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[París, Francia] [Es una historia sádica, y Francia la quiere. ‘Los 120 días de Sodoma’, del Marqués de Sade, es una de las obras más perversas de la literatura del siglo dieciocho.]

[Elaine Sciolino] La Biblioteca Nacional de Francia, que compró en 2010 las memorias de Casanova, ahora está negociando la compra de ‘Los 120 días de Sodoma’, del Marqués de Sade. El manuscrito, escrito por Sade en la Bastilla, ha tenido una peripatética existencia.
Cuenta la historia de cuatro ricos “libertinos” que se encierran en un remoto castillo medieval con 46 víctimas (incluyendo ocho niños y ocho niñas, de entre doce a quince años). Los hombres eran asistidos por cuatro meretrices que excitaban a sus huéspedes contando sus escandalosas (y embellecidas) experiencias.
La obra describe orgías y abusos –sexuales y de otro tipo-, incluyendo pedofilia, necrofilia, incesto, tortura, violación, asesinato, infanticidio, bestialismo, violentos actos sexuales anales y orales y el uso de la orina y heces para humillar y castigar.
Sade lo definió como “la historia más impura que se ha contado desde el origen del mundo”.
No tiene nada de erótico.
Incluso Bruno Racine, director de la Biblioteca Nacional de Francia, la llamó “depravada”.
Pero eso no le impedido negociar prolongada y duramente para comprar el manuscrito de Sade. Ha convencido de su importancia a los ministerios de Cultura y de Relaciones Exteriores. Ha argumentado ante la Comisión de Tesoros Nacionales que lo declare provisoriamente un “tesoro nacional” que debe ser preservado en la biblioteca. Y está dispuesto a pagar más de cinco millones de dólares para adquirirlo.
“El documento es el más atroz, extremo y radical de Sade”, dijo Racine. “Pero no hacemos juicios morales sobre este”. Un borrador incoherente, incompleto, ‘120 días’ ha sido elogiado y vilipendiado. Simone de Beauvoir lo defendió como una importante contribución al lado oscuro de la humanidad en su ensayo ‘Hay que quemar a Sade?’
La escritora feminista estadounidense Andrea Dworkin la llamó una historia “vil”, escrita por un pornógrafo que odiaba a las mujeres. En una película de 1975, Pier Paolo Pasolini escenifica la historia en un estado títere nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Sade escribió el borrador en 37 días en la Bastilla, en 1785, donde se encontraba encarcelado por una orden real iniciada contra él por su suegra, enfadada porque se había escapado con su cuñada. Escribía en una diminuta caligrafía en los dos lados de una pequeña hoja de papel, cuyas hojas pegaba en un solo rollo de 39 pies de largo. Temiendo que su trabajo fuera confiscado, ocultó el rollo en una grieta en la pared de piedra de su celda.
Días antes de la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, Sade fue trasladado de noche a una cárcel para enfermos mentales. Escribió que “derramó lágrimas de sangre” por la pérdida del manuscrito, y murió en 1814 sin saber nada sobre el destino de este.
Pero fue recuperado, vendido, revendido y luego publicado por primera vez por un doctor alemán en una versión plagada de errores en 1904.
En 1929, el Vizconde Charles de Noailles, cuya esposa, Marie-Laure, descendía directamente de Sade, compró el manuscrito. La pareja, adinerada y apasiona mecenas de las artes, lo dejaron en herencia a su hija Natalie, que lo mantuvo en una gaveta en la hacienda de la familia en Fontainebleau. A veces lo desenrollaba y mostraba a sus invitados; el escritor italiano Italo Calvino fue uno de ellos.
“Mi madre me mostró el manuscrito cuando yo era un niño”, dijo en una entrevista telefónica desde Roma el editor de periódicos italiano, Carlo Perrone, que es hijo de Natalie de Noailles. “Recuerdo que la caligrafía era muy pequeña y no había correcciones. Te daba la impresión de que el papel era escaso y precioso para él, y que tenía que ocupar todo el espacio”.
Finalmente la señora de Noailles encomendó tanto el manuscrito de De Sade como el del ballet ‘Las bodas’, de Stravinsky, a un amigo, el editor Jean Grouet.
Grouet resultó ser un estafador. En 1982 introdujo ilegalmente el manuscrito en Suiza y lo vendió a Gérard Nordmann, un coleccionista suizo de obras eróticas, por cerca de sesenta mil dólares.
De Noailles lo demandó. Después de un largo litigio, la corte suprema de Francia falló en 1990 que la obra había sido robada y debía ser devuelta. (La familia pudo recuperar el manuscrito de Stravinsky, que seguía en Francia).
Debido a que Suiza no había suscrito todavía la convención de la Unesco que impone la restitución de objetos culturales robados, de Noailles se vio obligada a entablar una nueva demanda en ese país. En 1998, la corte federal suiza resolvió a favor de Nordmann, diciendo que este había comprado el manuscrito de buena fe.
Después, el manuscrito fue mantenido en una fundación cultural en Suiza.
Entonces, en enero pasado, los herederos de Nordmann ofrecieron vender el manuscrito a un coleccionista francés. Perrone intervino.
“Cualquier que quiera comprar el manuscrito en Francia necesita mi consentimiento”, dijo en una entrevista. “Mi madre tenía el anhelo de que algún día el manuscrito fuera donado a la Biblioteca Nacional, que es igualmente mi deseo. Es un documento histórico importante, una pieza de la historia de Francia”.
Luego intervino Racine. Desde su nombramiento como director de la Biblioteca Nacional en 2007, ha tratado de obtener manuscritos importantes clasificados como “tesoros nacionales” para adquirirlos para la biblioteca.
Entre otras compras, compró las memorias de Casanova por 9.6 millones de dólares a un vendedor anónimo; los archivos del filósofo Michel Foucault; y los archivos del teórico, escritor y cineasta marxista francés, Guy Debord (impidiendo que dejaran el país en dirección a Yale).
“No conozco a ningún director de una biblioteca de clase mundial hoy que esté haciendo el tipo de brillantes adquisiciones estratégicas que está haciendo Bruno Racine en la Biblioteca Nacional”, dijo Paul Le Clerc, ex director de la Biblioteca Pública de Nueva York y director de los programas en Europa de la Universidad de Columbia.
Ahora Racine está negociando con Perrone y los herederos de Nordmann para comprar el manuscrito de De Sade y dar una tajada a todas las partes. El precio de venta calculado –más de cinco millones de dólares- se reuniría con donantes privados.
El objetivo de Racine es poner el manuscrito en exhibición, junto con otras obras de De Sade en la colección de la biblioteca, para el doscientos aniversario de la muerte de De Sade el próximo año.
“Es una obra única, excepcional, y es un milagro que haya sobrevivido”, dijo. “Es parte de nuestro patrimonio cultural. Nos guste o no, debe estar en la Biblioteca Nacional”.
[Emerik Derian contribuyó al reportaje.]
9 de marzo de 2013
22 de enero de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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