Grece eran adeptos a la idea “de las raíces y la sangre” como zócalo de la identidad y ese principio tan occidental y erróneo según el cual sólo existe una jerarquía dominante: la de Occidente. A los casi 80 años, Venner eligió ser un mártir de esa causa. Con camperas negras o sin ellas, con corbatas o sonrisas resbalosas, la extrema derecha no ha variado sus convicciones. La líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, publicó en Twitter tras la muerte de Venner que su suicidio era un “último gesto eminentemente político” y con el cual Venner “intentó despertar al pueblo de Francia”.
23 de mayo de 2013
©página 12

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