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[La Iglesia Presbiteriana ordena a su primer ministro homosexual. Scott Anderson retorna al ministerio que fue obligado a abandonar hace décadas debido a su orientación sexual.]

[Stephen Ceasar] Durante décadas, el Reverendo Mark Achtemeier creyó que los homosexuales y lesbianas no eran dignos para servir como líderes de la Iglesia Presbiteriana. Creía que la homosexualidad era una suerte de dolencia, una adicción destructiva que atentaba contra las Escrituras. En los años noventa ayudó a redactar las restricciones que impedirían que candidatos homosexuales y lesbianas se incorporaran al clero presbiteriano.
Pero el sábado, Achtemeier leerá un sermón en la ordenación de su amigo Scott Anderson, que será el primer ministro abiertamente homosexual de la iglesia después de que las mismas limitaciones que antes defendía Achtemeier fueran abolidas.
En mayo, la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos votó para reformar su constitución para permitir que homosexuales y lesbianas puedan servir como ministros y líderes laicos. Con la decisión, la iglesia con 2.3 millones de miembros se convirtió en la cuarta congregación protestante en permitir la ordenación de homosexuales, después de la Iglesia Episcopal, la Iglesia Evangélica Luterana y la Iglesia Unida de Cristo.
Para Anderson, la ceremonia en Madison, Wisconsin, marcará su retorno a un ministerio que fue obligado a abandonar hace décadas debido a su orientación sexual. Para Achtemeier, la ceremonia marcará el último paso en un trayecto de fe.
Cuando Anderson estudiaba en el Seminario Teológico de Princeton en los años ochentas, ocultaba su orientación sexual para continuar su búsqueda y llegar a ser ministro. “Mi vocación era tan intensa que pensaba que podía dedicarme a ella y reprimir todo lo demás”, dijo.
En 1990, mientras trabajaba como párroco de la Iglesia Presbiteriana de Bethany en el sur de Sacramento, Anderson se vio envuelto en una disputa con una pareja después de que rehusara usar su posición como ministro para reunir dinero para la causa que estaban promoviendo. La pareja empezó a reunir información para usarla en su contra y se enteró de que era homosexual.
Si Anderson no los ayudaba, lo denunciarían.
En lugar de eso, Anderson prefirió contárselo él mismo a la congregación y renunció como ministro. Fue recibido con una ovación de pie.
“Fue un momento liberador”, recordó. “Pero también había tristeza y pesar porque tenía que dejar un trabajo que me encantaba hacer”.
Pero Anderson siguió activo en la iglesia y en 2001 fue incluido en un grupo de trabajo encargado de guiar a la iglesia a través de un tumultuoso periodo de debates sobre el clero homosexual.
En el grupo de trabajo también se encontraba Achtemeier, un declarado partidario de la exclusión de homosexuales y lesbianas de la dirección de la iglesia. “Yo estaba muy bien informado por las tradicionales lecturas de las Escrituras”, dijo.
Poco a poco forjaron amistad. Achtemeier se dio cuenta de que Anderson, pese a tener razones para estar amargado, no mostraba hostilidad hacia la iglesia. Achtemeier vio en él un amor por Cristo, la iglesia y las Escrituras que era inquebrantable.
“Empecé a darme cuenta de que Scott era un mejor cristiano que yo”, dijo Achtemeier. “Eso chocaba con los prejuicios que tenía antes”.
En la época, la constitución de la iglesia exigía que los candidatos que querían ser ordenados debían vivir en “fidelidad dentro del pacto de matrimonio entre un hombre y una mujer, o en casta soltería”.
“Empecé a ver parte del coste humano que estaba provocando este tipo de doctrina”, dijo Achtemeier.
En 2006, la iglesia instituyó un sistema que permitía a candidatos homosexuales y lesbianas expresar sus desacuerdos con la doctrina de la iglesia durante el proceso de ordenación. En lo esencial permitía la posibilidad ha permitir excepciones a la prohibición dejándola en manos de los cuerpos regionales de la iglesia para decidir si un candidato podía ser ordenado.
Bajo ese sistema, Anderson se propuso volver a incorporarse al ministerio. En 2010 había nuevamente pasado por el sistema de ordenación en Wisconsin. Su ordenación fue aprobada, pero fue entonces impugnada por una iglesia vecina.
Como su caso fue tratado en el tribunal eclesiástico, se propuso una votación nacional para enmendar la constitución de la iglesia. En mayo pasado la reforma fue aprobada.
El cambio exigía que los funcionarios examinaran sólo “la vocación, talento, preparación e idoneidad para las responsabilidades del cargo”, levantando en lo esencial la prohibición de los clérigos homosexuales.
“Mi caso fue declarado discutible”, dijo Anderson, riendo.
Pero la enmienda permite suficiente libertad como para que los presbiterios más conservadores todavía puedan rechazar la ordenación de candidatos sobre la base de su orientación sexual.
Carmen Fowler, presidente del Comité Presbiteriano Laico, una organización conservadora que se opone a la inclusión de homosexuales y lesbianas en el clero, dejó el ministerio el día en que se cambió la constitución, como un “acto de conciencia”.
“Para muchos de nosotros, esa es una desviación del modo en que entendemos las Escrituras”, dijo Fowler sobre la reforma. “Aunque es un día de felicidad para Scott, es triste para muchos en la Iglesia Presbiteriana”.
El debate continúa, pero como ha hecho la iglesia durante siglos, evolucionará, dijo Achtemeier, ministro en Dubuque, Iowa.
“Ha ocurrido en toda la historia de la iglesia que encargó a los cristianos revisar sus Biblias, y volvieron con interpretaciones diferentes de ellas”, dijo. “Mi esperanza es que la fe que todos compartimos en Cristo sea suficientemente fuerte como para mantenernos unidos mientras debatimos hasta que Dios resuelva nuestros desacuerdos”.
A mano para la ordenación en Madison estará Ian MacAllister, un hombre al que Anderson conoció sólo meses después de dejar el ministerio. Desde entonces tienen una relación de compromiso.
26 de diciembre de 2011
7 de octubre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

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