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[Nacer libre es bueno. Pero nacer protegido es mejor. Los leones viven en la capa superior de la pirámide ecológica y sólo pueden sobrevivir en ecosistemas sanos.]

[Craig Packer] Durante los años sesenta, cuando la mayoría de las reservas africanas estaban siendo fundadas, los leones tendían a nacer libres. Pero hoy, la libertad no es lo que más les conviene.
Hace cinco años, las densidades de las poblaciones humanas estaban bajas en áreas donde los leones eran libres. Pero desde entonces, la población humana en esa parte de África se ha prácticamente quintuplicado, y las demandas sobre la tierra se ha intensificado. Los animales de los que dependen los leones se han reducido debido a la caza furtiva y a la pérdida de hábitat, lo que quiere decir que los leones que viven en reservas no valladas ingresan a granjas y pastizales donde matan al ganado –y a humanos. En los últimos veinte años, los leones han atacado a más de mil personas en el sur de Tanzania.
Los grandes felinos se han convertido en un problema no debido a algo que estén haciendo mal. Simplemente son leones. El problema es que pocos países africanos pueden invertir adecuadamente en el manejo de sus parques. Los leones viven en la capa superior de la pirámide ecológica y solo pueden prosperar en ecosistemas sanos. Pero aunque los países africanos han asignado más de un millón de kilómetros cuadrados como áreas de vida silvestre –más propiedad inmobiliaria que California, Oregón y Nevada juntos- los fondos para encargarse de esos parques son insuficientes.
¿Cuánto cuesta conservar a una especie como el león? Junto con otros 57 científicos, hace poco compilé una lista sobre la situación actual de las poblaciones de leones en once países africanos. Evaluamos su manejo en cada área comparando los tamaños de las poblaciones actuales contra cifras pronosticadas sobre la base de la abundancia de presas en cada parque. Descubrimos que la conservación tiene éxito debido a dos cosas: dólares y vallas.
Las poblaciones de leones no vallados necesitan presupuestos de cerca de cinco mil dólares por 2.600 kilómetros para alcanzar incluso la mitad de su potencial demográfico. Sin eso, las poblaciones de leones pierden terreno. Calculamos que casi la mitad de los leones no vallados corren peligro de extinción en los próximos veinte a treinta años. En parques rodeados por vallas para poblaciones silvestres –como el Parque Nacional Kruger de Sudáfrica, casi del tamaño de Nueva Jersey- la historia es diferente. Tienen poblaciones que exceden el ochenta por ciento de su potencial, y los costes de conservación son solo de 1.250 dólares al año por cada 2.600 kilómetros cuadrados. Además, ninguna de las poblaciones valladas corre peligro de extinción.
Sin embargo, el vallado de la vida silvestre es asombrosamente polémico. Algunos conservacionistas se preocupan de que las barreras físicas interrumpan procesos ecológicos fundamentales; otros buscan conservar la sensación de un paisaje intocado para destinaciones románticas como Kenia y Tanzania. Pero las praderas abiertas no pueden proteger a la vida silvestre, especialmente porque son pocas las reservas capaces de reunir los ingresos necesarios para funcionar efectivamente.
La historia de Sudáfrica ofrece esperanza incluso más allá de las vallas de sus parques nacionales. Hacia 1890, Sudáfrica estaba cubierta por ranchos y granjas de estilo occidental, y peligrosos animales que habían sido extirpados de todas partes, excepto en los parques Kruger y Kalahari. Pero durante el siglo veinte, muchos ganaderos convirtieron sus propiedades en conservaciones y fundaron parques privados. Para aliviar los temores de que las comunidades locales acerquen leones y otros animales potencialmente peligrosos a poblaciones humanas, las reservas fueron valladas. Hoy viven más leones silvestres en las conservaciones y parques vallados de Sudáfrica que hace cien años; sin embargo, nadie se ha quejado de pérdidas de ganado, mucho menos de leones comegente.
Es verdad que el vallado podría destruir ecosistemas migratorios como el del Parque Nacional Tarangire en Tanzania, donde los ñus dejan el parque y se mezclan con el ganado año tras año. Pero muchos de los lugares donde prosperan los leones, tales como el Parque Natural Selous, de Tanzania, que posee la mayor cuota de sobrevivientes en África, deberían incorporar vallas. Selous encierra un ecosistema no-migratorio del tamaño de Suiza, y su presupuesto anual es de cinco millones de dólares. Para mantener la población de leones del parque en incluso un cincuenta por ciento lo que puede sostener el área, se necesitarían cerca de ciento diez millones de dólares al año. Pero si Selous fuera vallado, un presupuesto anual de 28 millones podría asegurar el sostén del ochenta por ciento de la población de leones que puede mantener el área.
Vallar Selous costaría cerca de treinta millones de dólares, más allá del presupuesto del gobierno de Tanzania, pero sin donantes importantes como el Banco Mundial. La comunidad de donantes gasta miles de millones de dólares en salud humana y desarrollo económico en África. Y debido a que el turismo contribuye directamente al desarrollo económico, un mejor manejo de la vida silvestre que atrae a turistas sería exactamente el tipo de cosa que el Banco Mundial financiaría. En ausencia de un plan de manejo comprehensivo, es probable las poblaciones de leones se fragmenten en un archipiélago de pequeños parques no más grandes que las dispersas reservas de tigres de Asia.
Los conservacionistas están fracasando a la hora de proteger a elefantes y tigres, y los leones no lo harán mucho mejor si no hay un cambio de enfoque. Si el mundo realmente quiere conservar una vida silvestre icónica en los siguientes mil años, necesitamos un Plan Marshall adaptado a la época que integre los verdaderos costes del manejo del parque en las prioridades económicas de las agencias de desarrollo internacional.
Los leones son demasiado valiosos como para tomarlos por garantizado.
[Craig Packer es profesor en la Universidad de Minnesota y director del Lion Research Center.]
31 de mayo de 2013
25 de abril de 2013
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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