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[¿Contribuye la depresión a la demencia?]

[Judith Graham] Numerosas investigaciones han asociado la depresión de la tercera edad con el aislamiento social, la mala salud y un creciente riesgo de muerte. Ahora, un nuevo estudio concluye que la depresión está asociada con la subsecuente demencia vascular y a la enfermedad de Alzheimer, condiciones destinadas a expandirse dramáticamente a la par del envejecimiento de la población.
El informe, publicado el miércoles en el British Journal of Psychiatry, es un análisis meta de veintitrés estudios previos que siguieron a casi cincuenta mil adultos mayores en una media de cinco años. Los investigadores constataron que los adultos mayores deprimidos (definidos por encima de los cincuenta años) tenían dos veces más probabilidades de desarrollar demencia vascular y 65 por ciento más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Ahlzeimer que personas de edad similar pero sin depresión.
“No podemos decir que la depresión de la tercera edad cause demencia, pero podemos decir que probablemente contribuye a ello”, dijo Meryl Butters, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh y co-autora de la ponencia. “Creemos que la depresión es tóxica para el cerebro, y si tienes algún tipo de daño cerebral ligero, eso se sumará al proceso degenerativo”.
En términos de riesgo absoluto, dijo, los datos sugieren que 36 de cada cincuenta adultos mayores con depresión de la tercera edad podrían desarrollar demencia vascular, mientras que 31 de cada cincuenta adultos mayores con antecedentes de depresión pueden ser diagnosticados con Alzheimer.
Investigaciones previas han mostrado que un historial de depresión está asociado a una duplicación del riesgo de que alguien enferme de Alzheimer. Pero este es el primer análisis para demostrar una asociación todavía más fuerte con la demencia vascular, una enfermedad causada por derrames y otras interrupciones del flujo sanguíneo en el cerebro.
Eso no quiere decir que haya una relación causal entre la depresión y la demencia; no la hay. Tampoco hay evidencias sólidas de que la prevención de la depresión detendrá la demencia.
Cerca del veinte por ciento de las personas con Alzheimer en Estados Unidos –entre medio millón y un millón de adultos- padecen la forma vascular de esta enfermedad, de acuerdo al Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Derrames. En general, más del cinco por ciento de los mayores de 65 tiene depresión clínica; las cifras son más altas entre los que reciben cuidados a domicilio o viven en instituciones.
¿Qué mecanismos biológicos pueden dar cuenta de una relación entre la depresión y la demencia? Algunas evidencias sugieren que las personas deprimidas producen grandes niveles de la hormona cortisol, que a su vez tiene un efecto adverso sobre el hipocampo –una parte del cerebro que es responsable de nuevos aprendizajes y la memoria a corto plazo.
“Sabemos que la gente que se deprime tiene elevados niveles de cortisol, una hormona relacionada con la respuesta al estrés, y un hipocampo más pequeño, un estructura cerebral críticamente importante para la memoria”, dijo el doctor Raymond Ownby, jefe de psiquiatría de la Facultad de Medicina Osteopática de la Nova Southeastern University de Fort Lauderdale, Florida, que estudia los posibles vínculos entre la depresión y la demencia.
Otras evidencias sugieren que la depresión contribuye a una inflamación crónica que daña los vasos sanguíneos e impide el flujo sanguíneo hacia el cerebro, provocando el deterioro de las redes neurales.
“SI los cambios inflamatorios crónicos son un rasgo común de la depresión, eso podría predisponer a los pacientes deprimidos con cambios neurodegenerativos más tarde en la vida”, de acuerdo a un artículo de 2007 en el Neurochemical Research http://link.springer.com/article/10.1007/s11064-007-9385-y.
Algunos expertos han avanzado la hipótesis de que la depresión puede compartir apuntalamientos genéticos con la demencia, puede ser una precoz señal de demencia o servir como una reacción emocional para funciones cognitivas dañadas y la memoria poco fiable. Alternativamente, la depresión puede agotar las reservas cognitivas de una persona, haciendo surgir a luz una limitante demencia.
Cualquiera sea el mecanismo subyacente, las implicaciones para los adultos mayores son claras. “Si alguien más tarde en la vida desarrolla depresión, podría ser tratado temprana y agresivamente, y si lo hace y se recupera, debería tratar de prevenir la recurrencia”, dijo Butters.
Aunque no hay evidencias de que hacer esto prevenga la demencia, tratar la depresión en los adultos mayores al menos mejora la calidad de vida, aliviando el sufrimiento y reduciendo otros riesgos sanitarios, dijeron varios otros expertos.
En el nuevo análisis, un grupo de adultos mayores fueron encuestados por síntomas auto-reportados de depresión en cada uno de veintitrés estudios. El hecho de que la gente con deterioro cognitivo ligero no fuera excluida de este grupo básico es una limitación significativa, dijeron algunos expertos.
“El MCI es un factor de riesgo independiente para la enfermedad de Alzheimer, y las personas con MCI a menudo tienen depresión y ansiedad”, dijo el doctor David Loewenstein, profesor de psicología y ciencias de la conducta en la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami. “La depresión informada podría haber sido una condición co-mórbida precoz de una enfermedad subyacente”.
Sin embargo, análisis meta previos de investigadores en China http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22815126, Australia http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11990888 y Estados Unidos http://archpsyc.jamanetwork.com/article.aspx?articleid=209578 sugieren un vínculo entre la depresión y la enfermedad de Alzheimer. Que la asociación podría extenderse también a la demencia vascular no es una sorpresa, dado el abundante cuerpo de investigación que conecta la depresión con la enfermedad cerebrovascular, dijeron expertos.
Los investigadores están estudiando preguntas relacionadas –más importantemente si “la identificación temprana de la depresión y su tratamiento adecuado reduce el riesgo de demencia”, dijo Deborah Barnes, profesora de psiquiatría, epidemiología y bioestática en la Universidad de California en San Francisco.
Autora de un estudio de 13.535 miembros de Kaiser Permanente, un seguro de salud de California, publicó el año pasado un artículo en JAMA Psychiatry http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22566581 que constató que los adultos mayores tienen tres veces más posibilidades de desarrollar demencia vascular si habían sufrido depresión al inicio de su edad mediana y la siguieron sufriendo más tarde en la vida.
Barnes también escribió un artículo en The Lancet que calculaba que casi el quince por ciento de los casos de enfermedad de Alzheimer en Estados Unidos son “atribuibles potencialmente a la depresión” y que una reducción del diez por ciento podría prevenir 68 mil casos de demencia.
25 de mayo de 2013
1 de mayo de 2013
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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