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[Edmundo Magaña] [Artículo publicado en Anthropologica 1988. Pontificia Universidad Católica del Perú, pp. 383-407.]

Como otras tribus sudamericanas, los kaliña de Surinam tienen un conjunto bastante complejo de nociones astronómicas que incluyen, entre otras cosas, la concepción de alrededor de cincuenta constelaciones, la observación del curso anual del sol (i.e. de los solsticios y equinoccios o el pasaje del sol por el cenit), el registro de las lunaciones y la observación del movimiento aparente de la Vía Láctea.1 Todos estos fenómenos son incorporados en un solo sistema de observación. Como otras culturas de las zonas tropicales, la astronomía kaliña recurre a dos conceptos fundamentales para ordenar las observaciones astronómicas: el uso del cenit y del nadir como polos y el del horizonte como círculo elemental de referencia, en contraste con las más características de las culturas de zonas temperadas que usan el polo celestial como centro de referencia. La diferencia entre estos dos sistemas se deriva indudablemente de la ubicación geográfica: vistos desde zonas temperadas, los objetos celestiales se mueven oblicuamente y describen un círculo en torno a estrellas polares; en las zonas tropicales, en cambio, describen un movimiento aparente “en línea recta” de este a oeste y tienen un azimut relativamente fijo. Un observador que ocupa el lugar central observa el mismo movimiento tanto al sur como al norte (cf. Aveni 1979; 1981).
Los kaliña, como acabo de decir, incorporan todos estos fenómenos en un solo sistema de observación: las líneas solsticiales y equinocciales son marcadas por algunas constelaciones; los solsticios mismos son asociados a la salida heliacal o cósmica o la puesta heliacal o cósmica; la Vía Láctea es concebida como “el río de cielo” y asociada igualmente a los solsticios. Todos estos fenómenos son asociados entre sí y a las épocas de caza y pesca de diferentes especies animales y peces, al cultivo de la mandioca y otros productos de plantación, a las lluvias y a la sequía, a las alianzas matrimoniales y a los ritos de iniciación masculina y femenina, al nivel del agua de los ríos, a los ciclos fisiológicos, etc. Como no puedo ocuparme aquí de todos estos tópicos, en el curso de este trabajo pondré énfasis en la constelación de Orión, que juega un papel fundamental importancia en la cosmología nativa. La semblanza de este personaje nos permitirá comprender muchas de las asociaciones mencionadas.
El universo kaliña es usualmente representado como teniendo tres o más niveles. La Tierra es una plataforma rectangular y plana y la morada de los indios cuyas aldeas se ubican conceptualmente en el centro. Las aldeas están rodeadas por bosque que son el dominio de varios espíritus y especies animales bajo la tutela del Señor del Bosque Kurupi y su mujer, Tïkokë. La Tierra está rodeada de ríos donde se ubican las aldeas de los hombres del agua y donde viven varios animales acuáticos y peces. Los ríos y las aguas terrestres pertenecen al dominio del Señor del Agua Okoyumo, un personaje representado como boa o caimán gigantesco o como un ser mitad, mitad pez, responsable de los peces y de las lluvias. Los ríos que rodean a la plataforma terrestre se conectan en determinadas épocas del año con la Vía Láctea. Debajo de la Tierra se encuentra el mundo subterráneo: aquí viven varias especies animales y tribus de enanos que carecen de boca o que solo tienen un pequeño agujero para la ingestión de alimentos. Se los representa comúnmente como alimentándose de aromas. El mundo subterráneo es custodiado por Armadillo: custodia las montañas que conducen a este mundo. Junto con Armadillo, hay varios otros personajes asociados al mundo subterráneo: entre otros, el Señor del Bosque ya mencionado. Arriba está el cielo, representado como la mitad de una calabaza invertida. El acceso al cielo es custodiado por Buitre Real.
El cielo tiene varios niveles: el de las estrellas, el del sol, el de la luna, el de la aldea de los muertos, el de los buitres, el de los guacamayos, etc. El cielo se conecta con la Tierra en los horizontes y con la Vía Láctea. Conceptualmente, el territorio o universo kaliña tiene a los ríos Maroní como límite oriental, al Coppename o Suriname como límites occidentales, al Tapanahoni o al Amazonas como límite sur y al como límite norte (Magaña 1988a).
