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[Siria] [Creciente preponderancia de las brigadas paramilitares fundamentalistas es resistida por los activistas civiles, que temen la violencia y el fanatismo religioso.]

[Hania Mourtada y Anne Barnard] En la norteña ciudad siria de Saraqib, las tensiones habían estado hirviendo a fuego lento durante meses. Activistas civiles antigubernamentales se habían quejado de que los combatientes rebeldes habían destruido innecesariamente una fábrica de leche y tratado despectivamente a los residentes. Un creciente contingente de combatientes yihadistas del ideológicamente extremista y militarmente formidable Frente Nusra sospechaba de la agenda laica y no-violenta de los activistas.
El jueves, la desconfianza estalló en un enfrentamiento. Hombres encapuchados de los que se cree que pertenecen a al Nusra allanaron las sedes de dos organizaciones de base civiles laicas –iniciando una de los retos más dramáticos del improvisado sistema de gobierno local que civiles y combatientes han fundado en Saraqib, una ciudad controlada por los rebeldes.
La disputa también pone a prueba la influencia de los combatientes yihadistas y la capacidad de las organizaciones civiles de oposición de hacerles frente. El papel crecientemente dominante de las brigadas yihadistas en el campo de batalla preocupó lo suficiente a Estados Unidos como para poner a al Nusra en la lista negra como organización terrorista en un intento por aislarla que resultó mal. La oposición siria es ambivalente sobre la organización: aunque muchos activistas antigubernamentales se oponen a su sueño de fundar un estado islámico y se quejan de los intentos de implementar prácticas religiosas, su flujo relativamente estable de armas y una serie de victorias en el campo de batalla le han ganado respeto.
La reyerta en Saraqib empezó cuando un grupo de hombres encapuchados allanó las sedes de dos organizaciones dirigidas por activistas locales -un nuevo club cultural y una oficina de asistencia social-, según denunciaron los activistas. En la segunda oficina, donde alojaban periodistas daneses y dos mujeres activistas sirias, los hombres incautaron octavillas que llamaban a la no-violencia y ordenaron al grupo abandonar la ciudad antes del amanecer, de acuerdo a los activistas y una de las periodistas –una cineasta. Los encapuchados estaban indignados, dijeron los testigos, en parte porque las activistas sirias no se habían cubierto el cabello en conformidad con la práctica de muchas fieles musulmanas. Los hombres también declararon que preferían que los periodistas que llegaban al país, fueran hombres.
El norte de Siria es socialmente conservador, y muchos habitantes, independientemente de sus sentimientos hacia los grupos extremistas, esperan que las visitantes se cubran la cabeza. Un activista en la zona dijo que las mujeres sirias habían irritado a algunos debido a su vestuario y conducta. La cineasta, que pidió por razones de seguridad no ser identificada, dijo que las mujeres eran respetuosas y provenían de una organización llamada Waw al-Wasel, que redactó una manual de ética para los combatientes rebeldes, basándose en el Corán y otras fuentes.
Varios activistas de Saraqib se indignaron con la interferencia de los encapuchados con actividades civiles sirias. Denunciaron a los paramilitares en los medios sociales. “Shabiba”, un activista, Ahmed Kaddour, los llamó en su cuenta en Facebook, utilizando un término reservado usualmente para las milicias pro-gobierno. Pero también decidieron responder con algo más concreto.
Un contingente de activistas locales y otros cuarenta residentes se dirigieron al tribunal de derecho islámico de la ciudad y presentaron una queja. Insistieron en responsabilizar al consejo local, cuyo comité de seguridad era representado por los encapuchados, y el comando militar de la ciudad, el Frente Revolucionario de Saraqib. Las dos organizaciones rechazaron toda responsabilidad y se negaron a confrontar a los atacantes. Eso indignó todavía más a los activistas, que dijeron que habían reconocido a los atacantes como miembros de Nusra y se quejaron de que el consejo local y los comandantes militares estuvieran o aprobando o ignorando los abusos.
“Ahora estamos esperando que el tribunal termine su investigación”, dijo en una entrevista por Skype el activista local Assaad Kanjo, 21, que tiene contactos con laicos e islamitas. “El Frente Revolucionario de Saraqib es responsable de la seguridad y bienestar de todos los civiles sirios y periodistas árabes que viven en Saraqib”.
Los miembros de al Nusra adoptaron un tono conciliatorio, dijo Kanjo, enviando mediadores a los activistas y llamando a “terminar con la pelea” y unirse contra el gobierno. Envalentonados, los activistas fueron más allá y exigieron disculpas oficiales del consejo local y de la brigada de paramilitares, pidiéndoles que tomaran medidas disciplinarias contra los atacantes.
“No voy a seguir aceptando sus tácticas intimidatorias”, dijo Iyas, un activista civil de Saraqib y propietario del club cultural, que por razones de seguridad dio solo su nombre de pila.
Aunque no es un combatiente, dijo, ahora estaba usando un lenguaje violento. “La próxima vez que se atrevan a venir a cinco metros de esta zona, los mataremos”, dijo en una entrevista. “Hoy les envié un aviso. Están tratando de ignorar el problema”.
El viernes, decenas de hombres se manifestaron contra el allanamiento, portando letreros que protestaban contra los “encapuchados” y los paramilitares extranjeros en Siria, de acuerdo a un video que Kaddour subió a la red con el título ‘Abajo con los Tiranos de Todos los Colores’.
Gritaron: “Oh, libertad, ¿dónde estás, dónde estás? El terrorismo se ha interpuesto entre tú y yo. Oh, libertad, ¿dónde estás, dónde estás? El prejuicio se interpuso entre tú y yo”.
Preocupaciones similares se han repetido en todo el país. En los suburbios al este de Damasco, los activistas civiles han denunciado problemas recientes. El enfrentamiento entre varias brigadas yihadistas frustra a los activistas civiles, que dicen que quieren que los rebeldes sean más cautos a la hora de aceptar la ayuda, por más efectiva que sea, de grupos extremistas con combatientes extranjeros que pueden en última instancia ser una amenaza para los sirios laicos.
“Me estoy preguntando cómo es posible que los rebeldes estén aceptando a combatientes extranjeros entre ellos”, dijo Karam, un activista civil en el suburbio del este de Ghouta, que sólo usa su nombre de pila. “Los rebeldes siempre repiten: ‘Sólo queremos terminar esta guerra’. Me vuelve loco. Esta gente viene a matarnos con cuchillos”.
En Saraqib, los periodistas extranjeros no eran los objetivos principales. Buscaban a las activistas civiles, escribió la cineasta danesa es una actualización en su cuenta en Facebook para una organización privada. “Ser mujer y no cubrirse es un problema que no había vivido antes”, escribió, agregando que llevaba seis meses en Saraqib. “La ciudad está sufriendo una enorme transformación en estos días”, dijo. Al Nusra se está haciendo con el control de la ciudad y de los paramilitares locales.
Activistas como Iyas ven la pelea como una prueba hacer retrocederel matonaje de grupos extremistas y retan a los gobiernos locales a rendir cuenta ante los sirios, no ante los combatientes extranjeros.
“El presidente del comité de seguridad en Saraqib ni siquiera es sirio”, se quejó Iyas. “Es jordano”.
[Hwaida Saad contribuyó al reportaje].
20 de febrero de 2013
27 de enero de 2013
©new york times
cc traducción @lisperguer

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