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[Estigmatizando los bonos de alimentos. Editorial NYT.]

Hace cinco años, el estado de Nueva York dejó de exigir que los solicitantes de bonos de alimentos dejaran su huella dactilar. Hace poco, California y Texas pusieron fin a la exigencia, dejando a Ciudad de Nueva York y Arizona como las únicas jurisdicciones que continúan estigmatizando a los solicitantes.
Especialmente en momentos en que tantas familias luchan por sobrevivir, la administración de Bloomberg debería dejar de lado esta exigencia, que provoca que muchos neoyorquinos renuncien a la ayuda.
El alcalde Michael Bloomberg y su comisionado de recursos humanos, Robert Doar, afirman que el cotejo de huellas dactilares es esencial para detectar y disuadir el fraude y evitar la duplicación de costes. Pero no hay ninguna evidencia de que la toma de huellas dactilares sea económica o necesaria. La toma de huellas dactilares es inútil a la hora de detectar chanchullos como los que montan los empleados públicos cuando inventan casos falsos o solicitantes que mienten sobre sus ingresos. Cotejar los nombres de los solicitantes con su número de la Seguridad Social, como hacen otras jurisdicciones, debería ser más barato e igualmente efectivo.
En una reciente sesión del Ayuntamiento, Doar dijo que la toma de huellas dactilares permite a la ciudad detectar dos mil errores de duplicación al año. No pudo decir cuántos de estos errores se deben a fraude y cuántos son inocentes errores administrativos. Significativamente, no pudo mencionar ni un solo caso de fraude que se encuentre en tribunales.
Con la intención de ejercer presión sobre la administración de Bloomberg para que ponga fin a la exigencia, Christine Quinn, presidenta del Concejo Municipal, está apoyando el proyecto de ley que exige que la administración informe anualmente la cantidad de casos de fraude con los bonos de alimentos detectados, la cantidad de los procesados por fraude y el costo del programa de toma de huellas dactilares. Se espera que sea aprobado con el concejo en enero. El hecho de que más del cuarenta por ciento de las familias trabajadoras de Nueva York que cumplen con los requisitos no se hayan inscrito en el programa de los bonos de alimentos debería ser una prueba suficiente para convencer al Ayuntamiento de que debe hacer las cosas de otro modo –o para que Cuomo fuerce la situación si eso no ocurriera.
2 de enero de 2012
1 de enero de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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