Esta estructura cuadrangular del universo parece derivarse del modelo de que se observa en el movimiento aparente de los objetos celestiales que describen una estructura similar. El cielo es también percibido como una plataforma: el límite norte es marcado por el sol durante su posición más extrema al norte (-/+ +24°) para el solsticio de junio y por las Pléyades, que tienen una declinación de +24°; el límite sur es marcado por el sol durante su posición más extrema al sur ((-/+ -24°) para el solsticio de diciembre y por una constelación conformada por estrellas del Can Mayor que tienen una declinación de -24°; las líneas centrales de la plataforma son marcadas por el pasaje cenital del sol (-/+ 0°) en abril y septiembre o por los equinoccios y por Orión, cuyas estrellas centrales se ubican sobre el ecuador celeste (-/+ 2°).
Estas tres constelaciones son las más importantes en la concepción del ciclo estacional: las Pléyades, con su salida heliacal a mediados de junio, anuncian el fin de las lluvias y la proximidad de la sequía e inician el ciclo agrícola. Orión anuncia el comienzo de las lluvias con su salida cósmica a mediados de diciembre y el inicio de la temporada seca. La constelación de la suegra señala con su salida a medianoche, en octubre, la temporada de pesca en estanques y lagunas. Este esquema es el más elemental y la conceptualización kaliña no se restringe a dotar de significación estacional fija a las varias constelaciones usadas. Baste con observar aquí que los kaliña conocen dos estaciones básicas: la sequía, de junio a diciembre, y la pluviosa, de diciembre a junio, generalmente asociadas a las Pléyades y a Orión respectivamente. Estas dos estaciones se derivan de la noción del régimen de pluviosidad. La estación de lluvias conoce precipitaciones que varían de los 400mm a 200mm; la seca tiene precipitaciones que varían de 200mm a menos de 50mm. Pero las estaciones y las lluvias no se presentan regularmente de año en año y los kaliña ajustan los ciclos de subsistencia al curso estacional. Así, si las lluvias se prolongan demasiado, se hará comenzar la estación seca con la salida heliacal de Orión a mediados de julio o con la salida heliacal del Can Mayor en enero. La significación estacional de las constelaciones es siempre variable y los kaliña se distinguen en el manejo de varias coyunturas de las constelaciones a lo largo de un año (Magaña 1984).
De la misma manera y de acuerdo con las estrategias de sobrevivencia de cada unidad doméstica, estas constelaciones pueden variar su significación aun en el seno de una misma aldea (Magaña 1988a). De acuerdo al curso de las estaciones, en adición, los kaliña agregan o quitan dos temporadas que conocen como “las pequeñas estaciones”: la pequeña estación seca awara weyu-ru o pakamu weyu-ru, i.e. “la estación del sol de la constelación del sol de la palmera awara” y “la estación del sol de la constelación del pez pakamu”, respectivamente de febrero a marzo o abril (Ahlbrinck 1931: 520; Kloos 1971: 18) y la pequeña estación de lluvias pakamu kunu o kowalopo konopo, “lluvias del pez pakamu”, de noviembre a diciembre.
Otras dos constelaciones asociadas a solsticios y al ciclo estacional son dos acecinaderos: sirityo sura-rï, en Pegaso, y pakamu sura-rï, en Cuervo. La primera constelación es llamada “el acecinadero de Orión”; la segunda, “el acecinadero de las Pléyades”, “el acecinadero de las mujeres” o “el acecinadero del pez pakamu”. La constelación del pakamu corresponde, de acuerdo con algunas fuentes, a la constelación de Escorpión (Breton 1665: 65; 406; Ahlbrinck 1931: 442). Esta constelación representan también a un escorpión (Magaña & Jara 1982: 118), a una boca (de Goeje 1948: 58), a un jaguar (Magaña 1987a: 274) y probablemente a una palmera.2 A pesar de la incertidumbre que presenta la identificación, el Escorpión es asociado a las lluvias y “el acecinadero de pakamu” es asociado a la pequeña estación de lluvias de noviembre a diciembre. El Cuervo es significante en este esquema cuando se observa su salida heliacal a mediados de noviembre. La constelación del “acecinadero de Orión”, Pegaso, es asociado a la pequeña estación seca de febrero: entonces se oculta a la puesta de sol (Ahlbrinck 1931: 372). Los arawak, que asocian el Cuervo a la sequía, ven también un acecinadero en Pegaso (Roth 1915: 261). Estas dos constelaciones ocupan el papel de Pléyades y del Can Mayor en lo que hace a su asociación con los solsticios, pues el acecinadero de Orión en Pegaso tiene una declinación +24° de y el Cuervo una de -24°, que permite que el primero sea asociado al sol de junio y el segundo al sol de diciembre. Pero la noción más importante es que estas son constelaciones de transición o de mediación, puesto que denotan las pequeñas estaciones que marcan los cambios estacionales y porque unen el lado femenino con el lado masculino del cielo. La distancia entre las Pléyades y el Cuervo es de +/-135° (9 horas); la distancia entre Orión y Pegaso es de 120° (6 horas) y entre Pegaso y el Can Mayor una distancia de +/- 135°, datos que resultan todos igualmente en una estructura rectangular. Las Pléyades en el norte, tienen un acecinadero en el sur, y Orión y la suegra, en el sur, tienen su acecinadero en el norte.4 La concepción de estas constelaciones como grupos de transición es bastante importante, pero volveré más adelante sobre este tema.
