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[Una conmovedora historia sobre la amistad entre un hombre y un ratón. El cuento fue publicado originalmente bajo el título de ‘The Amazing Friendship’.]

[Andrew Quilliam Brewer] Hay muchas historias sobre ratones. Llenan las estanterías de la literatura infantil. Lo extraordinario sobre esta historia, además del hecho de que ocurrió efectivamente, es la amistad que surgió entre un hombre y un ratón. Por eso es más la historia de una asombrosa amistad. Una verdadera amistad que salvó una vida.
Un viejo amigo mío llamado Michael vino a visitar nuestro retiro detrás del volcán Haleakala en la Isla de Maui. Iba a pasar un mes con nosotros en una suerte de retiro de sanación en una vieja y fétida cabaña en medio de un círculo de árboles no muy lejos de la casa principal. Una mañana, después de varias semanas en relativa reclusión, llegó para el desayuno, alterado y emocionado, y me contó la siguiente historia.
Se había ido a la cama con un té y un buen libro después de apagar su estufa portátil Coleman. Dejó las sobras de su cena para un pequeño ratón con el que había trabado amistad hacía poco. Michael no era una persona a la que le gustaran los ratones, pero dijo que este se había mostrado tan valiente y tan astuto que, pese a su ambivalencia, decidió compartir con él su comida y construir una relación. Lo llamó Henry. Dijo que alimentar a Henry lo había hecho sentir, curiosamente, como una mejor persona.
Se quedó dormido en lo que describió como un extraño, profundo y paralizante sopor y despertó horas más tarde con el sonido de un insistente y agudo chillido, y la rara sensación de que había algo sobre su pecho. Tras abrir los ojos con gran dificultad, vio al diminuto ratón pegando brincos junto a su cara, claramente agitado.
Pasmado por la escena, terminó de despertar y le alarmó descubrir que apenas se podía mover. Viendo que su amigo estaba ahora despierto, Henry saltó de la cama y corrió hacia afuera por debajo de la puerta.
Michael debió esforzarse por rodar de la cama y arrastrarse penosamente hacia la puerta, la que abrió de un empujón.
El fresco aire del amanecer le llenó los pulmones y entonces entendió.
El bote de gas de esa vieja estufa había filtrado todo su contenido en el cuarto, envenenándolo mientras dormía.
De algún modo, el pequeño ratón comprendió la situación y para salvar a Michael puso incluso su propia vida en peligro.
Una vez fuera, Michael se encontró a sí mismo boca abajo en el porche junto a Henry. Los dos estaban jadeando y tratando de recuperar el aliento.
Michael me dijo que lágrimas de gratitud inundaron sus ojos cuando se dio cuenta de que su pequeño amigo Henry –no los bomberos, no los marines-, que era un ratón, le había salvado la vida.

Epílogo
Henry, nunca te conocí, pero tú cambiaste mi modo de mirar a los ratones. Por eso te estaré agradecido toda la vida. Gracias por salvar la vida de mi amigo Michael A. Quilliam.
[Andrew Quilliam Brewer es chamán, sanador y autor, y vive en Santa Fe, Nuevo México. Con su esposa, fundaron Blue Jaguar Medicine Arts.]
31 de diciembre de 2012
20 de diciembre de 2012
©care2
cc traducción @lisperguer

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