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[Robert Futrell y Pete Simi] [Los textos racistas que reflejan las creencias y objetivos de los movimientos neonazis racistas de Estados Unidos, también inspiran actos de violencia contra ciudadanos de otras razas].

El mortal tiroteo del domingo que terminó con la vida de seis personas y dejó heridas a otras tres en un templo sij en Wisconsin dejó al descubierto la permanente amenaza que representa el extremismo blanco en nuestra sociedad. El homicida, Wade M. Page, era miembro de varias organizaciones de skinheads neonazis, y durante los últimos diez años tocó en varias c conocidas bandas en la escena musical del poder blanco.
Los vecinos de Page dijeron que estaban “consternados” de que pudiera hacer algo tan violento o de que haya estado relacionado con la cultura del odio extremista. Y sin embargo esa cultura atrae a unos cincuenta mil simpatizantes en todo el país, mucho más de lo que la gente cree. El movimiento del poder blanco persiste, e incluso prospera, pero no siempre de la manera que pensamos.
Los estereotipos populares pintan a los neonazis como skinheads jóvenes con la suástica tatuada en su cuerpo y gritando obscenidades sobre los negros, los judíos, los homosexuales y otros que consideran enemigos de la raza blanca, usualmente rodeados de opositores y policías. De algún modo, esas imágenes nos tranquilizan, porque nos hacen creer que es fácil identificar a los extremistas e intervenir cuando parezca que nos amenazan.
Pero la realidad es más compleja. Normalmente los adherentes del poder blanco no expresan sus inclinaciones extremistas. Tienen un pie en el mundo blanco y otro en la sociedad, a menudo minimizan u ocultan sus identidades como extremistas. En el pasado, eso podría haber sido un obstáculo. Pero en estos días prosperan en lo que llamamos los espacios ocultos del odio, a menudo online, donde se reúnen para apoyarse mutuamente y luchar por su causa.
Entre los espacios ocultos más importantes se encuentra el mundo musical del poder blanco. Los neonazis son particularmente hábiles a la hora de incorporar la música en casi todos los aspectos de su movimiento, tras haber entendido la capacidad del medio para convocar a los partidarios a compartir experiencias y apoyar a las comunidades ancladas en la ideología aria.
Como ocurre con muchos jóvenes y chicas que se unen al poder blanco, es la música la que ayudó a consolidar el compromiso de Page con el movimiento, en su caso la vibrante escena musical de California del Sur, donde uno de nosotros, Pete Simi, se reunión con Page y lo entrevistó a principio del nuevo milenio. Page se relacionó con comunidades extremistas, encontró apoyo para sus virulentas fantasías racistas y se hizo un nombre tocando en notorias bandas del poder blanco, como Youngland, Intimidation One, End Apathy y Definite Hate.
Las letras de las bandas van desde vagos y sutiles textos hasta agresivos y explícitos llamados racistas. Pero no son las letras las que unen a los arios. Son los eventos colectivos donde se toca esa música, como las fiestas privadas, los conciertos en bares y los festivales musicales de varios días, donde sus miembros se reúnen y refuerzan su posición común contra la sociedad.
La música hace más que transmitir la indignación, la rabia y el odio contra sus enemigos raciales; como toda música, está cargada de emociones como poder, orgullo, dignidad, amor y placer, las que crean un vínculo colectivo que refuerza el compromiso de los miembros con la causa.
Muchos eventos musicales del poder blanco son estrechamente controlados para restringir la asistencia sólo a los simpatizantes neonazis y mantenerlos ocultos del público. La organización de eventos como espacios donde se admite “sólo blancos, sólo miembros” es un intento calculado de crear experiencias colectivas donde, al menos momentáneamente, los adherentes puedan vivir en el mundo que anhelan: donde los enemigos de los blancos son vencidos y donde dominan los arios.
El alcance de la música del poder blanco se extiende mucho más allá de las reuniones hacia el día a día de los arios. Los neonazis descargan música aria, producen audios y videos, leen fanzines y blogs de música y chatean online en foros del poder blanco.
Cono sólo unos pulsos de teclas, cualquier búsqueda en la red puede vincular a los arios con páginas con MP3 de sus bandas favoritas, además de camisetas, joyas, sombreros y otros símbolos de la cultura musical racista. Pueden llevar la música con ellos, en formatos electrónicos, a la escuela y al trabajo, donde se ponen auriculares y se conectan en secreto con la escena musical que alimenta su virulento racismo.
Las policías y los activistas antirracistas deben prestar estrecha atención a esa escena musical como una fuerza motivadora de los crímenes de odio porque cuando las ideas extremistas se extienden, también se extiende el potencial para acciones extremistas. Page parece haber vivido de acuerdo a los ideales que permeaban su vida. No debería sorprendernos si otros neonazis siguen su ejemplo, debido a que la potente inspiración para la violencia continúa impregnando los espacios ocultos del odio en la música del poder blanco.
[El autor, docente de sociología en la Universidad de Nevada, Las Vegas, y Pete Simi, profesor de derecho penal en la Universidad de Nebraska, son los autores de ‘American Swastika: Inside the White Power Movement’s Hidden Spaces of Hate’.
14 de agosto de 2012
9 de agosto de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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