Las constelaciones de Orión, las Pléyades y el Can Mayor tienen mitos de origen que giran a menudo sobre conflictos familiares. Orión es un hombre a quien han cortado una pierna. De acuerdo con algunos mitos, era un muchacho mal iniciado que mató a su mujer asándola; cuando intentaba huir poniendo pie en una canoa, fue alcanzado por sus cuñados y mutilado. Quedó a la deriva y finalmente se fue al cielo. En otras historias es Orión mismo el que es asado por sus cuñados. Otros mitos dicen que Pléyades era una mujer: después de mutilar a su marido Orión, huyó al bosque con un amante Tapir. El hombre, con una pierna de palo, les dio alcance, mató a Tapir y lo ahumó: en el cielo se ve a los tres. Tapir, en las Híades, sigue a la mujer Pléyades y Orión a esta. En otros mitos, las Pléyades representan a los hermanos de la mujer asesinada por Orión: se fueron al cielo enfadados porque sus hermanas demoraban con el pan de mandioca. En fin, en otras narraciones, las Pléyades representan que se fueron al cielo porque los padres habían descuidado las labores agrícolas (Brett 1880; Penard & Penard 1907; 1908a; Ahlbrinck 1931; Abbenhuis 1940; Taylor 1977; Cirino 1977; Magaña & Jara 1985; 1987a: 251). Orión y Pléyades son también representados como dos hermanos. Uno de ellos mató a su mujer y sus cuñados enviaron a una boa (Escorpión) que devoró a uno de ellos.
En estas querellas de familia aparece también una suegra. Se encuentra en el Can Mayor y tiene un ojo o pendiente en Sirio: pero en los mitos se la tiene como madre de Pléyades y, a veces, como madre de Orión. La suegra se entretenía en robar los peces de la nasa de su yerno y este la hace devorar por un tiburón u otros peces carnívoros después de acudir al Señor del Agua Okoyumo. Los peces devoran a la vieja, pero su cabeza se aferra, con los dientes, a las raíces de un árbol, rueda a la ribera y finalmente se va al cielo. Otros mitos menos solemnes narran que, molesta por los amores entre Orión y su hija Pléyades, se sentaba por las noches sobre su yerno y, mientras este dormía, lo “envenenaba”, soltándole pedos en las narices (Taylor 1946). Como quiera que, la suegra termina en el cielo.5
Lamentablemente, no podremos aquí hacer una disertación detallada de la mitología estelar, pero con lo que tenemos, se advierte ya que los personajes y el paisaje del cielo nocturno reflejan el mundo humano ya que el cielo se divide en un sector femenino y un sector masculino y conoce las tres categorías sociológicas constitutivas de la sociedad kaliña: los suegros, el yerno concebido como “extraño” puesto que son uxorilocales y la mujer de este último que une al grupo de “donadores de esposas” con el de “tomadores de esposas”. La observación de diferentes coyunturas de las estrellas en asociación con el sol divide también el año en dos mitades: la estación seca, temporada que se caracteriza por las labores agrícolas realizadas por grupos de mujeres unidas por lazos consanguíneos, y la estación de lluvias, época de caza y pesca con arco y flecha, dos actividades masculinas representadas como “afinales”.
De acuerdo con algunas tradiciones kaliña, Orión es el hermano mayor de los gemelos hijos del Sol que mostró a los hombres el plano del universo (Penard & Penard 1908a:77). En esta tradición, el Orión kaliña no difiere grandemente del Yurupary del Vaupés (Orzuela 1983). El mismo papel atribuyen los trío, un grupo caribe del interior de Surinam, a Yalawale (Orión) que hizo el universo, obtuvo para los hombres el don de las plantas cultivadas, puso las estrellas en el firmamento y después de fue al cielo para indicar a los indios el orden del mundo y anunciar las estaciones pluviosa y seca (Magaña 1988b). En esta conceptualización alfa, lambda y gamma indican la línea solsticial de junio y una de las esquinas del mundo; zeta, épsilon y delta los equinoccios y las líneas centrales del mundo, y beta y kappa la línea solsticial de diciembre y los límites sur de la Tierra.
