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[Es su absurdo intento de erradicar la oferta y demanda de substancias ampliamente disponibles, gobiernos represivos han impuesto un régimen de brutales y generalizadas violaciones de los derechos humanos de las personas que usan drogas.]

[Fernando Henrique Cardoso y Ruth Dreifuss] Esta semana, representantes de varios países participarán en la reunión anual de la Comisión de Narcóticos de Naciones Unidas en Viena para determinar el curso adecuado de la respuesta internacional a las drogas ilegales. Los delegados debatirán múltiples resoluciones mientras ignoran una verdad que afecta al centro de la actual políticas de drogas: las violaciones a los derechos humanos en la guerra contra las drogas son generalizadas y sistemáticas.
Consideremos estas cifras: cientos de miles de personas encerradas en centros de detención y sujetas a violentos castigos. Millones de personas encarceladas. Cientos de personas colgadas, fusiladas o decapitadas. Decenas de miles de personas asesinadas por fuerzas policiales y actores ajenos al estado. Miles de personas golpeadas y violentadas para extraerles información, y maltratadas en centros oficiales o privados de “tratamiento”. Millones de personas a las que se les han negado medicinas para salvar sus vidas. Estas son cifras alarmantes, pero las campañas para abordarlas han sido lentas y el control de drogas ha recibido poca atención de parte del movimiento de derechos humanos.
Esta es una tormenta perfecta para la gente que usa drogas, especialmente para los que sufren dependencia, y para aquellos involucrados en el comercio de drogas, sean cultivadores, correos o vendedores. Cuando la gente se deshumaniza, sabemos por experiencia que los abusos contra ellos son más probables. También sabemos que es menos probable que esos abusos sean corregidos porque son pocas las personas a las que les preocupa.
La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito describió hace poco lo que consideraba las secuelas de la guerra contra las drogas. Se ha creado un sistema, dijo la oficina, en la que la gente que usa drogas es empujada hacia los márgenes de la sociedad. Lo que la oficina no llegó a observar, y que está claro para los que estamos comprometidos en reducir los daños y reformar la ley de drogas, es que los derechos humanos de estas personas también han sido marginalizados y son muy fácilmente ignorados.
La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de Naciones Unidas se ha negado a condenar la tortura o “cualquier otra atrocidad” que se cometa en nombre del control de drogas, diciendo que no tiene atribuciones para hacerlo. Esto es a la vez escandaloso y contradictorio: los tratados internacionales de control de drogas son la misión misma de la junta de control.
A fines del año pasado, pese a las evidencias, el Comité de Naciones Unidas contra la Tortura no condenó los generalizados abusos que sufren las personas que usan drogas en la Federación Rusa. En Rusia, los usuarios de drogas son normalmente hacinados en grandes cantidades en una sola habitación en deplorables condiciones, alimentados insuficientemente, y a menudo amarrados a sus camas durante periodos de hasta veinticuatro horas. A los definidos como alborotadores se les inyecta haloperidol, que causa espasmos musculares y dolor espinal, y a menudo son torturados y golpeados para obligarles a firmar confesiones. Las peticiones de ayuda médica resultan a menudo en más golpizas.
Mientras tolera esos abusos, el gobierno ruso continúa, inexcusablemente, prohibiendo la prescripción de tratamientos con metadona oral a personas adictas a la heroína o a otros opioides, alimentando la epidemia de VIH y el riesgo de sobredosis.
En un informe la semana pasada para el Consejo de Derechos Humanos, el Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Tortura- condenó los abusos contra los usuarios de drogas en centros de detención en toda Asia y pidió su clausura. Pero se necesita mucha más atención. Del mismo modo que ahora vemos la guerra contra el terrorismo a través del prisma de los derechos humanos, tenemos que ver el control de drogas como una preocupación de derechos humanos. Tenemos que reconocer que no solamente en la guerra contra las drogas se violan los derechos humanos, sino también que son sistemáticos. Son el resultado inevitable de lo que hacen los gobiernos cuando se fijan objetivos represivos y utópicos para eliminar la oferta y demanda de productos ampliamente disponibles y exhiben cero tolerancia de la conducta humana.
Un problema sistémico exige cambios sistémicos. Hace poco, una Sesión Especial sobre Drogas de la Asamblea General de Naciones Unidas fue anunciada para 2016. Es una posibilidad para que volvamos a reconsiderar el sistema de control de drogas. Esta vez, los derechos humanos deben estar en el centro. Mientras avanzamos hacia 2016 y esta importante revisión, es hora de que el movimiento de derechos humanos asuma un rol directivo para llamar a poner fin a la guerra contra las drogas y el desarrollo de políticas de drogas que promuevan antes que degraden los derechos humanos.
[Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil, es presidente de la Comisión Global de Políticas de Drogas. Ruth Dreifuss, ex presidente de Suiza y ministro de Asuntos Internos, es miembro de la comisión.]
15 de marzo de 2013
11 de marzo de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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