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[Belgrado, Serbia] [Crece mercado negro para órganos humanos entre personas agobiadas por la miseria en Europa].

[Dan Bilefsky] Pavle Mircov y su pareja, Daniella, revisan nerviosamente, cada quince minutos, su correo electrónico, esperando desesperados su salvación económica: un comprador que esté dispuesto a pagar los casi cuarenta mil dólares que piden por uno de sus riñones.
Hace seis meses, la pareja, padres de dos adolescentes, puso sus órganos a la venta en una página web local de clasificados después de que Mircov, 50, perdiera su trabajo en una empresa cárnica aquí. Dijo que no había podido encontrar otro trabajo, así que se desesperó. Cuando murió su padre hace poco, Mircov no pudo comprar una lápida. Le cortaron el teléfono. Una comida al día de pan con salami es la única extravagancia de la familia.
“Cuando tienes que poner algo en la mesa, vender un riñón no parece un sacrificio muy grande”, dijo Mircov.
Enfrentados a una desgastante miseria, algunos europeos están tratando de vender sus riñones, pulmones, médula ósea o córneas, dicen expertos. Este fenómeno es relativamente nuevo en Serbia, un país que fue azotado por la guerra y que atraviesa por la crisis financiera que sacude al continente. La propagación de la venta ilegal de órganos en Europa, donde está aumentando, ha sido incitada por internet, la escasez global de órganos para trasplantes y, en algunos casos, por traficantes inescrupulosos dispuestos a explotar la miseria económica.
En España, Italia, Grecia y Rusia, han aparecido anuncios de personas ofreciendo órganos –así como pelo, esperma y leche materna- en internet, con precios de venta de pulmones de hasta 250 mil dólares. A fines de mayo, la policía israelí detuvo a diez miembros de una organización criminal internacional dedicada al tráfico de órganos en Europa, informaron funcionarios policiales de la Unión Europea. Los funcionarios dijeron que los sospechosos habían seleccionado como víctimas a personas pobres en Moldavia, Kazajstán, Rusia, Ucrania y Bielorrusia.
“El tráfico de órganos es un negocio en crecimiento”, dijo Jonathan Ratel, fiscal especial de la Unión Europea que lleva la acusación contra siete personas acusadas de engañar a víctimas pobres en Turquía y otros países ex comunistas para ser trasladadas a Kosovo y vender sus riñones con falsas promesas de pagos de hasta veinte mil dólares. “Grupos criminales organizados están explotando a personas vulnerables en los dos lados de la cadena de suministro: gente que sufre una pobreza crónica, y pacientes adinerados y desesperados que harán cualquier cosa para sobrevivir”.
Tradicionalmente, los principales países proveedores han sido China, India, Brasil y Filipinas. Pero expertos dicen que los europeos son cada vez más vulnerables.
Según Organs Watch, una organización de derechos humanos de Berkeley, California, que estudia el comercio ilegal de órganos humanos, se calcula que al año en todo el planeta se venden ilegalmente entre quince mil a veinte mil riñones. La Organización Mundial de la Salud calcula que a nivel global sólo se satisface un diez por ciento de la demanda de órganos para trasplantes.
Nancy Scheper-Hughes, directora de Organs Watch y profesora de antropología médica en la Universidad de California en Berkeley, dijo que el hecho de que europeos pobres quisieran vender sus órganos traía a la memoria el periodo después del colapso de la Unión Soviética, cuando el desempleo crónico creó un nuevo tipo de vendedores.
En Serbia el comercio en órganos es ilegal y punible con hasta diez años de cárcel. Pero eso no disuade a personas de Doljevac, un municipio pobre de diecinueve mil personas en el sur de Serbia, donde el gobierno rechazó un proyecto de los habitantes de iniciar una agencia local para vender sus órganos y sangre en el extranjero.
Violeta Cavac, activista en la red y ama de casa, dijo que la tasa de desempleo en Doljevac era de cincuenta por ciento y que más de tres mil personas habían intentado participar en la iniciativa. Careciendo de un canal legal para vender sus órganos, dijo, los vecinos ahora están tratando de vender partes de sus cuerpos en la vecina Bulgaria o en el Kosovo.
“Voy a vender un riñón, mi hígado, haré cualquier cosa para sobrevivir”, dijo.
Inclinado sobre su ordenador en Kovin, a unos cuarenta kilómetros de Belgrado, Mircov nos mostró el anuncio en el que ofrece su riñón, con un texto que incluía su grupo sanguíneo y número de teléfono.
“Debo vender riñón. Grupo sanguíneo A”, dice el anuncio. “Mi situación económica es muy difícil. Perdí mi trabajo, y necesito dinero para la escuela de mis dos hijos”.
Seis meses después, dijo Mircov, sus días son puntuados por la esperanza y la decepción. Dijo que un hombre de Mannheim, Alemania, le había ofrecido un billete de avión y cubrir los costes del trasplante. Pero cuando Mircov trató de concluir el negocio, el hombre desapareció.
Una mujer de Macedonia le ofreció veinticuatro mil dólares por un riñón de su pareja, Daniella, pero la cifra estaba doce mil dólares por debajo del precio que pedían. Observó que tiene grupo sanguíneo O, que puede reportar un bono de doce mil dólares en el mercado de órganos, porque la sangre la tolera la mayoría de los receptores.
Mircov dijo que no tenía miedo a una eventual operación ni a las restricciones legales que prohíben la venta de órganos. “Es mi cuerpo, y debería poder hacer lo que quiero con él”, dijo.
Funcionarios de gobierno insistieron en que Serbia no es tan pobre como para que la gente se vea obligada a vender partes de su cuerpo, mientras que funcionarios policiales dijeron que en los últimos diez años no se ha procesado a nadie por tráfico de órganos. Expertos que estudian las ventas ilegales de órganos dijeron que los juicios eran raros porque normalmente los trasplantes ocurren en terceros países, haciendo difícil su detección.
El doctor Djoko Maksic, eminente nefrólogo que dirige el programa de trasplantes de la Academia Médica Militar de Belgrado, expresó incredulidad de que en Serbia se estuvieran vendiendo órganos humanos, explicando que todos los donantes potenciales eran controlados y aprobados por una comisión hospitalaria formada por médicos, orientadores éticos y abogados.
Pero Milovan, 52, ex operario fabril en un pueblo rural en el sur de Serbia, dijo que él “dio” su riñón a un adinerado político local que, a su vez, lo puso en la planilla de pago de su empresa y le ofreció pagar sus medicinas. El riñón fue extraído en un hospital público en Belgrado, dijo, y los dos hombres usaron carnets de donantes falsos en los que aparecían como hermanos.
Agobiado por las deudas, Milovan, que se negó a mencionar su apellido por temor a ser condenado por sus vecinos, lamentó que el receptor lo hubiera despedido hace poco, y su familia dijo que se había gastado el dinero tan rápidamente que se vio obligado a vender huevos en el mercado local.
3 de julio de 2012
29 de junio de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

Un pensamiento en “crece tráfico de órganos humanos

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