La homología que se observa con la imagen del universo como acecinadero sería de poca consecuencia si no fuese porque los kaliña usan el mismo modelo como estructura básica en la construcción de viviendas. En el pasado, los kaliña conocían varios tipos de viviendas y otras construcciones, no todas las cuales se construyen hoy. Ahlbrinck distingue entre viviendas “cerradas” y “abiertas”: apurupo, sura, tukusiban, tokai, auto, tupui y tapaya, respectivamente. El tipo de vivienda tukusiban era redondo y completamente cerrado o cubierto con hojas de palmera y una pequeña apertura como puerta o “tapa” etaputi (1931: 120; 163). La techumbre era cónica y terminaba en punta. Ahlbrinck no describe el uso de la vivienda, pero corresponde bien con la casa de hombres de los wayana, que la llaman, igualmente, tukusipan (de Goeje 1941). Este tipo de casa no parece ser construido hoy. El tapui era la antigua casa de hombres: se trataba de una gran maloca rectangular que podría alcanzar hasta treinta metros de largo. Tenía la misma estructura que el tipo de vivienda auto. Esta casa tampoco se construye hoy. La pataya no es más que un refugio improvisado de hoja de palmera que se levanta para protegerse de las lluvias o del sol cuando se está fuera de la aldea. El tokai es una choza cónica terminada en punta: puede alcanzar hasta tres metros de altura y tiene un diámetro de 1.5 metros. Es completamente cerrada. El tokai propiamente se usa solo para realizar sesiones chamanísticas, pero estructuras semejantes, aunque más pequeñas, trenzan para recluir a las parturientas y para habitación de animales domésticos. El apurupo es una pequeña casa cuadrada o rectangular completamente cerrada. De acuerdo con Ahlbrinck se usa solamente como dormitorio, pero un apurunpo más pequeño, de uno a 1.5 metros de altura, se usa para recluir a las muchachas menstruantes (1931: 117-120). De todas estas construcciones, solo el tukusipan y el tapui han desaparecido del paisaje kaliña.
Los tipos de vivienda más comunes hoy son las casas llamadas auto y sura. Estas dos construcciones no son más que variaciones sobre una misma estructura pues tienen el acecinadero sura como modelo. Aunque la casa auto conoce variaciones, la estructura básica es relativamente homogénea (Kloos 172: 12). Una casa sura tiene entre seis y nueve pilares wapaku. Los pilares se “plantan”, como describen los kaliña esta operación, en el suelo y se forma una estructura rectangular. Sobre los pilares laterales se ponen las vigas laterales apoponakano,6 “brazos de la casa”, y los travesaños sura-ban, “acecinadero o planchas o tablas del acecinadero”. Los pilares centrales iretÏrÏ, “parte de arriba”, cuando los hay, son unidos por una viga central indakano, “boca de la casa”. En fin, para resumir un tema que nos ocuparía demasiado, la casa también tiene “trasero”, “cabeza”, “cuello”, “estómago”, etc., términos que se aplican a los diferentes elementos arquitectónicos (Ahlbrinck 1931: 117-120; Kloos 1972). La casa es pues construida usando el modelo del cuerpo humano, el acecinadero y otros instrumentos de cocina y la imagen del universo como modelo. Aparentemente, si se atiende a algunas indicaciones de los hermanos Penard, Orión fue el modelo original pues cada casa es una reproducción del universo. Los hermanos Penard escriben que Orión porta al sol y que su cabeza da al norte dirección al sol (1908a; 54-60; 1908b: 115-117). La casa kaliña se orienta efectivamente de norte a sur y la parte norte es estimada como “cabeza o boca de la casa” y corresponde al espacio masculino, de modo que se puede concluir, aunque con la cautela necesaria, que la casa es construida siguiendo el modelo de Orión. Los pilares se orientan en sentido horizontal de este a oeste y cada casa tiene idealmente tres hilares de pilares: la del norte puede corresponder a la línea solsticial de junio (i.e. al sol de junio y a la estación seca), la del centro a las líneas equinocciales y la del sur a la línea solsticial de diciembre (i.e. al sol de diciembre y a la estación de lluvias).
Antes de proseguir esta discusión conviene que tratemos la dimensión sociológica de la casa y de la aldea kaliña. En el pasado, las casas residenciales se ordenaban en torno a la casa de hombres describiendo un semicírculo. La casa de hombres se ubicaba generalmente cerca del río y orientada de acuerdo de este. Las casas residenciales eran concebidas como casas de mujeres y se distinguían por tener una techumbre ovalada que indicaba que se trataba de una “casa femenina”. Desde un punto de vista sociológico, las casas residenciales correspondían efectivamente con las casas de mujeres y con el espacio doméstico de la aldea; en la casa de hombres transcurría, en contraste, una parte importante de la vida ritual y pública de la aldea. La casa de hombres dejó de construirse a comienzos de siglo, pero los asentamientos continúan estructurándose de esta manera: el lugar de la casa de hombres es ocupado hoy por la casa residencial del suegro o del jefe y el “círculo femenino” es ocupado por las casas residenciales de sus hijas casadas y sus yernos (Ahlbrinck 1931: 130). En términos sociológicos el centro de la aldea es un espacio afinal por definición, mientras que el círculo periférico es un espacio femenino y consanguíneo.
La distinción entre espacio femenino y masculino, entre espacio doméstico y público y entre espacio consanguíneo y afinal se observa también en la distribución y uso del espacio al interior de las casas residenciales mismas. Las casas que mantienen esta estructura tienen un lado de mujeres y un lado de hombres. El lado de mujeres es completamente cerrado y separado del resto de la casa por una cortina de mimbre o por esteras de hojas de palmeras y es habitualmente usado como cocina o como dormitorio. El lado de hombres es abierto y es ocupado indistintamente por hombres o mujeres para otras actividades. El lado femenino se ubica siempre en el extremo llamado “trasero de la casa” y da hacia la cabecera del río; el lado masculino, en contraste, se ubica en el lado llamado “boca de la casa” y da hacia la desembocadura del río (llamada en kaliña, igualmente, “boca del río”). Los visitantes son siempre recibidos en el lado masculino, pues habitualmente la cocina kaliña se ubica afuera de la casa residencial, se conceptualizan también en términos de espacio masculino y femenino y se ordena de acuerdo al mismo eje. A una casa no se entra nunca por el lado femenino. Esta noción de la casa como teniendo lado masculino y femenino se hace más evidente durante ocasiones rituales: entonces las casas residenciales son desocupadas de todo utensilio doméstico, y divididas estrictamente en “lugar de hombres” y “lugar de mujeres”.
El ordenamiento del espacio interior de las casas coincide con la distribución de las casas en la aldea de acuerdo a la estructura política: el área más al norte de la aldea es llamada “el lugar de los ancestros” y se ubica junto a la desembocadura del río; luego siguen la(s) casa(s) del jefe y, hacia la cabecera del río (llamada en kaliña “trasero del río” se ordenan las casas de los aldeanos comunes.
El otro tipo habitual de casa es llamado sura. Era más común en el pasado que hoy y se construía usando el acecinadero como modelo. Se trata de una casa de cuatro pilares: la habitación propiamente dicha se encuentra arriba y es completamente cerrada; se accede a la habitación por una escalerilla (Ahlnbrinck 1931: 120. 7 Su concepción como “casa acecinadero” es explícita. Va sin hacer que la vivienda auto es una extensión de este modelo: no solamente por la estructura cuadrangular sino además porque el ático de auto se llama igualmente sura.
Ahora bien, los kaliña atribuyen el orden estacional que conocen a la introducción del acecinadero. En tiempos remotos, de acuerdo a algunas tradiciones kaliña, la sequía y la lluvia se daban bruscamente y duraban un año cada una. La sequía era tan fuerte que asaba a los indios y las lluvias continuas lo inundaban todo y obligaban a los hombres, para huir del frío, a refugiarse en cavernas subterráneas. Tamusi, uno de los gemelos hijos del Sol, se apiadó de los indios y les donó el acecinadero: si lo usaban, tendrían cambios estacionales más benignos (van Coll 1903: 41; 477). Este abuelo Tamusi, como vimos antes, es el gemelo mayor de Orión (de Goeje 1943: 97-102).
A propósito de la concepción kaliña del acecinadero se tienen otras noticias. Un mito narra que, como los indios asaban los peces a orillas de un río, la gente del agua se enfadó y provocó que las aguas tuviesen una sola dirección: pues en esos tiempos los ríos conocían dos direcciones, una río arriba y otra río abajo y entonces no era necesario remar (de Goeje 1948: 42). Los kaliña prohíben el procesamiento culinario de los peces, y en particular el uso del acecinadero a orillas del agua por temor a provocar la ira del mundo acuático: proceder así redundaría en un prolongamiento de la sequía (Cirino 1977, vol. I: 16). Igualmente, si los hombres asan a un animal en el bosque, deben destruir el acecinadero para no ganarse el enfado del Jefe del Bosque o de los Jefes Animales (Penard & Penard 1907: 188: Im Thurn 1883: 352). De no respetar esta regla, los indios provocarían un prolongamiento de las lluvias.
Considerando estas notas es fácil percibir que la imagen del acecinadero sirve para significar momentos o lugares de transición. En el cielo estacional, las dos constelaciones llamadas “acecinaderos” (Pegaso y Cuervo) sirven para indicar los cambios estacionales: de la sequía “fuerte” a las lluvias, y de las lluvias “pequeñas” a las lluvias “grandes” y otras combinaciones de cambios estacionales y unen también en el cielo a la “mitad norte” con la “mitad sur” (el Cuervo es el acecinadero de Pléyades mientras que Pegado es el acecinadero de Orión o de la suegra). En la Tierra, el acecinadero no debe estar ni a orillas del río ni en el bosque y no puede ser usado propiamente más que en la aldea que se presenta así como lugar de mediación entre el mundo del río y de los peces y el mundo del bosque y los animales. En un plano vertical, tanto la casa como el instrumento de cocina, establecen una distancia apropiada entre el cielo y la Tierra, pues fue gracias al acecinadero que pudieron abandonar sus cavernas subterráneas. En la culinaria, en fin, el acecinadero establece un proceso de mediación indispensable para la subsistencia kaliña, ya que los grandes animales del bosque y los peces no son considerados comestibles si no han sido previamente ahumados: la cocción por ebullición a que son sometidas todas las carnes, no es suficiente para transformarlas en edibles.
Otro aspecto importante en la cultura kaliña y que también trae el acecinadero a cuento, es la iniciación de las muchachas. Cuando se presenta la primera o las dos primeras reglas, las muchachas son recluidas en el ático sura o en una choza cuadrangular apurupo que no es más, como vimos, que un acecinadero o ahumadero cubierto. La muchacha debe observar restricciones lingüísticas (no hablar), de movimiento (no moverse, no salir de la choza), alimentarias (comer poco y solamente mandioca y “carnes pequeñas”) y sexuales (prohibición de relaciones sexuales). La muchacha debe evacuar en el lugar y presentar un aspecto desgreñado y sucio, y oler mal, y durante la reclusión debe mantener constantemente un fuego vivo. Al término de la reclusión, la muchacha es considerada casadera. La transición de muchacha impúber a mujer adulta y de soltera (consanguínea) a pariente potencial (afinal) se significa por medio de una metáfora de procesamiento culinario y que involucra el acecinadero (Magaña 1988a).
Dejando de lado una exposición de la iniciación masculina kaliña, que es un tema demasiado grande para esta ponencia, observemos que esta hacía de los muchachos afines potenciales y que el matrimonio debía idealmente coincidir con el fin de la sequía, cuando se abren los terrenos de plantación, o con el comienzo de las lluvias, cuando se siembra la mandioca, para que el nacimiento del primer hijo coincidiese con la primera cosecha de mandioca (Farabee 1918: 24). Toda alianza matrimonial en efecto no podía efectuarse más que recurriendo y reproduciendo los modelos de transición que se encuentran en el movimiento periódico de los astros y en el orden estacional, pues si las mujeres son a los hombres lo que la sequía a las lluvias y el cultivo de los plantíos a la caza, la unión de estos términos no se puede realizar más que si se recurre a un término de mediación. Por lo tanto, no podían los indios casarse más que cuando Pegaso y el Cuervo o cualquiera de las constelaciones de las “pequeñas estaciones” se observaba en el cielo un momento conveniente.

En lo que sigue voy a tratar algunos cabos sueltos. Los kaliña y otras poblaciones guayanesas sostienen que los peces caen con la lluvia (Abbenhuis 1940: 32). Tomada en sí misma, esta idea parece bastante enigmática, pero hay algunas noticias que permiten al menos un esbozo de comprensión. Los kaliña imaginan la Vía Láctea como un río que se conecta con la Tierra en algunos momentos del año: en particular en junio y diciembre. Las aguas terrestres y en consecuencia los peces, según la teoría indígena, desembocan en el mar y suben por la Vía Láctea. En junio, cuando empieza la estación seca, el mar ha recibido ya todas las lluvias de la temporada pluviosa y las aguas suben por la Vía Láctea cuando esta se observa en su orientación nordeste-suroeste al amanecer coincidiendo con la salida heliacal de las Pléyades y con el solsticio de junio. En el periodo que sigue llueve poco, naturalmente, pues es la estación seca y porque las aguas desaparecen a medida que van subiendo. En septiembre, cuando la Vía Láctea comienza a orientarse hacia el sur, las lluvias empiezan a aumentar y en diciembre, cuando se orienta hacia el surdeste-noroeste, con el solsticio de diciembre o con la salida cósmica de Orión o con la puesta heliacal de las Pléyades o con la salida heliacal del Escorpión, las aguas del río del cielo “caen” y comienza entonces la temporada de lluvias y de la época de la pesca con arco y flecha.
A propósito de la Vía Láctea hay que observar también que se la divide en un lado femenino y un lado masculino. El lado femenino es siempre el este; el lado masculino el oeste. Pero de acuerdo a la orientación de la Vía Láctea, el año mismo se divide en dos mitades, concebidas igualmente como mitad femenina y mitad masculina.
La Vía Láctea es también el camino de los muertos. Los kaliña suponen que cuando alguien muere, su alma inicia una larga travesía por un río (la Vía Láctea) antes de llegar al nivel del cielo donde se encuentra la aldea de los ancestros. Cuando muere algún aldeano, su cadáver es depositado en una hamaca tendida a lo largo de la casa: esta manera de tender la hamaca se observa solamente con ocasión de la muerte pues en la vida diaria las hamacas se tienden en sentido transversal y nunca siguiendo la orientación norte-sur. (Kloos 1972: 18). El cadáver debe tener la cabeza orientada hacia el norte, “la boca de la casa”, y es luego sepultado en una canoa. La muerte conoce al menos tres periodos rituales. Durante la noche que sigue al fallecimiento, las mujeres sociológicamente cercanas del difunto se cubren con trapos viejos y sucios e inician un periodo de duelo que se caracteriza por numerosas restricciones alimentarias y sexuales, semejantes a las que se imponen a las muchachas menstruantes y a las mujeres parturientas. Las danzas que se realizan con esta ocasión y en la ceremonia que se realiza poco después, son todas danzas kalawasi exclusivamente. El kalawasi es el nombre de la sonaja de mujeres, una pequeña sonaja de timbre sujeta a un bastón de danza y el hombre que se da al lamento ritual y al canto de mujeres. Las danzas kalawasi, siempre bajo la dirección de una líder ritual, consisten en una marcha circular y aunque participan hombres son conceptualmente bailes femeninos. La última ceremonia de duelo o de término del duelo se realiza al cabo de un año. Esta ceremonia epekodono comienza cuando se observa a las Pléyades en el horizonte. Entonces comienzan los cantos y las danzas kalawasi en el espacio femenino de la casa. Poco después comienzan los cantos y danzas de hombres, idealmente cuando se observa a Orión, en el espacio masculino (en la boca de la casa). Los hombres cuelgan, también idealmente, tres tambores de los travesaños y bailan formando líneas frente a los tambores, sin moverse del lugar. Durante la noche las danzas se alternan sin gran orden y la ceremonia termina al alba con cantos y tambores sambura. En estas danzas participan también mujeres, pero son conceptualmente danzas masculinas.
Un aspecto que llama la atención de la ceremonia del término de duelo es que debe durar, explícitamente, toda la noche desde que se observa a las Pléyades y, menos explícitamente, que hombres y mujeres, que se encuentran en ese momento en la casa que es un universo, reproducen en las danzas a las tres constelaciones más importantes que mencionamos al comienzo de esta exposición: los hombres en línea y formando grupos de tres, reproduciendo así la representación más común de Orión (el cinto); las mujeres danzan en círculo reproduciendo una imagen común de las Pléyades (cf. Delawarde 1966)8, y las viejas de la aldea, es decir las suegras, que se ubican detrás del círculo femenino y no bailan. En el orden temporal de las danzas se observa el mismo modelo, pues las mujeres deben bailar primero al observar las Pléyades, mientras que los hombres solo pueden danzar después, siguiendo a las Pléyades, y son ellos quienes terminan la ceremonia de la misma manera que Orión se oculta después de las Pléyades, al alba. Lo que constituye un problema en este modelo es que, en el cielo, Orión se encuentra al centro, entre las Pléyades y la suegra Can Mayor, y no al norte. Yo no sabría cómo explicar este desplazamiento y lo más lejos que puedo llegar en este análisis (de esta ceremonia en particular) es que si las Pléyades representan a las mujeres, estas ciertamente no podría en la casa ubicarse en el lado masculino y, en consecuencia, no hay otra alternativa que poner a las mujeres junto a las suegras, al sur. Como quiera que sea, y enfatizando que ofrezco este apunte con reserva, al término de la ceremonia los hombres cuelgan los tambores en línea, al costado este de la casa, volviendo aparentemente a poner las cosas en orden.
Termino esta exposición con una pequeña nota. A pesar de que la casa kaliña reproduce el modelo del universo y de Orión, los pilares laterales son llamados wakapu (Vouacapoua americana) independientemente del tipo de madera usado (Ahlbrinck 1931: 120). La explicación pareciera derivarse de otra concepción de la casa: no ya como acecinadero o parilla o constelación sino como río, pues la ribera del río es llamada okoyumo wakapu, i.e. “lado de la casa del Señor del Agua”. Los kaliña, en efecto, tienen a los ríos como poblados por gente acuática –que explica de paso por qué las muchachas menstruantes (fértiles) deben ser recluidas: los hombres del agua se interesan en obtener parientes y buscan en particular, como en las medianías de otras culturas, acceder a productos de plantación a cambio de peces mediante alianzas matrimoniales ideográficas. La casa, pues, parece ser conceptualizada como río y como casa. Esta concepción no hace gran violencia a las nociones que hemos comentado antes puesto que la red hidrográfica es representada como teniendo una estructura cuadrangular conectada por la Vía Láctea. Y en realidad, si el río es una casa, y por tanto como la casa humana, un lugar de transición, ¿debiésemos pensar que los kaliña quieren significar otra cosa cuando tienden a los muertos siguiendo el curso del agua y cuando les sepultan en canoa?

NOTAS
1 Los kaliña de Surinam habitan la costa y las tierras bajas del país y se ubican a lo largo de ríos y estuarios. Para 1968 se contaba con once aldeas kaliña con una población total de 2.063 individuos (Kloos 1971: 18). Viven fundamentalmente de la pesca y del cultivo de mandioca; la caza y la recolección ocupan un lugar secundario en la dieta. La mandioca es el principal alimento y se procesa haciendo uso de un estrujador matapi (tipiti en lengua general). Los kaliña son uxorilocales, a excepción de jefes, chamanes y sus hijos, y conocen una estructura política y social conceptual relativamente estricta que distingue, en posiciones de subordinación, entre chames, jefes y aldeanos comunes. Los chamanes son conceptualmente jefes, pero el liderazgo político no necesita coincidir con la función de chamán. Sobre nociones astronómicas de los kaliña, véase Magaña 1984, 1987a, 1987b, 1988a, 1988b, y Magaña & Jara 1982, 1983a, 1983b.
2 En Amazonia se atribuye a la constelación del Escorpión las lluvias de noviembre y diciembre y pareciera que algunos autores tienen a este grupo de estrellas a un hombre transformado en boa. Tastevin, sin embargo, escribe que “el Escorpión no representa a Bóyusú, sino simplemente el árbol en el que vive” (1925; 182). En adición a las identificaciones que he obtenido de esta constelación, hay que señalar que entre los kaliña insulares se conocía una constelación de la boa con cabeza de hombre que vivía en un árbol (de la Borde 1674 [1981]: 505). Según Tastevin, el hombre boa se encontraba en la Vía Láctea y tenía la cabeza en Piscis. Se encuentra en el cielo junto al árbol y su canoa (id).
3 La declinación de Pegaso es más +2°/+36°3’ y la del Cuervo -6°5’/-24°0’, pero las constelaciones kaliña se forman con estrellas de estas constelaciones que coinciden con las líneas solsticiales. El acecinadero en Pegaso incluye beta, alfa y gamma de Pegaso y alfa de Andrómeda, con una declinación de conjunto de +15° a +29°, y el acecinadero en Cuervo se forma con beta, épsilon y eta con una declinación de conjunto de -24° a -16°.
4 De acuerdo con otras tradiciones kaliña, la constelación se encuentra en Coma Berenices (Ahlrinck 1931: 442).
5 Hago aquí un resumen apresurado de la mitología guayanesa y de algunos mitos de los kaliña insulares que he tratado más detalladamente en otro lugar (Magaña 1988a). Estos tres grupos de estrellas conocen conceptualizaciones diversas en lo que hace a los lazos sociológicos y de parentesco que les unen: Sirio es a veces hijo de Orión y yerno de Pléyades, Orión hijo de Pléyades, Orión hermano mayor de Pléyades, etc. Pero los tres grupos aparecen por doquier unidos por lazos de consanguinidad o afinidad e independientemente en Koch-Grünberg 1953; Lévi-Strass 1964, 1966, 1968; de Civrieux 1974; Dumont 1976; Wilbert & Simoneau 1986; Monod 1986).
6 Uso aquí el gráfico de Kloss (1972) pero la terminología recogida por Ahlbrinck (1931: 120). Kloos ha observado en la arquitectura kaliña una estrecha correspondencia con la estructura social (1972: 2).
7 Ahlbrinck escribe: “La casa cuadrada toma su nombre de la parrilla, el acecinadero de madera, en el que se ahúman las carnes silvestres y los pescados (…). Esta casa está levantada sobre pilares, de modo que hay que hacer un suelo” (1931: 120).
8 Las Pléyades representan también, a menudo, a un grupo de hermanas o hermanos. Cada estrella tiene un nombre. Un informante de Terre Rouge, Guayana francesa, mencionó los siguientes: owi, oko, olua, obango, añantán, oyoimë y okotoimë.

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